Un día, me llaman del consultorio. Mi supervisora quería hablar urgente conmigo. Una paciente se había quejado de algo que yo había dicho... Gracias! Al otro día me despierto con esta intuición. El complejo de EDIPO, una de las piedras angulares de la teoría psicoanalítica TIENE QUE ESTAR MAL. ¡Debe haber algún error! Una revisión al estilo pensamiento inconsciente (si, chicos, ya sé que todo pensamiento es inconsciente), como una tormenta eléctrica va iluminando con flashes cada hipótesis. No puede hablarse de identificación con el padre; eso es sexista y discriminador. ¿Qué padre en una pareja de mujeres que cría un hijo (o hija, claro)? No, burro: con el rol de padre... Pero no. ¿Acaso hay un rol de padre que una madre no pueda cumplir? ¿Cómo que “rol de padre”? ¿Por qué de padre? ¿Cómo que “la ley”? ¿Acaso no hay una ley de madre? Hablar de un rol estable asociado a la palabra “padre”, es discriminador y sexista. ¡Y encima, LA LEY! Flor de bardo en el que te metes. ¿Acaso un hombre no puede querer re-invaginar su producto? Y... sí. Simbólicamente hablando, claro que sí. Lo mismo que una mujer puede ostentar el poder del tener. Sucede todos los días. Pero convengamos que para que la teoría del EDIPO funcione, la dinámica re-invaginadora, y la castradora deben ocurrir: es decir, una pareja parental en la que cada uno de los integrantes cumple uno de esos roles. Con lo cuál estaríamos diciendo, una vez más en la historia, que la única pareja que funciona, es la que se complementa en sendas carencias. Eso sí, quememos la veintena de tomos verde-Amorrortu, anque los bordó, en esta cacería de discriminadores. No hay rol de PADRE... de madre... ¿Sí?
La naturaleza está mal; hay que romperla... también.
Desde que el mundo es mundo (ya vendrá la munda, o lo mundo), hicieron falta, para no usar términos discriminadores, una gameta xx y otra xy, para reproducir un nuevo individuo, con excepción de los seres que gozan de la reproducción asexuada (ya volveré sobre este punto, parece), como amebas y paramecios, y algún que otro organismo pluricelular. Desde entonces, un portador de cada germen, al menos, se procuraba uno del otro para dar lugar a un hijo (o hija). Y si un individuo era activado hacia el instinto reproductivo, era ese el único camino a seguir. Y hasta hace algunos años, quizás unas décadas, al ser humano con impulso hacia la pro-creación, no le quedaba otra que buscarse su “opuesto complementario”... Eso ya es historia, señores y señoras (y señoritas y señoritos). Hoy existen una serie de maneras de pro-crear sin estar obligado a formar una pareja heterosexual. Desde la donación de esperma, pasando por el alquiler de vientre, hasta la maravillosa clonación a partir de un óvulo y una célula del mismo individuo. Hasta hace una veintena de años, la alternativa era la adopción de un individuo procreado a la antigua. Eso permitía la articulación de toda la elucubración EDÍPICA, ya que, detrás del oscuro rincón del jugador, había otro moviéndolo (y detrás, Dios. Y detrás de Dios, solo Borges sabe quién). Hoy el juego es con fichas grises, todas. Se rompe el Edipo. ¿O no?
Edipo no se rompe...
La propuesta es la siguiente: en el Edipo de familias sin discriminación de género, la salida del complejo es la desaparición compulsiva de uno de éstos. Es decir: o es la salida BORRANDO el padre, o NEGANDO lo paternal.
Propongo que en una pareja “marental” de mujeres que se propone la indiscriminación de género en la procreación, lo que se busca, es que el padre NO-EXISTA. Cómo se lo logra: con el donante de esperma ANÓNIMO, IMPOSIBLE DE RASTREAR, en un principio. O bien, con el descubrimiento de la CLONACIÓN en la que ninguna gameta masculina interviene.
Y en la otra mano, la pareja “parental” homosexual masculina, sucede lo propio, negándole la intervención a la mujer, rebajándola a una incubadora, rechazando la necesidad de la intervención de una relación heterosexual para engendrar. En este caso, no puede borrarse, aún, a la madre. No se consigue el anonimato maternal.
Pongo esto a consideración de mis colegas...
Quiero decir, es una idea reciente. Me motiva investigar hasta dónde se ha revisado y corregido la teoría, en busca de su articulación con tiempos presentes y futuros. Espero todas las críticas y contrapropuestas...
Borrosamente intuyo qué, en la homosexualidad masculina, se tiende a reprimir el rol de padre; lo mismo, en la femenina, la tendencia es al rechazo del rol.


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