Wednesday, September 03, 2008

Vocación vs. Síntoma
Las series complementarias y el AR-GE-VOC


El presente trabajo es un intento de responder a la pregunta de la vocación. Y entenderemos por tal termino:
VOCACIÓN n. f. (lat. vocationem). Inclinación natural de una persona por un arte, una profesión o un determinado género de vida: vocación por la música.
2. TEOL. Llamada al sacerdocio o a la vida religiosa.
(c) Larousse, 1997
a partir de esta definición plantaremos varios interrogantes para ver si luego podemos sintetizarlos en una pregunta muy puntual a la que ya arribaremos en su momento. El primer punto ambiguo de nuestra definición de la palabra vocación es el hecho, no de que sea una inclinación, ya que estamos de acuerdo con el termino siempre y cuando se piense por tal, a una forma de tendencia hacia un objeto que por X motivo es de atracción o valencia positiva, al decir de la teoría dinámica del campo psicológico (K. Lewin) – Ya también entraremos en el tema de esa mencionada X- ; decíamos que nuestro primer punto obscuro será el hecho de que esta inclinación hacia una actividad sea “natural”. Es este un lugar común de discusión en muchas áreas del saber: ¿A que llamamos natural (y a que no podríamos llamar así)?

NATURAL adj. Relativo a la naturaleza: ciencias naturales; fenómenos naturales.
2. Intrínseco a la naturaleza de un ser: bondad natural.
3. Que se tiene por naturaleza, no adquirido: cabello de color natural, no teñido.
4. Normal, conforme al orden habitual de las cosas: es natural que quiera liberarse.
5. Genuino, no adulterado ni elaborado: vino natural.
6. Espontáneo, exento de afectación: lenguaje simple y natural.
7. Que se encuentra en la naturaleza: gas natural.
Al natural, sin artificio, sin aderezo: lata de atún al natural.
Hijo natural, el nacido fuera de matrimonio.
Muerte natural, muerte que se produce a consecuencia de una enfermedad o de la edad.
Nota natural (MÚS.), nota que no está modificada por ninguna alteración.
Número natural, cada uno de los números enteros positivos, como el 0, el 1, el 2, ...
Religión natural, conjunto de creencias y preceptos relativos a Dios y a la moral, fundados únicamente en la razón y la conciencia.
§ n. m.
11. Manera de ser de una persona: ser de natural sencillo.
(c) Larousse, 1997

Salta a la vista un factor común en todas las alternativas par este termino en apariencia tan inocente: no modificado POR ACCION DEL SER HUMANO. Pero detengámonos en la “nota natural”, “religión natural” y “normal... conforme al orden habitual de las cosas”; nos encontramos con tres posibilidades bien delimitadas: sin alteración; idea a la que se llega a través del intelecto; lo estadísticamente mas probable. Mas allá de que no creemos favorable complicar un poco mas semejante escollo con la propuesta de que todas estas acepciones tienen un tono de causalidad como trasfondo, no podemos dejar pasar la oportunidad de al menos mencionar que parece que este aquí una de las patas de la mesa que estamos intentando construir. ¿Hay una “causa” en la vocación?

CAUSA n. f. (lat. causam). Lo que se considera como fundamento u origen de algo: conocer la causa de un fenómeno; no hay efecto sin causa.
2. Motivo o razón para obrar: no sé la causa que le impulsó a hacerlo.
3. Der. Fin que busca una persona que se obliga hacia otra; conjunto de circunstancias que determinan la situación de una persona en justicia desde el punto de vista legal.
4. Filos. Antecedente lógico o real que produce un efecto.
A causa de, por efecto, a consecuencia de.
(c) Larousse, 1997

Preguntamos por la causa, porque como pensadores semi-profesionales tenemos la obligación de relativizar tanto como se pueda. Pensemos que si nuestra definición de vocación parte de la idea de “natural” como la aparente antitesis de “causado (por la voluntad del hombre)”, entonces parece que estamos en las puertas con las que se encontraron los primeros en pensar el funcionamiento del espíritu humano. Ya se piense en el estudio de la conducta, la motivación, sea esta conciente o determinada por voluntades oscuras para la persona, o el estudio de la tendencia del psiquismo hacia el mundo por vaya uno a saber que extraño impulso etéreo, el que recibió los nombres mas diversos y similares a veces a lo que en psiquiatría se conoce con el nombre de neologismo (elain vital, apeiron, intencionalidad de la conciencia, etc. y etc. ...), siempre y en todos los casos el misterio fue el mismo: ¿Qué será lo que anima al ser humano?
Pero volviendo a la tópica que nos motiva (vaya uno a saber por qué), la vocación es una tendencia o inclinación hacia una actividad, tendencia esta... inmotivada, según nuestro diccionario. El punto es que seria una tendencia que parte de ningún otro lado que de la propia persona, lo que nos invita a la segunda acepción del termino vocación: llamado al sacerdocio, a la vida religiosa. Y dejemos arbitrariamente de lado el sacerdocio, que aparentemente aquí es equivalente a la religión y concentrémonos en “llamado a la religión”: esto nos remite inmediatamente a palabras de la escuela Suiza de psicología analítica iniciada por Carl Jung. Vemos que el llamado a la religión seria un punto esencial para el desarrollo de la persona sana: la individuación. Religión vale aquí como intento de volver a ligar; lo que se intentaría ligar según este pensador es, y en términos lo mas simple posible, el pasado ancestral con la vida particular del sujeto de dicho llamado (voccare: llamar, nombrar). Pero vemos que seguimos en el mismo escollo mientras no nos inclinemos a apostar por alguna de las explicaciones ya existentes a este misterio: ¿Quién es el que llama? Hemos llegado al nudo del tema que queremos tratar en este trabajo; esto intenta ser la introducción a una temática compleja y con respuestas de lo mas diversas, y que va a ser la idea directriz del planteo presente, a saber:

¿Cuál es la causa de la vocación? ¿Quién es el que llama?

Y la Hipótesis del trabajo – que preferiremos por supuesto no sea corroborada, ya que la verdadera voluntad detrás de esta humilde investigación estará mas del lado de las preguntas bien formuladas que de las respuestas que siempre se sabrá que no son mas que explicaciones posibles y NUNCA LA VERDAD – es que es posible comprender la respuesta al llamado de la vocación a partir del modelo propuesto por el psicoanálisis para “explicar” la “causa” del síntoma: LAS SERIES COMPLEMENTARIAS; articulando este a la técnica de orientación vocacional conocida con el nombre de AR-GE-VOC, o árbol genealógico vocacional (o también, genograma vocacional).


LAS SERIES COMPLEMENTARIAS:

Para desarrollar el trabajo que aquí se intenta, trataremos de pensar si acaso la respuesta al llamado de la vocación no es homologable al síntoma. “Se discute si las neurosis son enfermedades exógenas o endógenas, consecuencia necesaria de una determinada constitución o producto de ciertas acciones traumáticas nocivas, planteándose asimismo el problema de si son motivadas por la fijación de la libido y otras particularidades de la constitución sexual o por la influencia de la frustración. Mas tales dilemas poseen tan escaso sentido como este otro que uno podría plantearse: ¿El niño nace por haber sido procreado por el padre o por haber sido concebido por la madre? Naturalmente, nos responderemos que ambas condiciones son igualmente indispensables. Pues bien: en la etiología de la neurosis sucede algo muy análogo, si no idéntico. Desde el punto de vista etiológico, las enfermedades neuróticas pueden ordenarse en una serie en la que los dos factores, constitución sexual e influencias exteriores, o si se prefiere, fijación de la libido y frustración, se hallan representados de tal manera, que cuando uno de ellos crece, el otro disminuye. En uno de los extremos de esta serie se hallan los casos límites de los cuales podemos afirmar con perfecta seguridad que, dado el anormal desarrollo de la libido del sujeto, habría éste enfermado siempre, cualesquiera que fuesen los sucesos exteriores de su vida y aunque ésta se hallase totalmente desprovista de accidentes. Al otro extremo hallamos los casos de los que, por el contrario, podemos decir que el sujeto hubiera escapado, desde luego, a la neurosis si no se hubiera encontrado en una determinada situación. En los casos intermedios nos hallamos en presencia de combinaciones tales, que a una mayor predisposición, dependiente de la constitución sexual, corresponde una parte menor de influencias nocivas sufridas durante el curso de la vida, e inversamente. En estos sujetos, la constitución sexual no habría producido la neurosis sin la intervención de influencias nocivas, y estas influencias no habrían sido seguidas de un efecto traumático si las condiciones de la libido hubieran sido diferentes. Podría quizá conceder en esta serie un cierto predominio a la predisposición, pero una tal concesión por parte mía habría de depender siempre de los límites que convinierais en asignar a la nerviosidad.”
LECCIÓN XXII PUNTOS DE VISTA DEL DESARROLLO
Y DE LA REGRESIÓN. ETIOLOGÍA – FREUD, OBRAS COMPLETAS.

"La elección vocacional es siempre una respuesta que cada sujeto puede dar a una interpelación vocacional en función de su historia y de las múltiples determinaciones de su estructura inconciente, a partir de su inserción en el tiempo y lugar en el que le toca vivir". (Sternbach,1983)
Por lo tanto, no es el objetivo de la Orientación Vocacional promover una respuesta del Orientador, sino la búsqueda de cada persona en torno a la pregunta qué hacer, quién ser y desde la generación del rescate del pensamiento crítico acerca de sí mismo, de la realidad y de la construcción de un proyecto de vida.

Vemos como se van hermanando los criterios y de a ratos al releer el texto extraído de la obra de Freud nos da la impresión que estuviéramos leyendo sobre el camino seguido por la persona para hacer su elección vocacional. Camino que parece ser no tan voluntario y conciente... al menos no siempre.

Sigamos un poco mas al autor en la definición del mecanismo de formación de ¿Síntoma?
“Para facilitar nuestra labor de exposiciones daremos a estas series el nombre de «series complementarias». Más adelante tendremos ocasión de establecer otras análogas.
La tenacidad con que la libido se adhiere a determinados objetos y orientaciones, o sea lo que pudiéramos llamar su viscosidad, se nos muestra como un factor independiente que varía en cada individuo, y cuyas normas nos son totalmente desconocidas. No debemos despreciar como desprovista de importancia la intervención de este factor en la etiología de las neurosis, pero tampoco habremos de considerar demasiado íntima su relación con esta etiología. Tal viscosidad de la libido -dependiente de causas ignoradas- aparece también ocasionalmente en individuos normales y se nos muestra, asimismo a título de factor determinante, en [OTRAS] personas...”

Hagamos el intento concreto de articular las series con lo que puede haberle sucedido a nuestro hipotético personaje, victima de una vocación mas o menos destinada. Para ello nos serviremos de nuestra herramienta de orientación vocacional, una de ellas, que apela a que la persona indague en su pasado en busca de modelos identificatorios... Una pregunta que ahora se hace mas o menos obligada es: ¿Esta la vocación determinada por identificaciones de un pasado mas o menos remoto, o es acaso el resultado de una identificación futura y posible? Porque no será lo mismo guiar los pasos de nuestro ingenuo desorientado por las vocaciones de sus ancestros con intención de que se informe o con la estratégica idea de que consiga ese insight que le esta faltando para saber quien es y quien va a ser. Otro de nuestros autores de cabecera, Bohoslavsky R., plantea la elección vocacional como un intento de reparación. ¿Qué se repara? Un objeto dañado (M. Klein & co.). ¿Qué objeto? Muy simple: un pro-genitor. Ya sea la madre, vorazmente atacada, ya sea el padre, rival edípico de la criatura que quiere apoderarse vorazmente de la madre. Y ahora hemos mencionado un punto complejo mas: el Edípico. Sabemos que el psicoanálisis plantea (y muchas otras escuelas adhieren) que el modelo de todas las futuras identificaciones no es otro que la manera en la que resuelva nuestro paciente y desorientado personaje ficticio y anónimo, su problemática edípica. Y sabemos que de cómo se relacione con los espejos serán la calidad de sus identificaciones.
Transcribimos a continuación un extracto de una obra que por casualidad (o no) se cruzo en nuestro camino e intenta graficar la causalidad sufrida por Narcisoio como una identificación especular de la que parece no tener salida:



TEATRALIA N-E: ESCENA29:(NARCISOIO):Y mi madre donde espera?..Enferma inútil loca o esperanzada!...Madre del Narciso si no estas muerta en cual rincón de lo primordial te escondes?..Déjame verte en la vocación de lo que ama si Amor no es de mi reino yo habito otro dominio...Otra sed donde estoy solo...Madre innumerable Musa impredecible..Virgen de un Indio visionario quien te descubrió entre las Rosas!..Madre cibernética plural sin lógica..Madre de Todos en el Principio y fin de los Narcisos!..Madre del Quanta misteriosa no me dejes solo...No puedes morir pues sin Ti el Universo seria una migaja de miseria y soledad..Y mas allá de la Muerte donde esperas...Y mas acá de la Vida donde vives heme aquí preso en la furiosa egologia del mimismo!..Madre de mi Temor y Madre de mi Horror por lo que Vive!..Altar del Narciso mi orgullo es a tus pies locura en el abismo!..Madre...Madrecita de mi eterna pena!...Donde vives?..Donde existes en este mi narcisismo del mundo!...Madre y abuela del Narciso..Madre de lo que se Cree y lo que se Inventa..No soy una invención mas del simismo?...Si Estoy en la Imagen es porque Soy en el Narciso..Y al ser en Narciso Soy un invento de mi Madre!.. Madre..no estoy solo en la soledosa soledad de aquel Abismo!...Mamaaaaaaaaaaaaaa!

Acto seguido dirijamos nuestros pasos por las ramas de la técnica que tomaremos para graficar nuestra hipótesis de trabajo:

AR-GE-VOC

Genograma vocacional: a través de esta técnica se intenta lograr una historización de los estudios y los trabajos que los miembros de la familia, en línea ascendente, han realizado. Esto permite construir sentidos en los mandatos familiares que se presentan en los discursos parentales. De la confrontación de las historias de los miembros del grupo se comienzan a re-construir las representaciones, que del estudio y del trabajo, poseen los adolescentes. Al mismo tiempo, suele surgir la necesidad en los jóvenes de indagar con su familia estos datos lo que favorece la instalación del diálogo con los padres, abuelos, tíos, en el sentido de la búsqueda que está realizando.
A menudo sucede que la elección de la carrera que la persona desea estudiar no se inicia en el bachillerato, al enterarse de las fechas de los exámenes de admisión a las universidades. Se inicia, más bien, desde que nacemos y se va reconstruyendo a lo largo de los años.
Ante el desconocimiento de que la toma de decisión supone un proceso, cuando les llega el momento de elegir carrera, algunas personas entran en crisis y utilizan diversos métodos para salir del paso: eligen la carrera de su mejor amigo, la que su padre estudió, la más corta o la que eligió el primer compañero que les hable en la fila de inscripciones. Es decir, no eligen de manera autónoma y consciente.

Un par de paginas atrás veníamos planteando que de cómo uno se relacione con los espejos dependerán la calidad de las identificaciones, y a su vez esto determinara de algún modo, y si andamos por buen camino, la modalidad de elección vocacional. Traigamos aquí otro aporte de un autor ya citado:

Bohoslavsky nos habla de “identidad vocacional” como una elección relacionada con un intento de reparación que podrá ser:

1- Autentica
2- Pseudoreparacion: a) Maniaca
b) Melancólica
c) Compulsiva
d) ¿?
Si acaso adherimos a esta tentadora posición, nuestro trabajo ira complicándose geométricamente, ya que habremos de pensar, en un intento de relacionar el citado autor con el que guía nuestros pasos desde el principio, como serán las identificaciones de una persona:
a)Maniaca; b) Melancólica; c) Compulsiva; y no podemos dejar a la neurótica, que acaso coincida con la categoría de “autentica” para nuestro amigo Rodolfo. No será entonces el mismo trabajo a realizar con la genealogía vocacional en cada caso, ya que nos encontraremos frente a la dicotomía de si acompañar al maniaco en su “loca idea” de ser conserje, como mamá, o digamos “Ciruja-no”, porque así podrá nuestro neurótico llevar sustento a casa de papá, que hace años esta en la ruina. Sabemos a donde conducirían a nuestro desorientado semejantes elecciones... ¿Sabemos? ¿Se puede hacer una clínica de la vocación? ¿Sería correcto? ¿O no seria atentar con nuestra omnipotencia contra la libertad y la facticidad? ¿Será que acaso la única alternativa es la de “ingenuamente” guiar hacia la información a este sujeto, mas allá de que pueda ver claramente, o no, lo que hay frente a el en el espejo del árbol genealógico vocacional? Ya vimos la suerte que corrió Narcisoio y las victimas de Norman Bates, incluida su madre embalsamada.

Creemos que no hemos de perder el horizonte del diagnostico presuntivo, al menos, al avocarnos a la tarea de la orientación vocacional. Ya sea para una oportuna derivación, o al menos para saber que no parecería recomendable hacer: llámese liberar las asociaciones, o guiar ingenuamente por los rincones del pasado. Vemos entonces como una tarea que parece bastante segura tiene sus riesgos e implica recaudos responsables basados en un recomendable diagnostico presuntivo, si mas no fuera posible.
Pero, bien; ¿Que hay de las series complementarias?
Sospechamos, fundadamente en la teoría psicoanalítica y otras realidades posibles, que un modelo que tiene en cuenta la pre-historia de significantes en la que se inserta un sujeto, las vivencias infantiles (del complejo de Edipo), entre las que ubicamos los paradigmas identificatorios que guiaran las elecciones de esta persona a lo largo de su vida (al menos hasta que se psicoanalice un par de años), y los factores desencadenantes, que nosotros llamaremos “realidad coyuntural que al Argentino (en este caso) le toca vivir como presente y futuro probable”, decíamos que un modelo tal parece ser un buen molde para encajar “Lo Natural” de la tendencia hacia una actividad que es la vocación. Eso si: la respuesta a la pregunta ¿Quién es el que llama? No parece estar mas cerca que al principio.
Veamos un ejemplo y un poco mas de teoría:


Descubrimos como nuestro autor de cabecera recuerda su elección vocacional:

“El presente quedaba entonces como oscurecido ante mis ojos, y los años de los diez a los dieciocho volvían a surgir de los recovecos de la memoria, con todos sus presentimientos y desvaríos, sus dolorosas trasmutaciones y sus éxitos jubilosos, con los primeros atisbos de culturas desaparecidas -un mundo que, para mí al menos, llegó a ser más tarde un insuperable medio de consuelo ante las luchas de la vida-; por fin, surgían también los primeros contactos con las ciencias, entre las cuales creíamos poder elegir aquélla que agraciaríamos con nuestros por cierto inapreciables servicios. Y yo creo recordar que durante toda esa época abrigué la vaga premonición de una tarea que al principio sólo se anunció calladamente, hasta que por fin la pude vestir, en mi composición de bachillerato, con las solemnes palabras de que en mi vida querría rendir un aporte al humano saber.


Como psicoanalista, debo interesarme más por los procesos afectivos que por los intelectuales; más por la vida psíquica inconsciente que por la consciente. La emoción experimentada al encontrarme con mi antiguo profesor del colegio me conmina a una primera confesión: no sé qué nos embargó más y qué fue más importante para nosotros: si la labor con las ciencias que nos exponían o la preocupación con las personalidades de nuestros profesores. En todo caso, con éstos nos unía una corriente subterránea jamás interrumpida, y en muchos de nosotros el camino a la ciencia sólo pudo pasar por las personas de los profesores: muchos quedaron detenidos en este camino y a unos pocos -¿por qué no confesarlo?- se les cerró así para siempre.

Los cortejábamos o nos apartábamos de ellos; imaginábamos su probablemente inexistente simpatía o antipatía; estudiábamos sus caracteres y formábamos o deformábamos los nuestros, tomándolos como modelos. Despertaban nuestras más potentes rebeliones y nos obligaban a un sometimiento completo; atisbábamos sus más pequeñas debilidades y estábamos orgullosos de sus virtudes, de su sapiencia y su justicia. En el fondo, los amábamos entrañablemente cuando nos daban el menor motivo para ello; mas no sé si todos nuestros maestros lo advirtieron. Pero no es posible negar que teníamos una particularísima animosidad contra ellos, que bien puede haber sido incómoda para los afectados. Desde un principio tendíamos por igual al amor y al odio, a la crítica y a la veneración. El psicoanálisis llama «ambivalente» a esta propensión por las actitudes antagónicas; tampoco se ve en aprietos al tratar de demostrar el origen de semejante ambivalencia afectiva.


En efecto, nos ha enseñado que las actitudes afectivas frente a otras personas, actitudes tan importantes para la conducta ulterior del individuo, quedan establecidas en una época increíblemente temprana. Ya en los primeros seis años de la infancia el pequeño ser humano ha fijado de una vez por todas la forma y el tono afectivo de sus relaciones con los individuos del sexo propio y del opuesto; a partir de ese momento podrá desarrollarlas y orientarlas en distintos sentidos, pero ya no logrará abandonarlas. Las personas a las cuales se ha fijado de tal manera son sus padres y sus hermanos. Todos los hombres que haya de conocer posteriormente serán, para él, personajes sustitutivos de estos primeros objetos afectivos (quizá, junto a los padres, también los personajes educadores), y los ordenará en series que parten, todas, de las denominadas imagines del padre, de la madre, de los hermanos, etc. Estas relaciones ulteriores asumen, pues, una especie de herencia afectiva, tropiezan con simpatías y antipatías en cuya producción escasamente han participado; todas las amistades y vinculaciones amorosas ulteriores son seleccionadas sobre la base de las huellas mnemónicas que cada uno de aquellos modelos primitivos haya dejado.

Pero de todas las imagines de la infancia, por lo general extinguidas ya en la memoria, ninguna tiene para el adolescente y para el hombre mayor importancia que la del padre. El imperio de lo orgánico ha impuesto a esta relación con el padre una ambivalencia afectiva cuya manifestación más impresionante quizá sea el mito griego del rey Edipo. El niño pequeño se ve obligado a amar y admirar a su padre, pues éste le parece el más fuerte, bondadoso y sabio de todos los seres; la propia figura de Dios no es sino una exaltación de esta imago paterna, tal como se da en la más precoz vida psíquica infantil. Pero muy pronto se manifiesta el cariz opuesto de tal relación afectiva. El padre también es identificado como el todopoderoso perturbador de la propia vida instintiva; se convierte en el modelo que no sólo se querría imitar, sino también destruir para ocupar su propia plaza. Las tendencias cariñosas y hostiles contra el padre subsisten juntas, muchas veces durante toda la vida, sin que la una logre superar a la otra. En esta simultaneidad de las antítesis reside la esencia de lo que denominamos «ambivalencia afectiva».

En la segunda mitad de la infancia se prepara un cambio de esta relación con el padre, cambio cuya magnitud no es posible exagerar. El niño comienza a salir de su cuarto de juegos para contemplar el mundo real que lo rodea, y debe descubrir entonces cosas que minan la primitiva exaltación del padre y que facilitan el abandono de este primer personaje ideal. Comprueba que el padre ya no es el más poderoso, el más sabio y el más acaudalado de los seres; comienza a dejar de estar conforme con él; aprende a criticarle y a situarle en la escala social, y suele hacerle pagar muy cara la decepción que le produjera. Todas las esperanzas que ofrece la nueva generación -pero también todo lo condenable que presenta- se originan en este apartamiento del padre.

En esta fase evolutiva del joven hombre acaece su encuentro con los maestros. Comprenderemos ahora la actitud que adoptamos ante nuestros profesores del colegio. Estos hombres, que ni siquiera eran todos padres de familia, se convirtieron para nosotros en sustitutos del padre. También es ésta la causa de que, por más jóvenes que fuesen, nos parecieran tan maduros, tan remotamente adultos. Nosotros les transferíamos el respeto y la veneración ante el omnisapiente padre de nuestros años infantiles, de manera que caíamos en tratarlos como a nuestros propios padres. Les ofrecíamos la ambivalencia que adquiriéramos en la vida familiar, y con ayuda de esta actitud luchábamos con ellos como habíamos luchado con nuestros padres carnales. Nuestra conducta frente a nuestros maestros no podría ser comprendida, ni tampoco justificada, sin considerar los años de la infancia y el hogar paterno.

Pero como colegiales también tuvimos otras experiencias no menos importantes con los sucesores de nuestros hermanos, es decir, con nuestros compañeros. Estas empero han de quedar para otra ocasión, pues el jubileo del colegio orienta hacia los maestros la totalidad de nuestros pensamientos.”

«Sigmund Freud: Obras Completas»¿Por qué?

En esos años se lo escucho hablar de la búsqueda de felicidad como el motor del espíritu, idea esta a la que adherimos sin lugar a dudas. En el fondo de la intencionalidad, el halito de vida, el anima o como quiera llamarse a esa energía que mueve al ser a vivir (en el mejor de los casos), vemos una búsqueda de bien-estar o felicidad. “El hombre elige el bien” decía un gran y discutido humanista. Eligiendo determina lo que es bueno y “elige como quisiera que todos después de el lo hicieran”.

“Cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. Ya aquí desempeña un papel determinante la constitución psíquica del individuo, aparte de las circunstancias exteriores. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos; el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que pueda medir sus fuerzas. En el segundo de estos tipos, la orientación de los intereses será determinada por la índole de su vocación y por la medida de las sublimaciones instintuales que estén a su alcance. Cualquier decisión extrema en la elección se hará sentir, exponiendo al individuo a los peligros que involucra la posible insuficiencia de toda técnica vital elegida, con exclusión de las restantes. Así como el comerciante prudente evita invertir todo su capital en una sola operación, así también la sabiduría quizá nos aconseje no hacer depender toda satisfacción de una única tendencia, pues su éxito jamás es seguro: depende del concurso de numerosos factores, y quizá de ninguno tanto como de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del placer. Quien llegue al mundo con una constitución instintual particularmente desfavorable, difícilmente hallará la felicidad en su situación ambiental, ante todo cuando se encuentre frente a tareas difíciles, a menos que haya efectuado la profunda transformación y reestructuración de sus componentes libidinales, imprescindible para todo rendimiento futuro. La última técnica de vida que le queda y que le ofrece por lo menos satisfacciones sustitutivas es la fuga a la neurosis, recurso al cual generalmente apela ya en años juveniles. MALESTAR EN LA CULTURA
LA ORIENTACIÓN VOCACIONAL
(Acercándonos a una conclusión)

En el abordaje de la O.V, en el nivel escolar, operamos en el momento en que la elección vocacional enfrenta al adolescente con el entorno, el cual espera que pueda definir su proyecto de vida, decir quién ser y qué hacer. El joven debe ocupar un nuevo lugar, insertarse en el circuito productivo, ya sea con la inserción laboral o bien con la elección de carrera que lo llevará al ejercicio de un trabajo. Este momento pone en juego el entramado de identificaciones, representaciones de sí mismo, del mundo del trabajo donde el sujeto construirá los objetos de elección. De este modo, la inclusión del eje del trabajo resulta imprescindible. Por eso conviene plantear algunas cuestiones en torno a las actuales realidades del mundo del trabajo.
La familia es un sistema en el que el cambio de una parte, logra cambios compensatorios en otras partes del mismo, sistema que opera en todos los niveles de eficacia desde un funcionamiento óptimo a una disfunción total. Las familias generalmente no buscan ayuda hasta que se ha perdido la flexibilidad del sistema y ha empeorado el funcionamiento de un miembro. Hay síntomas que en cualquier parte de la familia se ven como evidencias de disfunción, ya sean emocionales, físicos, conflictuales o sociales. El abordaje familiar ayuda a los miembros de la familia a hacerse expertos en el sistema.
Estas reglas clínicas presentes en algún grado en todas las familias, siguen el patrón general del proceso familiar que diagnostica, clasifica y asigna características a alguno de los miembros de la familia.
La persona que se acerca al psicólogo es la puerta de entrada al sistema. La familia muestra al terapeuta que el centro es el enfermo, que es el que debe curarse, anulando cualquier otra problemática.
La familia puede ser considerada un subsistema en relación con el ecosistema, entendiendo por esto el contexto dado, por ejemplo, barrio, medio laboral, escuela, iglesia, club, etc.
En la familia considerada como sistema, observamos dos principios básicos:
a) la tendencia a la homeostasis.
b) la capacidad de transformación.
A través del interjuego de ambos se mantiene el equilibrio del sistema pues la tendencia homeostática permite la estabilidad, la capacidad de transformación y el crecimiento.
De este enfoque alternativo, y ya a modo de cierre, pretendemos verificar que no es cosa de un modelo cierto y otro errado, sino que en mayor o menor grado (de complejidad), diferentes teorías o modelos pueden explicar los mismos fenómenos. A partir de lo plantado en estos últimos párrafos vemos como articular el AR-GE-VOC a partir de los conceptos sistémicos, y como, en realidad, a veces, cuando tenemos a nuestro sujeto de orientación, podemos llegar a olvidar que lo que el elija afectara mas o menos a la dinámica del sistema familiar. Hoy, ya en los últimos pasos para que nos acrediten como especialistas en alma (humana), vemos al fin el por que de la diversidad a la que nos acercamos a lo largo de nuestro fértil plan de estudios. Diversidad que nos mantiene alertas para ver como las dificultades de un modelo pueden ser al menos emparchados con partes de otros modelos hasta que un nuevo genio de la talla de tantos que nuestra carrera nos acercó, consiga articular la diversidad en una nueva y mejorada singularidad teórica.
Es importante tomar en cuenta que el trabajo en orientación vocacional nos apremia, como psicólogos, a revisar con frecuencia el pronóstico de cada uno de los consultantes, así como a observar el comportamiento grupal, pues ambos aspectos serán indispensables para decidir nuestra estrategia de trabajo.
La estrategia podrá ser orientada a llevar a los consultantes a reflexionar en su decisión, observando los elementos de su personalidad que apuntalan a su elección y analizando las consecuencias de esta en su vida futura.
Será este el espacio que permita expresar dudas, temores, ansiedades y reflexiones acerca del proceso de elección vocacional. Llevaremos a la persona conocer por qué y para qué elige determinada carrera, de manera que pueda discutir las ventajas y desventajas de su decisión con sus amigos, padres y maestros. Además, ayudaremos a nuestros hipotéticos consultantes a conocer de si mismos, favoreciendo y/o destrabando su proceso de individuación.

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