Saturday, July 19, 2014

Sinsentido...


La contingencia del ser me está matando desde lo profundo. Todos nos vamos a morir; es parte de la vida. Soy consciente que desde muy chico me ocupo la idea de la muerte. Recuerdo haber pensado, en contra de mi educación Cristiana: "Si la muerte es solo un pasaje... ¿Por qué todos los bichos reaccionamos con temor frente a su inminencia?". Siempre tuve la mala costumbre de cuestionarlo todo. Y me hace daño. Es obvio que no se puede vivir esperando la muerte; suele acelerar su llegada. He leído que aumentan las probabilidades de supervivencia en la medida en la que maníacamente se lucha por ello. Sigue siendo lo único seguro de la vida...


Parece haber grandes categorías que agrupan las diversas formas de morir: muerte natural, suele llamarse a morir de viejo. Pero
morir por una enfermedad es natural. En un accidente. Ser matado intencionalmente. Pero todas las mencionadas pudieran separarse en muertes rápidas o lentas, con mayor o menor sufrimiento, con consciencia de la proximidad del momento o sin ella...
La idea de la muerte compone el sinsentido, la contingencia. Estamos porque sí. Y parece que porque sí, dejamos luego de estar.
El pensamiento, la inteligencia, el logro evolutivo que nos caracteriza, es una porquería, porque nos hace conscientes de todo esto.
Pero pareciera que con la inteligencia nos vino adjunto un "bug": el EGO.

Todo el problema de la vida y de la muerte desaparece cuando uno se entrega a la especie. No hay una causa individual. Somos integrantes de un todo, que implica mucho más, incluso, que la humanidad. Pero básicamente, nuestro plan "A", nuestro SISTEMA OPERATIVO y su programa, es vivir y multiplicarnos. Programa para el cuál, claro, la inteligencia hoy día se vuelve obstáculo. Las depresiones, el stress, nos complican la vida y hasta impiden la reproducción, provocandonos toda clase de disfunciones...

Friday, July 20, 2012

Ganando amigos reload, o el reino del tuerto.

de Juan Pablo París, el jueves, 7 de junio de 2012 a la(s) 8:10 ·
En un mundo de adictos, el dealer es Rey!

Y yerba ya no hay…
El asunto de las adicciones no me deja en paz. El otro día, un amigo me dice “nunca fumaste faso?”, como remate de una charla sobre lo nocivo del pucho. Yo le digo, no. Y nunca fumaría. Humo es humo. Daría lo mismo fumarme un diario. Y de sobre pique me tira “ponele comer faso; comerías faso?”… Digo yo: no todo el que bebe alcohol es alcohólico. Ahora, si se toma dos o tres botellas por día, aunque no se lo vea en falsa escuadra, un problemita parece tener. Así mismo, no se siente igual si cualquier persona te invita una copa en una comida, que si este señor te dice “daaale, tomate un whisky”. Explicar el motivo me puede tomar una serenata de tecnicismos, pero me parece que la forma más breve de expresarlo es que se siente la misma diferencia entre un abrazo sincero, y un abrazo con intenciones ocultas…
Las adicciones ocultan intenciones.
Adicciones hay tantas como objetos de necesidad, o deseo. Se puede desarrollar una adicción a cualquier cosa, en tanto el vínculo del adicto a esa cosa le valga para mitigar, por un desvío, otros deseos, o necesidades, insatisfechas.
Dada la relación entre insatisfacción y angustia (en algún punto, pudierase comparar la angustia con el hambre; el hambre del espíritu, quizás), el vínculo con el objeto de adicción SEDA la necesidad, y/o angustia, por la carencia de otro objeto. Carencia por deprivación, escases, inexistencia terrenal, mayor dificultad para el acceso, rechazo o fobia, y cualquier otra manera de explicación del por qué esta persona se relaciona con este objeto de adicción, en vez de relacionarse con el otro objeto, con el que calladamente desea o necesita.
Mi pregunta hoy, en realidad, es POR QUÉ SE CONTAGIAN LAS ADICCIONES???? Digo: todos tenemos un deseo, o una necesidad, más o menos insatisfecha. Pero, QUÉ HACE AL ADICTO, POR UN LADO, SINDICALIZARSE, Y POR EL OTRO, RECLUTAR??
Rápidamente se me antoja “mal de muchos, consuelo de tontos”. Detrás, el evangelio técnico y teórico: hay una relación en las teorizaciones en psicopatología, entre adicciones, perversiones, y psicopatías. Donde la definición ESTRICTA de perversión, tiene que ver con el desvío de la meta (a los fines coloquiales, PROPÓSITO), en el vínculo con los objetos de necesidad y/o deseo. Es decir, uno puede depilarse, o ser tricotilomaníaco (manía relacionada, no con la tricota, sino con los pelos). A ver, más facilito: el hambre pide comida; satisfecho el hambre, la gula pide más; saciado el impulso goloso, la bulimia sigue adelante; y superada la desesperación culposa de la bulimia, pasamos a las manías, como las de ingestas de objetos no comestibles… se ve?
Así, las psicopatías, desvían la meta, hacia una forma de egoísmo que avasalla al vecino. En otras palabras, la meta final es someter a alguien, sino a todos, a sus deseos, pisando los deseos y necesidades de los demás, amén de sus libertades, derechos, sus plantas, sus vergüenzas, (eso, vió?), etc… Se dice que el psicópata puede clasificarse en función de lo que uno siente frente a él: está el que te da asco, te da miedo, odio, te inyecta vergüenza, y así uno por cada afecto bajo el sol. Ah! Muy importante, no confundir el hijo de puta (psicópata), con el otro pobre cristiano que no tuvo intención (digamos, el boludo raso).
Así, en la combinación, se me ocurre que el adicto que recluta, es el que tiene un costado psicopático, si acaso piensa que involucrar al otro en su vínculo con su propio objeto de adicción, le deparará una ventaja, ya sea un consuelo de tontos, o bien algo más enroscado, como pasa con el sistema del célebre “el primero te lo regalo (el segundo te lo vendo)”…
Uno dijera entonces que la diferencia entre el abrazo y “el abrazo” reside en una sensibilidad que te prende las luces rojas y te avisa que ese chabón no te abraza, sino que quiere tu abrazo, pero además que a través de tu abrazo logra sedar otra cosa que desea o necesita, y que por ahí lo que desea, es distraerte con un abrazo para sacarte la billetera.
Volvamos al vino, que tan rico queda con el asado. Puede alguien pensar que apreciarías un vinito con el asado; puede ser también que el mozo calcule que mejorarás la propina con una cuanta más gorda; puede ser el alcohólico que supone que dejarás de decirle que tiene un problema, si te tomas tres vinos por día vos también…
Uno comprende que no es el faso, es la adicción el problema… pero el chiste es que muy raramente uno ve que un adicto SE DE CUENTA QUE TIENE UN PROBLEMA CON EL FASO, CON EL VINO, CON EL PUCHO, CON EL SEXO, CON LA MERCA, CON EL PACO, CON LA COMIDA, CON LOS OBJETOS, CON LA RELIGIÓN, CON UN DEPORTE, CON LA TELE, CON LA VIOLENCIA, CON, CON, CON, CON…
Y para cerrar, las adicciones, las perversiones, las psicopatías, suelen florecer y multiplicarse, o bien reemplazarse unas por otras…
Abrazos para todos (mmmhhh sisisi… mis preciosos y preciosas, todo para mi… )

Wednesday, May 25, 2011

El psicoanálisis está mal; hay que romperlo....

Un día, me llaman del consultorio. Mi supervisora quería hablar urgente conmigo. Una paciente se había quejado de algo que yo había dicho... Gracias! Al otro día me despierto con esta intuición. El complejo de EDIPO, una de las piedras angulares de la teoría psicoanalítica TIENE QUE ESTAR MAL. ¡Debe haber algún error! Una revisión al estilo pensamiento inconsciente (si, chicos, ya sé que todo pensamiento es inconsciente), como una tormenta eléctrica va iluminando con flashes cada hipótesis. No puede hablarse de identificación con el padre; eso es sexista y discriminador. ¿Qué padre en una pareja de mujeres que cría un hijo (o hija, claro)? No, burro: con el rol de padre... Pero no. ¿Acaso hay un rol de padre que una madre no pueda cumplir? ¿Cómo que “rol de padre”? ¿Por qué de padre? ¿Cómo que “la ley”? ¿Acaso no hay una ley de madre? Hablar de un rol estable asociado a la palabra “padre”, es discriminador y sexista. ¡Y encima, LA LEY! Flor de bardo en el que te metes. ¿Acaso un hombre no puede querer re-invaginar su producto? Y... sí. Simbólicamente hablando, claro que sí. Lo mismo que una mujer puede ostentar el poder del tener. Sucede todos los días. Pero convengamos que para que la teoría del EDIPO funcione, la dinámica re-invaginadora, y la castradora deben ocurrir: es decir, una pareja parental en la que cada uno de los integrantes cumple uno de esos roles. Con lo cuál estaríamos diciendo, una vez más en la historia, que la única pareja que funciona, es la que se complementa en sendas carencias. Eso sí, quememos la veintena de tomos verde-Amorrortu, anque los bordó, en esta cacería de discriminadores. No hay rol de PADRE... de madre... ¿Sí?

La naturaleza está mal; hay que romperla... también.

Desde que el mundo es mundo (ya vendrá la munda, o lo mundo), hicieron falta, para no usar términos discriminadores, una gameta xx y otra xy, para reproducir un nuevo individuo, con excepción de los seres que gozan de la reproducción asexuada (ya volveré sobre este punto, parece), como amebas y paramecios, y algún que otro organismo pluricelular. Desde entonces, un portador de cada germen, al menos, se procuraba uno del otro para dar lugar a un hijo (o hija). Y si un individuo era activado hacia el instinto reproductivo, era ese el único camino a seguir. Y hasta hace algunos años, quizás unas décadas, al ser humano con impulso hacia la pro-creación, no le quedaba otra que buscarse su “opuesto complementario”... Eso ya es historia, señores y señoras (y señoritas y señoritos). Hoy existen una serie de maneras de pro-crear sin estar obligado a formar una pareja heterosexual. Desde la donación de esperma, pasando por el alquiler de vientre, hasta la maravillosa clonación a partir de un óvulo y una célula del mismo individuo. Hasta hace una veintena de años, la alternativa era la adopción de un individuo procreado a la antigua. Eso permitía la articulación de toda la elucubración EDÍPICA, ya que, detrás del oscuro rincón del jugador, había otro moviéndolo (y detrás, Dios. Y detrás de Dios, solo Borges sabe quién). Hoy el juego es con fichas grises, todas. Se rompe el Edipo. ¿O no?

Edipo no se rompe...

La propuesta es la siguiente: en el Edipo de familias sin discriminación de género, la salida del complejo es la desaparición compulsiva de uno de éstos. Es decir: o es la salida BORRANDO el padre, o NEGANDO lo paternal.

Propongo que en una pareja “marental” de mujeres que se propone la indiscriminación de género en la procreación, lo que se busca, es que el padre NO-EXISTA. Cómo se lo logra: con el donante de esperma ANÓNIMO, IMPOSIBLE DE RASTREAR, en un principio. O bien, con el descubrimiento de la CLONACIÓN en la que ninguna gameta masculina interviene.

Y en la otra mano, la pareja “parental” homosexual masculina, sucede lo propio, negándole la intervención a la mujer, rebajándola a una incubadora, rechazando la necesidad de la intervención de una relación heterosexual para engendrar. En este caso, no puede borrarse, aún, a la madre. No se consigue el anonimato maternal.

Pongo esto a consideración de mis colegas...

Quiero decir, es una idea reciente. Me motiva investigar hasta dónde se ha revisado y corregido la teoría, en busca de su articulación con tiempos presentes y futuros. Espero todas las críticas y contrapropuestas...

Borrosamente intuyo qué, en la homosexualidad masculina, se tiende a reprimir el rol de padre; lo mismo, en la femenina, la tendencia es al rechazo del rol.

Tuesday, May 03, 2011

La psicología está mal; hay que romperla!

Articulo borrador: "La psicología apesta"... Sin revisar.

de Juan Pablo París, el Lunes, 18 de abril de 2011 a las 23:00

Hoy día la psicología está sobreestimada: se nos convoca a los profesionales de la salud mental, y más bien, a los psicodiagnosticadores y psicoterapeutas, a ocupar un espacio muy comprometido, de fusible. Se nos pide que determinemos quién está preparado para realizar tal o cual tarea, y cada vez son más los roles que dependen de nuestra opinión sobre quién está preparado para ocuparlo y quién no. Esperan que vaticinemos el comportamiento futuro de la gente. Que usemos nuestras técnicas de exploración y que dictaminemos una verdad garantizada QUE NO EXISTE.

Por algún motivo, mis colegas se han identificado con toda esta serie de características superadoras de lo humanamente posible, que se proyecta sobre la persona del psicólogo. Sintomáticamente, transferencialmente, se nos atribuyen estos superpoderes: el de la futurología, el de la detección de la mentira, el de la garantía de la verdad. Nos piden que periciemos al acusado, a la víctima, al policía, al juez... Y paradójicamente, no al diputado, al senador, los ministros, gobernadores, al presidente... Así, las leyes nos atrapan en el medio, el justo medio, el lugar por el cual se rompen las cadenas.

En la carrera de grado se nos enseña que nunca hemos de identificarnos con el síntoma; con ningún síntoma. No hemos de asumir el rol que sintomáticamente se nos transfiere. ¿Cómo pudo suceder que nos hayamos dejado caer en este nudo? NO ES CIERTO QUE EL PSICÓLOGO PUEDA GARANTIZAR ALGO.

De hecho, nuestro trabajo es fundamentalmente el de ayudar a las personas a descubrir la incertidumbre de la vida, la certeza de la muerte y a convivir con esas únicas verdades indiscutibles. Todos los síntomas humanos son la forma enferma de negar la incertidumbre y la muerte. Vivimos en una sociedad enferma de miedos y ávida de certezas, de números estadísticos, que te mienten diciéndote que si yo me como dos pollos y vos ninguno, el promedio es de uno cada uno... He ahí el éxito de las estadísticas: son, al decir de los psicólogos sistémicos, el paliativo a la incertidumbre que dan las EXPLICACIÓNES DORMITIVAS. O cómo todos los psicólogos clínicos sabemos, también es prueba de lo que aquí intento exponer, el que cualquier padre prefiere que le digamos que su hijo tiene un tumor en el lóbulo prefrontal, a que confesemos que no estamos seguros de lo que su hijo padece, que necesitamos más entrevistas.

Y empiezo a sospechar que muchos de mis colegas son incapaces de aceptar su secreta incapacidad para dar una certeza, y muchas veces olvidan el consejo del prócer psicoterapeuta: si no sabe que hacer, espere a saberlo (y por carácter transitivo, si no sabe qué decir, diga que no sabe qué decir, en vez de valerse del cómodo silencio estratégico, o el glíglico dormitivo... MENOS QUE MENOS INVENTAR UNA PAVADA VEROSÍMIL!).

Yo sostengo a rajatabla mis compromisos terapéuticos; esa es mi fundamental herramienta, lo más cercano a la verdad y lo garantizable. Prometo secreto, encuadre, y la misma espontaneidad y franqueza que pido. Amén de asegurarles que si alguna vez siento que su caso supera mi capacidad como profesional o como persona se los haré saber cuánto antes (no sin asegurarme de poseer al menos una orientación para ofrecerles, algún lugar donde llevar su inquietud, el nombre de algún colega que se me antoje “mejor” que yo).

Pero al fin y al cabo el problema comienza en el momento en el que nuestro sistema enfermizo, nos convoca a sanarle; y distraídamente, respondemos a determinadas demandas transferenciales, lo que nos convierte en un gremio de malos psicólogos. Yo me niego a formar parte de la mentira. Mi juramento es en nombre de la no-mentira, ya que la trampa es que si bien no hay verdad, sí hay mentira y no-mentira. Porque no mentir no necesariamente es decir la verdad, sino simplemente ser sincero y espontáneo.

Y repito, me resisto a actuar el papel al que se nos convoca: nos consultan padres preocupados por el posible sufrimiento traumatizante de sus hijos, y sabemos que lo mejor que les puede pasar es un trauma. Me miran atónitos cuando se los informo. Les digo que lo más probable es que sus hijos sean abuelos dentro de unos 50 o 60 años. Más o menos neuróticos, pero con nietos. Y nos vienen a ver matrimonios que discuten; y la ley habla de violencia proscripta. Y es otra mentira. No hay vida sin un grado de violencia. De agresión en alguna medida. Así como tampoco hay represión sin presión. Y sin represión no hay neurosis, y es una sociedad de neuróticos; porque los psicóticos no se asocian... a lo sumo lideran causas locas. Alguien tiene que hacerlo.

Y volviendo a las parejas, los psicólogos sabemos que únicamente el amor hace posible la sociedad goce-deseo... ¿CUÁL DE NOSOTROS PUEDE DECIR QUE SABE QUÉ DEMONIOS ES EL AMOR? (Más allá de poder decir “piedra libre” cuando hay que hablar del pegamento que mantuvo unidos al agua y el aceite!). Fuera de eso, es imposible la pareja: es la guerra eterna. Y allá vamos: a por el deseo de uno de los integrantes de la pareja. Cómo no van a ser máquinas de separar parejas mis colegas? No advierten, no ofrecen la advertencia que el resultado natural de una psicoterapia es el cambio (de una buena psicoterapia) de quien consulta, y siendo que el otro quizás se enamoró de aquello que va a cambiar, y que el paciente va a cambiar de elecciones en su cacería del verdadero (!) deseo que oculta su neurosis, quizás deje de gustar de lo que el otro le ofrecía (un parche a su deseo neurótico) y claro está, la separación sí es vaticinable... Somos un gremio neurótico. Enfermizo. Parte del problema.

Tengo, he tenido, decenas de pacientes varones “victimas de violencia”; nadie los escucha. Somos una sociedad asquerosamente llena de prejuicios, y hoy día, emplumada de ínfulas de desprejuicio e “igualitariedad”, en la que un hombre no puede ser víctima, no tiene instancias que alojen su pedido de ayuda. Y a quién le piden que pericie? A un gremio de mujeres golpeadas, víctimas de violencia, de seducción adulta cuando niñas, cuya sociedad de colegas (el “colegio”) se pronuncia detractor de la teoría de la alienación paterna: mujeres que se valen de la neurosis legal para conseguir que sus ex-maridos paguen un porcentaje de sus ingresos, y tengan un régimen de visitas, o sino... Y a nadie se le ocurre que más saludable sería que los chicos cuenten con una cuenta bancaria en la que equitativamente depositaren sus padres. Ningún juez obliga a la pareja parental a llevarse bien a riesgo de apercibimiento. A ningún legislador se da cuenta que en realidad LA LEY DE FAMILIA ES UN ERROR...

Y mientras tanto, somos un gremio de estúpidos, en el rigor del sentido de la palabra. Las facultades están llenas de locos que creen van a recibirse de cuerdos. Y la única semi-verdad es que sólo somos útiles más allá de cierto límite imposible de dibujar, y dentro del mismo, apenas somos compañeros del normal transcurrir de las cosas... SOMOS UN GREMIO DE MENTIROSOS... Dice el adagio: el loco construye castillos en el aire; el psicólogo los pone en alquiler; el neurótico los habita, a un costo altísimo...

Wednesday, September 03, 2008

Y la banda siguió tocando

Creo que no hay nada pior que saber qué es lo que uno quiere hacer. No se si es el encierro, no se si es la comida, pero hete, o ête, o E.T., aquí, o allá o por el caminito largo que baja y se pierde, o se encuentra (aquí y allá (al mesmo tiempo)), que uno piensa en Moebius y: ¿que estaría pasando en la vida de un tipo, que no tuvo nada mejor que inventar que la empanada no rellenable? Hay veces ,y a veces no, que uno se propone empezar algo (que como buen humano promedio supone que ha de terminar, mas luego cree que no, y le consulta a la almohada o a un Dios "X" o a un profesional, según medida; y si acaso sale airoso o aireado del trajín, ahora convencido que sí, lo va a terminar (!) y lleno de existencialismo y palmoterapia encara su proyecto-no-tan-yecto para volver a empezar y etc.) y ahi esta este tal Moebius, que mi ignorancia me sugiere tendría un nombre, que mi duendecito de la azotea me ríe al oído que pudo haber sido José María, que se me hace procérico y me río también; y decía que ahí está José María Moebius, con la cabeza llena de humo y en un "ato de jenialidá", resumió la mente humana en un objeto de arte, incompleto por definición y supongo que luego descansó en el séptimo día, o por ahí intento el suicidio (dejando una hermosa carta llena de acusaciones y reproches, por supuesto). Y ahí esta uno, con la consigna en la mano, y no sabiendo como empezar, temiendo poder hacerlo y si acaso lo hiciera uno, lamentando la certeza de la obra inconclusa. Moebius, en cambio, un genio como pocos o un gran idiota al pedo, empieza pero no termina y te lo pone ahi, frente a tu frente, ese aberrante objeto fuera de este mundo matemático, geométrico y métrico fuera de los geos al alcance de la mano, ojo o proyectil; es que en realidad, crea el ente que no es, lo impensable, la pesadilla de Parménides y el sueño de Heraclito y su prole, todo en uno o mejor dicho en ninguno: el no-ser-no-ahi... y ahora lo veo todo mas claro: La banda de Moebius no existe!


Pd: Herr, no hay (etc.)
_________________________________________
Juan Pablo
Si
no eres parte de la solución, eres parte del problema.
Vocación vs. Síntoma
Las series complementarias y el AR-GE-VOC


El presente trabajo es un intento de responder a la pregunta de la vocación. Y entenderemos por tal termino:
VOCACIÓN n. f. (lat. vocationem). Inclinación natural de una persona por un arte, una profesión o un determinado género de vida: vocación por la música.
2. TEOL. Llamada al sacerdocio o a la vida religiosa.
(c) Larousse, 1997
a partir de esta definición plantaremos varios interrogantes para ver si luego podemos sintetizarlos en una pregunta muy puntual a la que ya arribaremos en su momento. El primer punto ambiguo de nuestra definición de la palabra vocación es el hecho, no de que sea una inclinación, ya que estamos de acuerdo con el termino siempre y cuando se piense por tal, a una forma de tendencia hacia un objeto que por X motivo es de atracción o valencia positiva, al decir de la teoría dinámica del campo psicológico (K. Lewin) – Ya también entraremos en el tema de esa mencionada X- ; decíamos que nuestro primer punto obscuro será el hecho de que esta inclinación hacia una actividad sea “natural”. Es este un lugar común de discusión en muchas áreas del saber: ¿A que llamamos natural (y a que no podríamos llamar así)?

NATURAL adj. Relativo a la naturaleza: ciencias naturales; fenómenos naturales.
2. Intrínseco a la naturaleza de un ser: bondad natural.
3. Que se tiene por naturaleza, no adquirido: cabello de color natural, no teñido.
4. Normal, conforme al orden habitual de las cosas: es natural que quiera liberarse.
5. Genuino, no adulterado ni elaborado: vino natural.
6. Espontáneo, exento de afectación: lenguaje simple y natural.
7. Que se encuentra en la naturaleza: gas natural.
Al natural, sin artificio, sin aderezo: lata de atún al natural.
Hijo natural, el nacido fuera de matrimonio.
Muerte natural, muerte que se produce a consecuencia de una enfermedad o de la edad.
Nota natural (MÚS.), nota que no está modificada por ninguna alteración.
Número natural, cada uno de los números enteros positivos, como el 0, el 1, el 2, ...
Religión natural, conjunto de creencias y preceptos relativos a Dios y a la moral, fundados únicamente en la razón y la conciencia.
§ n. m.
11. Manera de ser de una persona: ser de natural sencillo.
(c) Larousse, 1997

Salta a la vista un factor común en todas las alternativas par este termino en apariencia tan inocente: no modificado POR ACCION DEL SER HUMANO. Pero detengámonos en la “nota natural”, “religión natural” y “normal... conforme al orden habitual de las cosas”; nos encontramos con tres posibilidades bien delimitadas: sin alteración; idea a la que se llega a través del intelecto; lo estadísticamente mas probable. Mas allá de que no creemos favorable complicar un poco mas semejante escollo con la propuesta de que todas estas acepciones tienen un tono de causalidad como trasfondo, no podemos dejar pasar la oportunidad de al menos mencionar que parece que este aquí una de las patas de la mesa que estamos intentando construir. ¿Hay una “causa” en la vocación?

CAUSA n. f. (lat. causam). Lo que se considera como fundamento u origen de algo: conocer la causa de un fenómeno; no hay efecto sin causa.
2. Motivo o razón para obrar: no sé la causa que le impulsó a hacerlo.
3. Der. Fin que busca una persona que se obliga hacia otra; conjunto de circunstancias que determinan la situación de una persona en justicia desde el punto de vista legal.
4. Filos. Antecedente lógico o real que produce un efecto.
A causa de, por efecto, a consecuencia de.
(c) Larousse, 1997

Preguntamos por la causa, porque como pensadores semi-profesionales tenemos la obligación de relativizar tanto como se pueda. Pensemos que si nuestra definición de vocación parte de la idea de “natural” como la aparente antitesis de “causado (por la voluntad del hombre)”, entonces parece que estamos en las puertas con las que se encontraron los primeros en pensar el funcionamiento del espíritu humano. Ya se piense en el estudio de la conducta, la motivación, sea esta conciente o determinada por voluntades oscuras para la persona, o el estudio de la tendencia del psiquismo hacia el mundo por vaya uno a saber que extraño impulso etéreo, el que recibió los nombres mas diversos y similares a veces a lo que en psiquiatría se conoce con el nombre de neologismo (elain vital, apeiron, intencionalidad de la conciencia, etc. y etc. ...), siempre y en todos los casos el misterio fue el mismo: ¿Qué será lo que anima al ser humano?
Pero volviendo a la tópica que nos motiva (vaya uno a saber por qué), la vocación es una tendencia o inclinación hacia una actividad, tendencia esta... inmotivada, según nuestro diccionario. El punto es que seria una tendencia que parte de ningún otro lado que de la propia persona, lo que nos invita a la segunda acepción del termino vocación: llamado al sacerdocio, a la vida religiosa. Y dejemos arbitrariamente de lado el sacerdocio, que aparentemente aquí es equivalente a la religión y concentrémonos en “llamado a la religión”: esto nos remite inmediatamente a palabras de la escuela Suiza de psicología analítica iniciada por Carl Jung. Vemos que el llamado a la religión seria un punto esencial para el desarrollo de la persona sana: la individuación. Religión vale aquí como intento de volver a ligar; lo que se intentaría ligar según este pensador es, y en términos lo mas simple posible, el pasado ancestral con la vida particular del sujeto de dicho llamado (voccare: llamar, nombrar). Pero vemos que seguimos en el mismo escollo mientras no nos inclinemos a apostar por alguna de las explicaciones ya existentes a este misterio: ¿Quién es el que llama? Hemos llegado al nudo del tema que queremos tratar en este trabajo; esto intenta ser la introducción a una temática compleja y con respuestas de lo mas diversas, y que va a ser la idea directriz del planteo presente, a saber:

¿Cuál es la causa de la vocación? ¿Quién es el que llama?

Y la Hipótesis del trabajo – que preferiremos por supuesto no sea corroborada, ya que la verdadera voluntad detrás de esta humilde investigación estará mas del lado de las preguntas bien formuladas que de las respuestas que siempre se sabrá que no son mas que explicaciones posibles y NUNCA LA VERDAD – es que es posible comprender la respuesta al llamado de la vocación a partir del modelo propuesto por el psicoanálisis para “explicar” la “causa” del síntoma: LAS SERIES COMPLEMENTARIAS; articulando este a la técnica de orientación vocacional conocida con el nombre de AR-GE-VOC, o árbol genealógico vocacional (o también, genograma vocacional).


LAS SERIES COMPLEMENTARIAS:

Para desarrollar el trabajo que aquí se intenta, trataremos de pensar si acaso la respuesta al llamado de la vocación no es homologable al síntoma. “Se discute si las neurosis son enfermedades exógenas o endógenas, consecuencia necesaria de una determinada constitución o producto de ciertas acciones traumáticas nocivas, planteándose asimismo el problema de si son motivadas por la fijación de la libido y otras particularidades de la constitución sexual o por la influencia de la frustración. Mas tales dilemas poseen tan escaso sentido como este otro que uno podría plantearse: ¿El niño nace por haber sido procreado por el padre o por haber sido concebido por la madre? Naturalmente, nos responderemos que ambas condiciones son igualmente indispensables. Pues bien: en la etiología de la neurosis sucede algo muy análogo, si no idéntico. Desde el punto de vista etiológico, las enfermedades neuróticas pueden ordenarse en una serie en la que los dos factores, constitución sexual e influencias exteriores, o si se prefiere, fijación de la libido y frustración, se hallan representados de tal manera, que cuando uno de ellos crece, el otro disminuye. En uno de los extremos de esta serie se hallan los casos límites de los cuales podemos afirmar con perfecta seguridad que, dado el anormal desarrollo de la libido del sujeto, habría éste enfermado siempre, cualesquiera que fuesen los sucesos exteriores de su vida y aunque ésta se hallase totalmente desprovista de accidentes. Al otro extremo hallamos los casos de los que, por el contrario, podemos decir que el sujeto hubiera escapado, desde luego, a la neurosis si no se hubiera encontrado en una determinada situación. En los casos intermedios nos hallamos en presencia de combinaciones tales, que a una mayor predisposición, dependiente de la constitución sexual, corresponde una parte menor de influencias nocivas sufridas durante el curso de la vida, e inversamente. En estos sujetos, la constitución sexual no habría producido la neurosis sin la intervención de influencias nocivas, y estas influencias no habrían sido seguidas de un efecto traumático si las condiciones de la libido hubieran sido diferentes. Podría quizá conceder en esta serie un cierto predominio a la predisposición, pero una tal concesión por parte mía habría de depender siempre de los límites que convinierais en asignar a la nerviosidad.”
LECCIÓN XXII PUNTOS DE VISTA DEL DESARROLLO
Y DE LA REGRESIÓN. ETIOLOGÍA – FREUD, OBRAS COMPLETAS.

"La elección vocacional es siempre una respuesta que cada sujeto puede dar a una interpelación vocacional en función de su historia y de las múltiples determinaciones de su estructura inconciente, a partir de su inserción en el tiempo y lugar en el que le toca vivir". (Sternbach,1983)
Por lo tanto, no es el objetivo de la Orientación Vocacional promover una respuesta del Orientador, sino la búsqueda de cada persona en torno a la pregunta qué hacer, quién ser y desde la generación del rescate del pensamiento crítico acerca de sí mismo, de la realidad y de la construcción de un proyecto de vida.

Vemos como se van hermanando los criterios y de a ratos al releer el texto extraído de la obra de Freud nos da la impresión que estuviéramos leyendo sobre el camino seguido por la persona para hacer su elección vocacional. Camino que parece ser no tan voluntario y conciente... al menos no siempre.

Sigamos un poco mas al autor en la definición del mecanismo de formación de ¿Síntoma?
“Para facilitar nuestra labor de exposiciones daremos a estas series el nombre de «series complementarias». Más adelante tendremos ocasión de establecer otras análogas.
La tenacidad con que la libido se adhiere a determinados objetos y orientaciones, o sea lo que pudiéramos llamar su viscosidad, se nos muestra como un factor independiente que varía en cada individuo, y cuyas normas nos son totalmente desconocidas. No debemos despreciar como desprovista de importancia la intervención de este factor en la etiología de las neurosis, pero tampoco habremos de considerar demasiado íntima su relación con esta etiología. Tal viscosidad de la libido -dependiente de causas ignoradas- aparece también ocasionalmente en individuos normales y se nos muestra, asimismo a título de factor determinante, en [OTRAS] personas...”

Hagamos el intento concreto de articular las series con lo que puede haberle sucedido a nuestro hipotético personaje, victima de una vocación mas o menos destinada. Para ello nos serviremos de nuestra herramienta de orientación vocacional, una de ellas, que apela a que la persona indague en su pasado en busca de modelos identificatorios... Una pregunta que ahora se hace mas o menos obligada es: ¿Esta la vocación determinada por identificaciones de un pasado mas o menos remoto, o es acaso el resultado de una identificación futura y posible? Porque no será lo mismo guiar los pasos de nuestro ingenuo desorientado por las vocaciones de sus ancestros con intención de que se informe o con la estratégica idea de que consiga ese insight que le esta faltando para saber quien es y quien va a ser. Otro de nuestros autores de cabecera, Bohoslavsky R., plantea la elección vocacional como un intento de reparación. ¿Qué se repara? Un objeto dañado (M. Klein & co.). ¿Qué objeto? Muy simple: un pro-genitor. Ya sea la madre, vorazmente atacada, ya sea el padre, rival edípico de la criatura que quiere apoderarse vorazmente de la madre. Y ahora hemos mencionado un punto complejo mas: el Edípico. Sabemos que el psicoanálisis plantea (y muchas otras escuelas adhieren) que el modelo de todas las futuras identificaciones no es otro que la manera en la que resuelva nuestro paciente y desorientado personaje ficticio y anónimo, su problemática edípica. Y sabemos que de cómo se relacione con los espejos serán la calidad de sus identificaciones.
Transcribimos a continuación un extracto de una obra que por casualidad (o no) se cruzo en nuestro camino e intenta graficar la causalidad sufrida por Narcisoio como una identificación especular de la que parece no tener salida:



TEATRALIA N-E: ESCENA29:(NARCISOIO):Y mi madre donde espera?..Enferma inútil loca o esperanzada!...Madre del Narciso si no estas muerta en cual rincón de lo primordial te escondes?..Déjame verte en la vocación de lo que ama si Amor no es de mi reino yo habito otro dominio...Otra sed donde estoy solo...Madre innumerable Musa impredecible..Virgen de un Indio visionario quien te descubrió entre las Rosas!..Madre cibernética plural sin lógica..Madre de Todos en el Principio y fin de los Narcisos!..Madre del Quanta misteriosa no me dejes solo...No puedes morir pues sin Ti el Universo seria una migaja de miseria y soledad..Y mas allá de la Muerte donde esperas...Y mas acá de la Vida donde vives heme aquí preso en la furiosa egologia del mimismo!..Madre de mi Temor y Madre de mi Horror por lo que Vive!..Altar del Narciso mi orgullo es a tus pies locura en el abismo!..Madre...Madrecita de mi eterna pena!...Donde vives?..Donde existes en este mi narcisismo del mundo!...Madre y abuela del Narciso..Madre de lo que se Cree y lo que se Inventa..No soy una invención mas del simismo?...Si Estoy en la Imagen es porque Soy en el Narciso..Y al ser en Narciso Soy un invento de mi Madre!.. Madre..no estoy solo en la soledosa soledad de aquel Abismo!...Mamaaaaaaaaaaaaaa!

Acto seguido dirijamos nuestros pasos por las ramas de la técnica que tomaremos para graficar nuestra hipótesis de trabajo:

AR-GE-VOC

Genograma vocacional: a través de esta técnica se intenta lograr una historización de los estudios y los trabajos que los miembros de la familia, en línea ascendente, han realizado. Esto permite construir sentidos en los mandatos familiares que se presentan en los discursos parentales. De la confrontación de las historias de los miembros del grupo se comienzan a re-construir las representaciones, que del estudio y del trabajo, poseen los adolescentes. Al mismo tiempo, suele surgir la necesidad en los jóvenes de indagar con su familia estos datos lo que favorece la instalación del diálogo con los padres, abuelos, tíos, en el sentido de la búsqueda que está realizando.
A menudo sucede que la elección de la carrera que la persona desea estudiar no se inicia en el bachillerato, al enterarse de las fechas de los exámenes de admisión a las universidades. Se inicia, más bien, desde que nacemos y se va reconstruyendo a lo largo de los años.
Ante el desconocimiento de que la toma de decisión supone un proceso, cuando les llega el momento de elegir carrera, algunas personas entran en crisis y utilizan diversos métodos para salir del paso: eligen la carrera de su mejor amigo, la que su padre estudió, la más corta o la que eligió el primer compañero que les hable en la fila de inscripciones. Es decir, no eligen de manera autónoma y consciente.

Un par de paginas atrás veníamos planteando que de cómo uno se relacione con los espejos dependerán la calidad de las identificaciones, y a su vez esto determinara de algún modo, y si andamos por buen camino, la modalidad de elección vocacional. Traigamos aquí otro aporte de un autor ya citado:

Bohoslavsky nos habla de “identidad vocacional” como una elección relacionada con un intento de reparación que podrá ser:

1- Autentica
2- Pseudoreparacion: a) Maniaca
b) Melancólica
c) Compulsiva
d) ¿?
Si acaso adherimos a esta tentadora posición, nuestro trabajo ira complicándose geométricamente, ya que habremos de pensar, en un intento de relacionar el citado autor con el que guía nuestros pasos desde el principio, como serán las identificaciones de una persona:
a)Maniaca; b) Melancólica; c) Compulsiva; y no podemos dejar a la neurótica, que acaso coincida con la categoría de “autentica” para nuestro amigo Rodolfo. No será entonces el mismo trabajo a realizar con la genealogía vocacional en cada caso, ya que nos encontraremos frente a la dicotomía de si acompañar al maniaco en su “loca idea” de ser conserje, como mamá, o digamos “Ciruja-no”, porque así podrá nuestro neurótico llevar sustento a casa de papá, que hace años esta en la ruina. Sabemos a donde conducirían a nuestro desorientado semejantes elecciones... ¿Sabemos? ¿Se puede hacer una clínica de la vocación? ¿Sería correcto? ¿O no seria atentar con nuestra omnipotencia contra la libertad y la facticidad? ¿Será que acaso la única alternativa es la de “ingenuamente” guiar hacia la información a este sujeto, mas allá de que pueda ver claramente, o no, lo que hay frente a el en el espejo del árbol genealógico vocacional? Ya vimos la suerte que corrió Narcisoio y las victimas de Norman Bates, incluida su madre embalsamada.

Creemos que no hemos de perder el horizonte del diagnostico presuntivo, al menos, al avocarnos a la tarea de la orientación vocacional. Ya sea para una oportuna derivación, o al menos para saber que no parecería recomendable hacer: llámese liberar las asociaciones, o guiar ingenuamente por los rincones del pasado. Vemos entonces como una tarea que parece bastante segura tiene sus riesgos e implica recaudos responsables basados en un recomendable diagnostico presuntivo, si mas no fuera posible.
Pero, bien; ¿Que hay de las series complementarias?
Sospechamos, fundadamente en la teoría psicoanalítica y otras realidades posibles, que un modelo que tiene en cuenta la pre-historia de significantes en la que se inserta un sujeto, las vivencias infantiles (del complejo de Edipo), entre las que ubicamos los paradigmas identificatorios que guiaran las elecciones de esta persona a lo largo de su vida (al menos hasta que se psicoanalice un par de años), y los factores desencadenantes, que nosotros llamaremos “realidad coyuntural que al Argentino (en este caso) le toca vivir como presente y futuro probable”, decíamos que un modelo tal parece ser un buen molde para encajar “Lo Natural” de la tendencia hacia una actividad que es la vocación. Eso si: la respuesta a la pregunta ¿Quién es el que llama? No parece estar mas cerca que al principio.
Veamos un ejemplo y un poco mas de teoría:


Descubrimos como nuestro autor de cabecera recuerda su elección vocacional:

“El presente quedaba entonces como oscurecido ante mis ojos, y los años de los diez a los dieciocho volvían a surgir de los recovecos de la memoria, con todos sus presentimientos y desvaríos, sus dolorosas trasmutaciones y sus éxitos jubilosos, con los primeros atisbos de culturas desaparecidas -un mundo que, para mí al menos, llegó a ser más tarde un insuperable medio de consuelo ante las luchas de la vida-; por fin, surgían también los primeros contactos con las ciencias, entre las cuales creíamos poder elegir aquélla que agraciaríamos con nuestros por cierto inapreciables servicios. Y yo creo recordar que durante toda esa época abrigué la vaga premonición de una tarea que al principio sólo se anunció calladamente, hasta que por fin la pude vestir, en mi composición de bachillerato, con las solemnes palabras de que en mi vida querría rendir un aporte al humano saber.


Como psicoanalista, debo interesarme más por los procesos afectivos que por los intelectuales; más por la vida psíquica inconsciente que por la consciente. La emoción experimentada al encontrarme con mi antiguo profesor del colegio me conmina a una primera confesión: no sé qué nos embargó más y qué fue más importante para nosotros: si la labor con las ciencias que nos exponían o la preocupación con las personalidades de nuestros profesores. En todo caso, con éstos nos unía una corriente subterránea jamás interrumpida, y en muchos de nosotros el camino a la ciencia sólo pudo pasar por las personas de los profesores: muchos quedaron detenidos en este camino y a unos pocos -¿por qué no confesarlo?- se les cerró así para siempre.

Los cortejábamos o nos apartábamos de ellos; imaginábamos su probablemente inexistente simpatía o antipatía; estudiábamos sus caracteres y formábamos o deformábamos los nuestros, tomándolos como modelos. Despertaban nuestras más potentes rebeliones y nos obligaban a un sometimiento completo; atisbábamos sus más pequeñas debilidades y estábamos orgullosos de sus virtudes, de su sapiencia y su justicia. En el fondo, los amábamos entrañablemente cuando nos daban el menor motivo para ello; mas no sé si todos nuestros maestros lo advirtieron. Pero no es posible negar que teníamos una particularísima animosidad contra ellos, que bien puede haber sido incómoda para los afectados. Desde un principio tendíamos por igual al amor y al odio, a la crítica y a la veneración. El psicoanálisis llama «ambivalente» a esta propensión por las actitudes antagónicas; tampoco se ve en aprietos al tratar de demostrar el origen de semejante ambivalencia afectiva.


En efecto, nos ha enseñado que las actitudes afectivas frente a otras personas, actitudes tan importantes para la conducta ulterior del individuo, quedan establecidas en una época increíblemente temprana. Ya en los primeros seis años de la infancia el pequeño ser humano ha fijado de una vez por todas la forma y el tono afectivo de sus relaciones con los individuos del sexo propio y del opuesto; a partir de ese momento podrá desarrollarlas y orientarlas en distintos sentidos, pero ya no logrará abandonarlas. Las personas a las cuales se ha fijado de tal manera son sus padres y sus hermanos. Todos los hombres que haya de conocer posteriormente serán, para él, personajes sustitutivos de estos primeros objetos afectivos (quizá, junto a los padres, también los personajes educadores), y los ordenará en series que parten, todas, de las denominadas imagines del padre, de la madre, de los hermanos, etc. Estas relaciones ulteriores asumen, pues, una especie de herencia afectiva, tropiezan con simpatías y antipatías en cuya producción escasamente han participado; todas las amistades y vinculaciones amorosas ulteriores son seleccionadas sobre la base de las huellas mnemónicas que cada uno de aquellos modelos primitivos haya dejado.

Pero de todas las imagines de la infancia, por lo general extinguidas ya en la memoria, ninguna tiene para el adolescente y para el hombre mayor importancia que la del padre. El imperio de lo orgánico ha impuesto a esta relación con el padre una ambivalencia afectiva cuya manifestación más impresionante quizá sea el mito griego del rey Edipo. El niño pequeño se ve obligado a amar y admirar a su padre, pues éste le parece el más fuerte, bondadoso y sabio de todos los seres; la propia figura de Dios no es sino una exaltación de esta imago paterna, tal como se da en la más precoz vida psíquica infantil. Pero muy pronto se manifiesta el cariz opuesto de tal relación afectiva. El padre también es identificado como el todopoderoso perturbador de la propia vida instintiva; se convierte en el modelo que no sólo se querría imitar, sino también destruir para ocupar su propia plaza. Las tendencias cariñosas y hostiles contra el padre subsisten juntas, muchas veces durante toda la vida, sin que la una logre superar a la otra. En esta simultaneidad de las antítesis reside la esencia de lo que denominamos «ambivalencia afectiva».

En la segunda mitad de la infancia se prepara un cambio de esta relación con el padre, cambio cuya magnitud no es posible exagerar. El niño comienza a salir de su cuarto de juegos para contemplar el mundo real que lo rodea, y debe descubrir entonces cosas que minan la primitiva exaltación del padre y que facilitan el abandono de este primer personaje ideal. Comprueba que el padre ya no es el más poderoso, el más sabio y el más acaudalado de los seres; comienza a dejar de estar conforme con él; aprende a criticarle y a situarle en la escala social, y suele hacerle pagar muy cara la decepción que le produjera. Todas las esperanzas que ofrece la nueva generación -pero también todo lo condenable que presenta- se originan en este apartamiento del padre.

En esta fase evolutiva del joven hombre acaece su encuentro con los maestros. Comprenderemos ahora la actitud que adoptamos ante nuestros profesores del colegio. Estos hombres, que ni siquiera eran todos padres de familia, se convirtieron para nosotros en sustitutos del padre. También es ésta la causa de que, por más jóvenes que fuesen, nos parecieran tan maduros, tan remotamente adultos. Nosotros les transferíamos el respeto y la veneración ante el omnisapiente padre de nuestros años infantiles, de manera que caíamos en tratarlos como a nuestros propios padres. Les ofrecíamos la ambivalencia que adquiriéramos en la vida familiar, y con ayuda de esta actitud luchábamos con ellos como habíamos luchado con nuestros padres carnales. Nuestra conducta frente a nuestros maestros no podría ser comprendida, ni tampoco justificada, sin considerar los años de la infancia y el hogar paterno.

Pero como colegiales también tuvimos otras experiencias no menos importantes con los sucesores de nuestros hermanos, es decir, con nuestros compañeros. Estas empero han de quedar para otra ocasión, pues el jubileo del colegio orienta hacia los maestros la totalidad de nuestros pensamientos.”

«Sigmund Freud: Obras Completas»¿Por qué?

En esos años se lo escucho hablar de la búsqueda de felicidad como el motor del espíritu, idea esta a la que adherimos sin lugar a dudas. En el fondo de la intencionalidad, el halito de vida, el anima o como quiera llamarse a esa energía que mueve al ser a vivir (en el mejor de los casos), vemos una búsqueda de bien-estar o felicidad. “El hombre elige el bien” decía un gran y discutido humanista. Eligiendo determina lo que es bueno y “elige como quisiera que todos después de el lo hicieran”.

“Cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. Ya aquí desempeña un papel determinante la constitución psíquica del individuo, aparte de las circunstancias exteriores. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos; el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que pueda medir sus fuerzas. En el segundo de estos tipos, la orientación de los intereses será determinada por la índole de su vocación y por la medida de las sublimaciones instintuales que estén a su alcance. Cualquier decisión extrema en la elección se hará sentir, exponiendo al individuo a los peligros que involucra la posible insuficiencia de toda técnica vital elegida, con exclusión de las restantes. Así como el comerciante prudente evita invertir todo su capital en una sola operación, así también la sabiduría quizá nos aconseje no hacer depender toda satisfacción de una única tendencia, pues su éxito jamás es seguro: depende del concurso de numerosos factores, y quizá de ninguno tanto como de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del placer. Quien llegue al mundo con una constitución instintual particularmente desfavorable, difícilmente hallará la felicidad en su situación ambiental, ante todo cuando se encuentre frente a tareas difíciles, a menos que haya efectuado la profunda transformación y reestructuración de sus componentes libidinales, imprescindible para todo rendimiento futuro. La última técnica de vida que le queda y que le ofrece por lo menos satisfacciones sustitutivas es la fuga a la neurosis, recurso al cual generalmente apela ya en años juveniles. MALESTAR EN LA CULTURA
LA ORIENTACIÓN VOCACIONAL
(Acercándonos a una conclusión)

En el abordaje de la O.V, en el nivel escolar, operamos en el momento en que la elección vocacional enfrenta al adolescente con el entorno, el cual espera que pueda definir su proyecto de vida, decir quién ser y qué hacer. El joven debe ocupar un nuevo lugar, insertarse en el circuito productivo, ya sea con la inserción laboral o bien con la elección de carrera que lo llevará al ejercicio de un trabajo. Este momento pone en juego el entramado de identificaciones, representaciones de sí mismo, del mundo del trabajo donde el sujeto construirá los objetos de elección. De este modo, la inclusión del eje del trabajo resulta imprescindible. Por eso conviene plantear algunas cuestiones en torno a las actuales realidades del mundo del trabajo.
La familia es un sistema en el que el cambio de una parte, logra cambios compensatorios en otras partes del mismo, sistema que opera en todos los niveles de eficacia desde un funcionamiento óptimo a una disfunción total. Las familias generalmente no buscan ayuda hasta que se ha perdido la flexibilidad del sistema y ha empeorado el funcionamiento de un miembro. Hay síntomas que en cualquier parte de la familia se ven como evidencias de disfunción, ya sean emocionales, físicos, conflictuales o sociales. El abordaje familiar ayuda a los miembros de la familia a hacerse expertos en el sistema.
Estas reglas clínicas presentes en algún grado en todas las familias, siguen el patrón general del proceso familiar que diagnostica, clasifica y asigna características a alguno de los miembros de la familia.
La persona que se acerca al psicólogo es la puerta de entrada al sistema. La familia muestra al terapeuta que el centro es el enfermo, que es el que debe curarse, anulando cualquier otra problemática.
La familia puede ser considerada un subsistema en relación con el ecosistema, entendiendo por esto el contexto dado, por ejemplo, barrio, medio laboral, escuela, iglesia, club, etc.
En la familia considerada como sistema, observamos dos principios básicos:
a) la tendencia a la homeostasis.
b) la capacidad de transformación.
A través del interjuego de ambos se mantiene el equilibrio del sistema pues la tendencia homeostática permite la estabilidad, la capacidad de transformación y el crecimiento.
De este enfoque alternativo, y ya a modo de cierre, pretendemos verificar que no es cosa de un modelo cierto y otro errado, sino que en mayor o menor grado (de complejidad), diferentes teorías o modelos pueden explicar los mismos fenómenos. A partir de lo plantado en estos últimos párrafos vemos como articular el AR-GE-VOC a partir de los conceptos sistémicos, y como, en realidad, a veces, cuando tenemos a nuestro sujeto de orientación, podemos llegar a olvidar que lo que el elija afectara mas o menos a la dinámica del sistema familiar. Hoy, ya en los últimos pasos para que nos acrediten como especialistas en alma (humana), vemos al fin el por que de la diversidad a la que nos acercamos a lo largo de nuestro fértil plan de estudios. Diversidad que nos mantiene alertas para ver como las dificultades de un modelo pueden ser al menos emparchados con partes de otros modelos hasta que un nuevo genio de la talla de tantos que nuestra carrera nos acercó, consiga articular la diversidad en una nueva y mejorada singularidad teórica.
Es importante tomar en cuenta que el trabajo en orientación vocacional nos apremia, como psicólogos, a revisar con frecuencia el pronóstico de cada uno de los consultantes, así como a observar el comportamiento grupal, pues ambos aspectos serán indispensables para decidir nuestra estrategia de trabajo.
La estrategia podrá ser orientada a llevar a los consultantes a reflexionar en su decisión, observando los elementos de su personalidad que apuntalan a su elección y analizando las consecuencias de esta en su vida futura.
Será este el espacio que permita expresar dudas, temores, ansiedades y reflexiones acerca del proceso de elección vocacional. Llevaremos a la persona conocer por qué y para qué elige determinada carrera, de manera que pueda discutir las ventajas y desventajas de su decisión con sus amigos, padres y maestros. Además, ayudaremos a nuestros hipotéticos consultantes a conocer de si mismos, favoreciendo y/o destrabando su proceso de individuación.
¿CUATRO APRENDIZAJES FUNDAMENTALES? (¿QUE TAL, CINCO?)



HIPÓTESIS DE TRABAJO

En el presente trabajo se intentara plantear, partiendo de la propuesta de los cuatro pilares fundamentales del conocimiento citados en el soporte bibliografico de la asignatura “Teoría de la Educación”, dictada en el marco de la Escuela de Ciencias, Artes y Técnicas, de la Universidad Argentina John F. Kennedy, a saber: Aprender a
· Conocer
· Hacer
· Vivir Juntos
· Ser
La posibilidad de pensar en un quinto pilar: Aprender a ser Feliz.

Para ello, siempre apoyándome fundamentalmente en la bibliografía indicada en el programa curricular, tomare ademas los desarrollos teóricos del autor de La Logoterapia, Víctor Frankl y algunos aportes a la teorización de la felicidad del autor conocido como el padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud.


DESARROLLO


Para comenzar propondré la siguiente pregunta: ¿Es posible aprender a ser feliz? Y la desglosare en sus partes menores.
Primero, y sin detenerme demasiado en la pregunta por el ser de la felicidad, dado que es lo que se podría llamar, citando a R. Descartes, una idea lo suficientemente clara y distinta, tanto desde el punto de vista subjetivo como el objetivo (de lo primero señalare aquella sensación de engrandecimiento y plenitud espiritual (paz interior), acompañada habitualmente por mas o menos inequívocas manifestaciones conductuales indicadoras de la relajación, calma o distensión y ya entrando en el terreno específicamente biológico, la secrecion de sustancias tales como la endorfina, activación del sistema parasimpático y registros electroencefalográficos de menor frecuencia, que lo diferenciaran del estado que podría pensarse como antagónico, el stress. Otros observables concomitantes tales como la dilatación de las pupilas, caída de la tensión arterial y ritmo cardiaco, respiración relajada de ritmo relativamente mas bajo y de mayor amplitud, etc y etc.). La felicidad es un fenómeno de primera mano, tanto como la angustia.
Segundo ¿Es un aprendizaje? Víctor Frankl sugiere que si.

La Logoterapia despierta a la persona en su rol de protagonista de su propia historia, de su felicidad, de sus logros y en su rol de constructor de su persona dado que el hombre es un ser llamado a elegir un proyecto de vida en conformidad con su propio ser, por lo tanto artífice de su destino. La felicidad no está al final del camino sino después de cada acción realizada con sentido y por alguien tanto si nos necesita como si no nos necesita. La dicha, la felicidad, el sentirse bien satisfechos consigo mismo nunca puede ser el resultado de una búsqueda directa sino el resultado de haber encontrado una misión por la cual vivir. Porque la persecución de la felicidad es en realidad lo que más impide ser felices porque cuanto más lo buscamos como objetivo primero en nuestras vidas tanto más se alejará de nosotros pero cuando autotrascendemos y nos ocupamos de alguien o de algo, más plenos nos sentimos. Dado que lo que el hombre quiere realmente no es la felicidad en sí, sino un motivo para ser feliz. En cuanto lo encuentra, la felicidad y el placer surgen por sí mismo.
La felicidad no está en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace (L. Tolstoi)
http://www.bsaslogoterapia.com.ar/logo.htm
La Logoterapia es la Tercera Escuela Vienesa de psicoterapia y se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre. Hablaremos entonces de la primera para indagar un poco mas sobre el tema que nos motiva:
En sus últimos años nos encontramos con un S. Freud de la búsqueda de felicidad como el motor del espíritu, idea esta a la que adherimos sin lugar a dudas. En el fondo de la intencionalidad, el halito de vida, el anima o como quiera llamarse a esa energía que mueve al ser a vivir (en el mejor de los casos), vemos una búsqueda de bien-estar o felicidad. “El hombre elige el bien” decía un gran y discutido humanista. Eligiendo determina lo que es bueno y “elige como quisiera que todos después de el lo hicieran”.

“Cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. Ya aquí desempeña un papel determinante la constitución psíquica del individuo, aparte de las circunstancias exteriores. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos; el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que pueda medir sus fuerzas. En el segundo de estos tipos, la orientación de los intereses será determinada por la índole de su vocación y por la medida de las sublimaciones instintuales que estén a su alcance. Cualquier decisión extrema en la elección se hará sentir, exponiendo al individuo a los peligros que involucra la posible insuficiencia de toda técnica vital elegida, con exclusión de las restantes. Así como el comerciante prudente evita invertir todo su capital en una sola operación, así también la sabiduría quizá nos aconseje no hacer depender toda satisfacción de una única tendencia, pues su éxito jamás es seguro: depende del concurso de numerosos factores, y quizá de ninguno tanto como de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del placer. Quien llegue al mundo con una constitución instintual particularmente desfavorable, difícilmente hallará la felicidad en su situación ambiental, ante todo cuando se encuentre frente a tareas difíciles, a menos que haya efectuado la profunda transformación y reestructuración de sus componentes libidinales, imprescindible para todo rendimiento futuro. La última técnica de vida que le queda y que le ofrece por lo menos satisfacciones sustitutivas es la fuga a la neurosis, recurso al cual generalmente apela ya en años juveniles...”

En: EL MALESTAR EN LA CULTURA
«Sigmund Freud: Obras Completas»

Veamos ahora si es posible articular estas dos posturas en una feliz respuesta a la pregunta de si es la Felicidad un aprendizaje.

Es dable decir que para la Logoterapia, la felicidad es una consecuencia de el encontrar un sentido a la vida. Por otro lado se encuentra el aporte de la teoría Logoterapeutica de los valores, en cuya cima se encuentra lo que esta teoría llama “Valores de Actitud”, y que Frankl explica como “Libertad de Actitud”. Libertad de Actitud será aquel aspecto especificamente humano que permite ir mas allá de las circunstancias y, por así decirlo, tener la posibilidad de elegir “como pasarla”. En otras palabras: podre encontrarme arrojado en aquella situación mas allá de mi control y a pesar de todo, seré libre de definirme victima de aquellas y sufrirlas pasivamente, o bien podre poner en marcha mi esfera espiritual valorativa (H. Figueroa), verdadero organo de sentido, cual una brujula o detector de valores, y autotrascender la situación limite encontrando ese mensaje cifrado frente a mi, ahí esperándome para tomar la posta y hacerme responsable de mi mismo.

Por otro lado se encuentra la teoría del psicoanálisis, en donde se observa la búsqueda de la felicidad; es decir, la felicidad como un fin en si mismo y no como una consecuencia del logro de los fines propuestos (¿éxito?). Quizás de lo mismo para responder a la pregunta de si es o no es un aprendizaje, ya que si responsabilizándose, ya sea como fin en si mismo o como medio, se alcanza la plenitud y la paz interior, y sabiendo que la responsabilidad se enseña y se aprende, entonces, directa o indirectamente, la felicidad seria un logro de la educación.

En el soporte bibliográfico ya citado podemos leer: “... Por medio de la educación, el hombre puede desarrollar su libertad de pensamiento, de juicio, de sentimientos, de imaginación, lo cual permite realizarse como persona. El formarse en estos diversos aspectos le facilitan tomar decisiones para afrontar las diferentes circunstancias de la vida...” lo cual suena a una clara definición de ser responsable por la propia existencia. La consecuencia esperable de semejante estado de cosas seria el logro de un estado de plenitud o felicidad. Así se abre la tercer facetad e la pregunta: ¿Se puede enseñar conseguir la felicidad?
A estas alturas creo poder afirmar un categórico SI. Las dos caras del valor (responsabilidad y libertad) estan propuestos como posibles de ser logrados mediante la educación en función del cuarto de los pilares que dan inicio a este trabajo: “Aprender a Ser”.

Y entonces: ¿Cómo es posible que apareciendo la felicidad como aquello que parece hacer deseable la vida, y siendo que vivimos tiempos en los que el propuesto antagónico al concepto que perseguimos, es decir, el estado de stress como lo contrario a la felicidad, parece ser mas la norma que la desviación, no se proponga entonces un apartado especial orientado a la enseñanza para el logro de la felicidad en la educación formal obligatoria, encontrándose entonces en el centro del tapete, en su lugar, la creación de individuos responsables, libres, pero por sobre todas las cosas miembros útiles del sistema (productivista-consumista)? Vivimos un sistema que es creador de todo tipo de patologías de la perdida de la felicidad. Neurosis noógenas dira la Logoterapia, caracterizadas por la sensación de perdida del sentido de la vida; normalidad neurotica dira el psicoanálisis, como aquella forma de enajenarse en las leyes y normas que lo único que parecen hacer es dar respuesta de la indole del “¡por que si!” a la pregunta por el verdadero deseo del sujeto. Sigmund Freud habla de “El malestar en la cultura”; Aparecido en 1930 (recuerdese la crisis y la gran depresion), en este artículo Sigmund Freud plantea que la insatisfacción del hombre por la cultura se debe a que esta controla sus impulsos eróticos y agresivos, especialmente estos últimos, ya que el hombre tiene una agresividad innata que puede desintegrar la sociedad. La cultura controlará esta agresividad internalizándola bajo la forma de Superyo (organo normativizante, pero “de contra mano”) y dirigiéndola contra el yo, el que entonces puede tornarse masoquista o autodestructivo. Entonces la responsabilidad se puede volver en contra de la libertad. La cultura crearia seres tan responsables que trabajarian al borde de la adiccion al trabajo. Y notese también que el control de los impulsos agresivos es el primer paso para que cualquier aprender a ser con los demás fuera posible (“vivir juntos”; “tolerancia”) ya sea en la comunidad educativa o bien en la familia.
Por todo esto no parece ser una omisión casual la que se intenta mostrar aquí. La felicidad será aquel pago que se le pide a cambio del placer hedonista hueco implícito en lo que hoy se enseña como “éxito” tanto desde los medios masivos de comunicación como de la cultura en general que parece verse infiltrada cada vez mas fácilmente por estos (que preferiria llamar “medios masivos de información”, ya que para poder hablar de la comuinicacion le faltaria la contrapartida de la respuesta o feed-back, como propone la teoría de la comunicación (P. Waltzlavick)). Así, nuestra cultura anfetaminizada omite nada mas y nada menos que poner en juego lo mas importante, sino lo único:

· Cuando el ser humano es feliz, está en armonía consigo mismo y con los demás Oscar Wilder

· Dar la felicidad y hacer el bien, he ahí nuestra ley, nuestra ancla de salvación, nuestro faro, nuestra razón de ser. Henri-Frédéric Amiel

· El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo. Epicuro

· El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace. León Tolstoi

· He cometido el peor pecado que un hombre puede cometer: ¡no he sido feliz! J. L. Borges

· La felicidad consiste en unir el principio con el final. Pitágoras

· La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. Viktor Frankl

· La felicidad no se encuentra al final del camino, sino a lo largo de él. John F. Kennedy


CONCLUSIONES:

La eleccion del topico para el trabajo no fue para nada caprichoza; el presente es un trabajo que hace de modesto intento por entrar en un tema que a lo largo de la carrera de grado de la Licenciatura en psicología se toco, si no poco, prácticamente nunca. Creo que el tema de la felicidad es tan complejo como lo fue la angustia en su momento, y como aquella, parece haberse pasado por alto una y otra vez como a una nimiedad poco objetiva y para nada científica. No fue casual tampoco que en su 25ª conferencia de introducción al psicoanálisis, al abordar el tema de la angustia, S. Freud se halla referido a ella como “eso que todos hemos sentido alguna vez” y que sabemos entonces de que se trata, mas al cabo de unos años vimos casi toda su tarea centrada en el tema de la angustia, que desde entonces paso al primer plano de sus teorizaciónes.
Parece, insisto, suceder algo similar con el tema de la felicidad. Es un tema que se suele tocar como “de pasada”, y las mas de las veces que titula un libro, es fácil sospechar que sea uno de los llamados “de autoayuda” y no un desarrollo teórico serio. Por eso sostengo que no hay excusa para omitir el tema de la felicidad en la educación; debe encarárselo de frente, de lleno; si no es posible teorizarla, al menos abrir el lugar para la pregunta y las tentativas de respuesta. En esta epoca de crisis de los valores, de las instituciones y de ahí, crisis en cascada que carcome el sentido de todo lo humano; en esta epoca de ausencia de un espacio para el desarrollo espiritual, antes ocupado por la religión, y cada vez mas ahora convocados los consultorios (de todo tipo de profesionales) a reemplazar al confesionario, otorgar un espacio para la pregunta por la posibilidad de la felicidad, sus caminos y vericuetos seguramente ayudara a sonreír a muchísima gente.
Martillando la teoría

Si la transferencia es función de la regresión, que es una respuesta a la frustración en la realidad, esta directamente relacionada con la fantasía. Las fantasías son regresiones a “lugares” que no fueron frustrantes. ¿pero que pasa con la repetición de aquellas situaciones de frustración? Repetición, al modo del Fort-Da del nieto de Freud, es decir, un juego: un juego en el que se trata de pasar de la pasividad a la actividad en esa situación frustrante. ¿Será que la fantasía no siempre es de satisfacción? ¿Será que el juego no siempre es fantasía? Porque si queremos formalizar a la transferencia como respuesta a la situación de encuadre analítico, pensando a esta como una situación potencialmente frustrante, nuestra teorización empezaría a hacer agua si no podemos imbricar a la fantasía y al juego como dos caras de la misma moneda. Vemos que en la situación analítica no puede suceder otra cosa que la transferencia si pensamos a ésta como la forma básica de vinculación social, es decir, la repetición de clichés que tienen que ver con cómo uno se vincula habitualmente, cómo se posiciona frente a la realidad como frustrante, a ese interlocutor como desafío al aparato psíquico que ha de arreglárselas para responder de modo de “mantener todo bajo control”; aunque claro está, ésta “matriz de relación social”, que sabemos que está directamente relacionada con cómo cada quien se las arreglo para no caer en el incesto, no sufrir la realización de la amenaza y mantener las tendencias a la endogamia a ralla, todo esto, no es “igual” de un lado del encuadre y del otro. Afuera del encuadre nos define como persona y personalidad, mientras que del lado de adentro del encuadre analítico nos define según como nos las arreglemos con esa famosa frustración que se conceptualiza como falta.
Por otro lado sabemos que la fantasía es un escape a las situaciones que nos dejan en falta y que el juego como situación en la que el niño se ubica como realizando activamente aquello que sufrió pasivamente no es otra cosa que fantasía... y por mas que fuera un juego que realiza activamente lo que disfruto pasivamente, o que repite activamente lo que disfruto pasivamente, sigue siendo fantasía. Así podemos pensar a la fantasía como un juego y la situación terapéutica como un lugar de juego, de fantasías actuadas mas o menos inconcientemente. ¿Es el juego algo conciente? Ese es otro tema: ¿Está el niño conciente de su juego? Retomando, la idea es que: si la fantasía es la salida regresiva de la situación frustrante, que regresa a los lugares de fijación; que si la situación de encuadre puede ser pensada como situación de “frustración controlada” (que es otro tema a tocar); que si la transferencia puede pensarse como actuando las fantasías, de modo de producir activamente eso que se sufrió pasivamente; entonces decimos que la transferencia tiene dos aspectos: uno relacional, como “modus operandi” frente a determinadas situaciones, y otro que tiene que ver con el interlocutor hacia el cual van fantasiosamente destinadas las conductas de la transferencia. La transferencia es una conducta dirigida a un objeto de la fantasía, a un objeto frustrante en la realidad a veces, y otras a uno satisfactor. Entonces pues mi teorización hace agua. Ya que si la situación terapéutica es frustrante, la transferencia no debería estar relacionada con situaciones de satisfacción. A menos que uno pensara que esas situaciones de satisfacción fueron los destinos de la actividad fantaseadora realizada en esa otra situación tan frustrante como la del encuadre, u de la que pena el analizante en cuestión. Por acá anda la cosa!...
(The truth is rarely pure and never simple) Joyce.

“Estoy Muerta en Vida” (introducción):

El presente trabajo es un intento. Y aunque parezca un tanto desorientadora la forma en la que introduzco lo que sigue, la verdad es que no se me ocurre aún cómo presentarlo formalmente; veremos si a lo largo del presente desarrollo o al menos al final, en el mejor de los casos, consigo redondearlo como una tentativa por demostrar cómo tres conceptos de la psicología convergen en tres funciones de un mismo mecanismo. El disparador de esta idea lo encontramos en el caso clínico desarrollado por la Licenciada Marta Liberman, docente del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Kennedy Argentina, en el contexto de una serie de ateneos relativos a la asignatura “Psicología Clínica”; el mencionado historial lleva el nombre “Catalina, una reina sin trono” y consiste en una introducción que presenta a la paciente, derivada por un psiquiatra luego de la tercera de sus internaciones debidas a sus “ataques de furia”, el extracto de entrevistas, análisis de las mismas, síntesis del cierre del trabajo y una serie de reflexiones sobre lo que se da en llamar “Patologías Narcisistas”, que es justamente el diagnostico asignado al mencionado caso.
Del mismo rescataré un dato de la pre-historia de la paciente, otro de su infancia, un dato de la historia, anterior a la entrada en el mencionado análisis, y un suceso ya en transferencia, pero fuera de lo que se denominaría oficialmente “encuadre”, elegidos con el fin de articular estos tres conceptos: fantasía, juego y transferencia, siempre enmarcado en la doctrina psicoanalítica.

El primero de los datos es referido a la infancia de la madre de Catalina: Su padre, el abuelo de Catalina, la acompañaba cada mañana hasta el paso a nivel donde ella cruzaba para ir al colegio.
El segundo, el de la infancia de Catalina: Su madre tira su muñeca preferida, con la que jugaba sola, ya que no le era permitido jugar acompañada de otros niños.
El tercero: La madre de Catalina “se tira” bajo el tren, en el lugar donde niña cruzaba vigilada por su padre; lo mas significativo: lo hace luego de llamar por teléfono a su hija y “avisarle” que iba a suicidarse ya que “no podía seguir viéndola así”, aviso éste que no preocupó a la paciente como una amenaza verosímil.
El cuarto y último, y el que marca cual un mojón, el final de una “etapa” en la psicoterapia de Catalina caracterizada por la agresividad y rebeldía en el vinculo con su terapeuta y la entrada en otra en la cual el vinculo giró hacia la moderación y un más profundo trabajo en el análisis: Catalina llama por teléfono a su psicoanalista “avisándole” que iba a arrojarse frente al paso del tren.

Propongo pensar la transferencia como la respuesta del aparato psíquico a una situación de frustración controlada: “El Encuadre” psicoanalítico; el punto de partida del método psicoanalítico. Por el mismo entendemos la fijación de las siguientes variables: ubicación espacio-temporal; naturaleza del vinculo como “intercambio” (dinero del analizante por trabajo del terapeuta) y reglamentación del vinculo (regla fundamental para el analizante y el analista: asociación libre y atención parejamente flotante).
He de explayarme primero sobre (desarrollo):

· ¿En qué consiste la frustración a la que se somete al aparato psíquico a partir del encuadre?
· ¿Por qué propongo a la fantasía y al juego en analogía con la transferencia?

A partir de aquí me limitare a trabajar con lo que sucede, al menos, fuera del diagnostico de franca psicosis, ya que en dicho caso el encuadre propuesto por el autor que me guía (S. Freud) en la lista de lecturas trabajadas en las clases de psicología clínica, sobre todo en los “Consejos al médico...”, no sería el más propicio o suficiente; pero eso es otro tema y excede la tarea a la que me avoco aquí.

(Y dice:) La pregunta que subyace al primer punto propuesto es: ¿Por qué el aparato psíquico de un analizante reacciona al encuadre con una transferencia? Sabemos que la transferencia, ya sea esta positiva y moderada, erótica y al servicio de la resistencia u hostil, no es otra cosa que la reactualización de una dinámica vincular relacionada con la historia vital del analizante, allí y entonces dirigida a un objeto libidinal representado por una persona significativa del sujeto en cuestión, aquí y ahora aplicada como si un “cliché” en la que el analista es un subrogado de aquel objeto mencionado. Sabemos que actúa aquello que no se ha de recordar (contenido reprimido). Sabemos que es un recurso invalorable para poder avanzar en el trabajo de análisis, ya que revela las dinámicas inherentes a como el analizante discurrió por la conflictiva edípica, complejo nuclear y decisivo de todo el funcionamiento post-edípico del aparato. Se infiere que implica una regresión, y las regresiones son a puntos de fijación de la libido, ya sea por exceso o defecto en la libidinizacion y entonces, a momentos altamente significativos en la vida de la persona. También se desprende que una regresión corresponde a una frustración en la vida pulsional. Ahora bien: esto nos deja con que la dinámica vincular es una respuesta a la frustración y que, afuera del encuadre nos define como persona y personalidad, mientras que del lado de adentro del encuadre analítico nos define según como nos las arreglemos con esa famosa frustración (que se conceptualizará como falta). Esto suena inmediatamente a la definición de fantasía, como respuesta regresiva a la frustración, desarrollo que demoraremos un poco más. Demorada esta también la pregunta inicial de este párrafo ¿Qué es exactamente lo frustrante del encuadre? Y bien, es exactamente lo mismo que hace que la misma dinámica vincular afuera del encuadre de lugar a la personalidad: “La Pasión Inútil” como lo formalizó Jean Paúl Saertre: la intersubjetividad es frustrante. Pensemos en el prototipo de toda relación interpersonal posible: la relación del niño con su madre. Las teorizaciónes Freudianas (por ejemplo en el punto B “La regresión” de su obra mas difundida, tal vez debido al sugerente titulo que lleva, y que hace pensar que uno descubrirá el oráculo onírico con solo leerlo: “La interpretación de los sueños” [1900]) piensan el origen de la actividad fantaseadora en la insatisfacción de la cría humana, como respuesta a la misma o como un intento de “postergar la descarga” interponiendo la evocación de la huella de satisfacción. La insatisfacción esta desde el origen. Ya un polémico Otto Rank llegó a pensar en “el trauma de nacimiento” -origen de toda intersubjetividad posible aquí- no del todo bien aceptado por la comunidad psicoanalítica.

Y Catalina, con su dinámica narcisista se frustra con la no respuesta a la demanda de su psicoanalista: su psicoanalista no es igual a ella (¡por suerte!), no se queda en ese lugar especular en que la transferencia intenta ubicarla... ¿Pero no afirmábamos (siguiendo a Freud) que la transferencia es “al lugar” de una persona significativa del pasado del paciente? Veamos mas detenidamente: En el narcisismo, el objeto libidinal es el propio yo de la persona. Entonces es coherente pensar que la regresión implícita en la transferencia, al volver al dicho punto de fijación pre-edípico, re-actualice su propia investidura libidinal y la dirija a la psicoanalista, así subrogado de su propio yo. Pero: ¿Quién es inconcientemente Catalina en el momento del llamado de aviso de suicidio sino su propia madre llamando a su hija con el mismo fin, diciéndole que estaba a punto de “tirarse” bajo el tren, como quien “tira” una muñeca a la basura (la preferida, quizás la misma que intento cortarse Catalina el día de su casamiento)? Y la habilidad de la psicoanalista fue la que esta vez consiguió romper el hechizo mortal, corriéndose una vez más de la transferencia narcisista. Aquí introduciré la tercera de las analogías que en este trabajo propongo: si podemos afirmar que mas allá de lo irregular del mismo, un llamado al analista es alguna forma de encuadre y por tanto, el llamado una manifestación transferencial; ahora propongo que, mas que una transferencia como respuesta a la frustración inherente a un encuadre, es este llamado, un intento de apropiarse de alguna manera, de una situación que Catalina tuvo que sufrir pasivamente, ubicándose así como actor activo (valga la redundancia) y sometiendo a un partenaire a lo que ella antes tuvo que sufrir: Léase “Un Juego”. Un juego análogo al que el Dr. Freud describe en un niño de un año y que se conoce como “El juego del Fort-Da”. Un intento de simbolización. Un peligroso intento de apropiarse de aquello tan significativo, pues reunía las condiciones que la teoría indica como eficientes para la formación patógena: las series complementarias. La de la prehistoria y la primera citada en este trabajo se articula muy bien con la segunda cita: El abuelo de Catalina cuidaba a su hija como se cuida a la muñeca preferida (que la madre tira). Los dos eventos articulados en una serie se resignifican posiblemente con el tercero: Su madre, quien en algún momento fue atesorada como una muñeca, se tira (previo aviso)... El resultado, como si de una ecuación o un silogismo, ella se va a tirar en el mismo lugar que su madre lo hizo (su madre quien hubo sugerido un suicidio en tandem alguna vez a la salida de una terapia fallida. Las muñecas falladas han de tirarse. No se las puede seguir viendo así.
Por artilugio del destino, Catalina subrogado madre tuvo en suerte llamar a la persona menos indicada para aceptarse como subrogado de la Catalina hija, y fue gracias a ello que esta vez el hechizo se rompió: esta vez Catalina es el héroe: el espejo le devuelve una imagen mejorada. La transferencia deja de ser especular y hostil (narcisista). Se instala la posibilidad de la transferencia como fantasía. Y sin más demora, por tal podemos pensar a la transferencia como escape de la situación de encuadre, ya en el marco de la posibilidad simbólica, a los “lugares” que en su momento fueron de “completud autoerótica” y así, refugio de la famosa incompletud llamada “falta”, o bien, repeticiones de las ocasiones en las que la historia del sujeto puso a este frente a frente con la incompletud (lo cual viene a ser lo mismo ya que podemos inferir que entonces la respuesta a la falta fue la fantasía autoerótica). Serán las ocasiones en que la transferencia sea aquella que deposita sobre el analista las dinámicas inherentes a la relación del analizante con personas significativas de su historia (historicidad) y ya no una mera relación de especularidad. Esto daría cuenta de por qué Catalina cambia su disposición hacia su analista luego de aquel evento en el que se centra este trabajo, entrando en la verdadera producción (reproducción) del análisis.

Cuales Son Las Ventajas de Poder Pensar La Transferencia como Fantasía y/o - Juego? (conclusión)

Yo creo en verdad que no es ambiciosa la afirmación implícita en la pregunta: debería tener sus ventajas. Pensemos que sin estas conjeturas, ubicar en este historial las dinámicas transferenciales en términos vinculares se hace algo confuso. ¿A qué lugar?; ¿A quién “representa” inconscientemente la psicoanalista para Catalina en la escena del “aviso”? Porque pensar quien es inconscientemente Catalina es fácil, sino obvio: su propia madre; pero ¿En que texto encontramos en Freud una transferencia tal que el paciente “proyecte” sobre el analista sus contenidos reprimidos si no es por ejemplo en los que trata precisamente de la proyección en los mecanismos paranoicos por ejemplo? Lo mismo, notamos inmediatamente que no se trata precisamente de contenidos “desconocidos” para la paciente, en este caso. Podríamos únicamente sospechar que sí lo hubieran sido hasta después de atravesada esta situación (aunque sabemos que la eficiencia del material inconsciente no implica una amnesia permanente, sino que es suficiente con que en el momento de la repetición implícita en la transferencia -o fantasía, o juego, ahora podríamos decir- este “recuerdo” permanezca “olvidado”). Igualmente nos dejaría en una especie de remanso teórico el hecho de que no se tratara tampoco aquí de una situación persecutoria, celotípica, erotomaníaca; quizás un tanto megalomaníaca, mas tampoco encaja en la teorización de la situación transferencial aquí en discusión. Pero al pensar en esta transferencia “narcisista”, que apenas algo tiene que ver con el narcisismo de la melancolía que piensa nuestro maestro (“Duelo y Melancolía” obras completas), ya que ahí nos cuenta cómo “...La sombra del objeto [dañado, perdido] ha caído sobre el yo...”, dando origen a la culpa y al dolor moral, que por supuesto aquí no encontramos, obligamos así a la realidad clínica a “amoldarse” a un concepto de la transferencia para nada ortodoxo, cuando es más simple y claro pensándolo como lo piensa Freud al teorizar sobre “el juego del doctor” de los niños, que “aplican inyecciones” a sus partenaires, las mismas inyecciones que hubieron de sufrir un rato antes ellos mismos en manos del verdadero doctor. Al fin y al cavo, si estamos pensando en la regresión de las patologías narcisistas, y si sabemos que las regresiones pueden ser tópicas, temporales y/o formales, y que pueden hacer resurgir “patrones de conducta” inherentes a periodos evolutivos teóricamente ya superados, con sus correspondientes puntos de fijación, objetos particulares, mecanismos de defensa, etc., entonces no veo por que no se puede pensar que el juego, como un modo de apropiarse de la realidad, inherente a un momento temprano en la formación del yo, vuelva convocado por esta regresión inherente al narcisismo de la que venimos hablando.

Winnicot Y El Espacio Transicional:

No me voy a extender mucho sobre los matices que D. Winnicot aplica al psicoanálisis, ni tampoco establecer una critica ni una defensa. Aquí solo intentaré señalar una analogía que creo interesante. Rápidamente notamos que la propuesta que este trabajo defiende parece bastante acorde a las teorizaciónes del enfoque de este autor ingles que escribió sobre “Realidad y Juego”. El espacio transiscional, el circulo mágico, el encuadre son diferentes nombres para un mismo lugar: aquel que no esta ni adentro ni afuera, que no es ni sujeto ni objeto; ese lugar donde se construye poco a poco la realidad a través del juego y del contacto con los objetos, transiscionales al principio, y poco a poco totales y exteriores. Y proponemos así que lo que Catalina hizo cuando realizo ese llamado fue construir una realidad que aun no estaba en sus manos: su madre había muerto y ella no era su madre. “La Muñeca” esta vez estaba en manos del analista que tuvo la suficiente como para cambiar un destino que parecía venir ejecutándose ininterrumpidamente por varias generaciones. Nuevamente como si un rayo una idea cruza mi mente: lo que hizo Catalina fue intentar cerrar una Gestalt abierta; o no: quizás fue victima del “Secreto” familiar, tal como lo propone Pichón Riviere; o quizás fue condicionada por una creencia disfuncional o de reglas muy rígidas en el sistema familiar; aunque está muy claro que padecía de una importante falta de “Sentido”, característico de las patologías “noógenas” que estudia Frankl, justamente a partir de su trabajo con los suicidios de jóvenes estudiantes... and so on.

LA CLÍNICA ES SOBERANA (conclusión “PD”). Nunca hemos de olvidar eso en nuestra practica futura, ni tampoco ignorar la facilidad con la que un caso es “amoldable” a casi cada una de las teorizaciónes existentes. Por eso creo que siempre será preferible ver cual es la explicación mas simple, antes de sentarse a construir una explicación sustentable y solidaria al modelo con el que “simpatizamos”: La elección de una teoría científica u otra es un acto fiduciario equiparable al de la creencia religiosa, y aquí también lo único importante es elegir el camino del bien, de la ética y de la moral.











INDICE:


001 (INTRODUCCIÓN) “ESTOY MUERTA EN VIDA”

002 (DESARROLLO) HE DE EXPLAYARME PRIMERO SOBRE

004 (CONCLUSIÓN) CUALES SON LAS VENTAJAS DE PODER PENSAR LA TRANSFERENCIA COMO-FANTASÍA Y/O JUEGO?
005 WINNICOT Y EL ESPACIO TRANSICIONAL

005 (CONCLUSIÓN “PD”) LA CLÍNICA ES SOBERANA









BILIOGRAFIA:


· FREUD, S. “Sobre la transposición de la pulsion, en particular del erotismo anal (1917)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XVII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 118-119.
· FREUD, S. “El sepultamiento del complejo de Edipo (1924)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XIX Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 181.
· FREUD, S. “Más allá del principio de placer Cap. 2 (1920)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XVIII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 16.
· FREUD, S. “Sobre la dinámica de la transferencia (1912)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 105.