Martillando la teoría
Si la transferencia es función de la regresión, que es una respuesta a la frustración en la realidad, esta directamente relacionada con la fantasía. Las fantasías son regresiones a “lugares” que no fueron frustrantes. ¿pero que pasa con la repetición de aquellas situaciones de frustración? Repetición, al modo del Fort-Da del nieto de Freud, es decir, un juego: un juego en el que se trata de pasar de la pasividad a la actividad en esa situación frustrante. ¿Será que la fantasía no siempre es de satisfacción? ¿Será que el juego no siempre es fantasía? Porque si queremos formalizar a la transferencia como respuesta a la situación de encuadre analítico, pensando a esta como una situación potencialmente frustrante, nuestra teorización empezaría a hacer agua si no podemos imbricar a la fantasía y al juego como dos caras de la misma moneda. Vemos que en la situación analítica no puede suceder otra cosa que la transferencia si pensamos a ésta como la forma básica de vinculación social, es decir, la repetición de clichés que tienen que ver con cómo uno se vincula habitualmente, cómo se posiciona frente a la realidad como frustrante, a ese interlocutor como desafío al aparato psíquico que ha de arreglárselas para responder de modo de “mantener todo bajo control”; aunque claro está, ésta “matriz de relación social”, que sabemos que está directamente relacionada con cómo cada quien se las arreglo para no caer en el incesto, no sufrir la realización de la amenaza y mantener las tendencias a la endogamia a ralla, todo esto, no es “igual” de un lado del encuadre y del otro. Afuera del encuadre nos define como persona y personalidad, mientras que del lado de adentro del encuadre analítico nos define según como nos las arreglemos con esa famosa frustración que se conceptualiza como falta.
Por otro lado sabemos que la fantasía es un escape a las situaciones que nos dejan en falta y que el juego como situación en la que el niño se ubica como realizando activamente aquello que sufrió pasivamente no es otra cosa que fantasía... y por mas que fuera un juego que realiza activamente lo que disfruto pasivamente, o que repite activamente lo que disfruto pasivamente, sigue siendo fantasía. Así podemos pensar a la fantasía como un juego y la situación terapéutica como un lugar de juego, de fantasías actuadas mas o menos inconcientemente. ¿Es el juego algo conciente? Ese es otro tema: ¿Está el niño conciente de su juego? Retomando, la idea es que: si la fantasía es la salida regresiva de la situación frustrante, que regresa a los lugares de fijación; que si la situación de encuadre puede ser pensada como situación de “frustración controlada” (que es otro tema a tocar); que si la transferencia puede pensarse como actuando las fantasías, de modo de producir activamente eso que se sufrió pasivamente; entonces decimos que la transferencia tiene dos aspectos: uno relacional, como “modus operandi” frente a determinadas situaciones, y otro que tiene que ver con el interlocutor hacia el cual van fantasiosamente destinadas las conductas de la transferencia. La transferencia es una conducta dirigida a un objeto de la fantasía, a un objeto frustrante en la realidad a veces, y otras a uno satisfactor. Entonces pues mi teorización hace agua. Ya que si la situación terapéutica es frustrante, la transferencia no debería estar relacionada con situaciones de satisfacción. A menos que uno pensara que esas situaciones de satisfacción fueron los destinos de la actividad fantaseadora realizada en esa otra situación tan frustrante como la del encuadre, u de la que pena el analizante en cuestión. Por acá anda la cosa!...
(The truth is rarely pure and never simple) Joyce.
“Estoy Muerta en Vida” (introducción):
El presente trabajo es un intento. Y aunque parezca un tanto desorientadora la forma en la que introduzco lo que sigue, la verdad es que no se me ocurre aún cómo presentarlo formalmente; veremos si a lo largo del presente desarrollo o al menos al final, en el mejor de los casos, consigo redondearlo como una tentativa por demostrar cómo tres conceptos de la psicología convergen en tres funciones de un mismo mecanismo. El disparador de esta idea lo encontramos en el caso clínico desarrollado por la Licenciada Marta Liberman, docente del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Kennedy Argentina, en el contexto de una serie de ateneos relativos a la asignatura “Psicología Clínica”; el mencionado historial lleva el nombre “Catalina, una reina sin trono” y consiste en una introducción que presenta a la paciente, derivada por un psiquiatra luego de la tercera de sus internaciones debidas a sus “ataques de furia”, el extracto de entrevistas, análisis de las mismas, síntesis del cierre del trabajo y una serie de reflexiones sobre lo que se da en llamar “Patologías Narcisistas”, que es justamente el diagnostico asignado al mencionado caso.
Del mismo rescataré un dato de la pre-historia de la paciente, otro de su infancia, un dato de la historia, anterior a la entrada en el mencionado análisis, y un suceso ya en transferencia, pero fuera de lo que se denominaría oficialmente “encuadre”, elegidos con el fin de articular estos tres conceptos: fantasía, juego y transferencia, siempre enmarcado en la doctrina psicoanalítica.
El primero de los datos es referido a la infancia de la madre de Catalina: Su padre, el abuelo de Catalina, la acompañaba cada mañana hasta el paso a nivel donde ella cruzaba para ir al colegio.
El segundo, el de la infancia de Catalina: Su madre tira su muñeca preferida, con la que jugaba sola, ya que no le era permitido jugar acompañada de otros niños.
El tercero: La madre de Catalina “se tira” bajo el tren, en el lugar donde niña cruzaba vigilada por su padre; lo mas significativo: lo hace luego de llamar por teléfono a su hija y “avisarle” que iba a suicidarse ya que “no podía seguir viéndola así”, aviso éste que no preocupó a la paciente como una amenaza verosímil.
El cuarto y último, y el que marca cual un mojón, el final de una “etapa” en la psicoterapia de Catalina caracterizada por la agresividad y rebeldía en el vinculo con su terapeuta y la entrada en otra en la cual el vinculo giró hacia la moderación y un más profundo trabajo en el análisis: Catalina llama por teléfono a su psicoanalista “avisándole” que iba a arrojarse frente al paso del tren.
Propongo pensar la transferencia como la respuesta del aparato psíquico a una situación de frustración controlada: “El Encuadre” psicoanalítico; el punto de partida del método psicoanalítico. Por el mismo entendemos la fijación de las siguientes variables: ubicación espacio-temporal; naturaleza del vinculo como “intercambio” (dinero del analizante por trabajo del terapeuta) y reglamentación del vinculo (regla fundamental para el analizante y el analista: asociación libre y atención parejamente flotante).
He de explayarme primero sobre (desarrollo):
· ¿En qué consiste la frustración a la que se somete al aparato psíquico a partir del encuadre?
· ¿Por qué propongo a la fantasía y al juego en analogía con la transferencia?
A partir de aquí me limitare a trabajar con lo que sucede, al menos, fuera del diagnostico de franca psicosis, ya que en dicho caso el encuadre propuesto por el autor que me guía (S. Freud) en la lista de lecturas trabajadas en las clases de psicología clínica, sobre todo en los “Consejos al médico...”, no sería el más propicio o suficiente; pero eso es otro tema y excede la tarea a la que me avoco aquí.
(Y dice:) La pregunta que subyace al primer punto propuesto es: ¿Por qué el aparato psíquico de un analizante reacciona al encuadre con una transferencia? Sabemos que la transferencia, ya sea esta positiva y moderada, erótica y al servicio de la resistencia u hostil, no es otra cosa que la reactualización de una dinámica vincular relacionada con la historia vital del analizante, allí y entonces dirigida a un objeto libidinal representado por una persona significativa del sujeto en cuestión, aquí y ahora aplicada como si un “cliché” en la que el analista es un subrogado de aquel objeto mencionado. Sabemos que actúa aquello que no se ha de recordar (contenido reprimido). Sabemos que es un recurso invalorable para poder avanzar en el trabajo de análisis, ya que revela las dinámicas inherentes a como el analizante discurrió por la conflictiva edípica, complejo nuclear y decisivo de todo el funcionamiento post-edípico del aparato. Se infiere que implica una regresión, y las regresiones son a puntos de fijación de la libido, ya sea por exceso o defecto en la libidinizacion y entonces, a momentos altamente significativos en la vida de la persona. También se desprende que una regresión corresponde a una frustración en la vida pulsional. Ahora bien: esto nos deja con que la dinámica vincular es una respuesta a la frustración y que, afuera del encuadre nos define como persona y personalidad, mientras que del lado de adentro del encuadre analítico nos define según como nos las arreglemos con esa famosa frustración (que se conceptualizará como falta). Esto suena inmediatamente a la definición de fantasía, como respuesta regresiva a la frustración, desarrollo que demoraremos un poco más. Demorada esta también la pregunta inicial de este párrafo ¿Qué es exactamente lo frustrante del encuadre? Y bien, es exactamente lo mismo que hace que la misma dinámica vincular afuera del encuadre de lugar a la personalidad: “La Pasión Inútil” como lo formalizó Jean Paúl Saertre: la intersubjetividad es frustrante. Pensemos en el prototipo de toda relación interpersonal posible: la relación del niño con su madre. Las teorizaciónes Freudianas (por ejemplo en el punto B “La regresión” de su obra mas difundida, tal vez debido al sugerente titulo que lleva, y que hace pensar que uno descubrirá el oráculo onírico con solo leerlo: “La interpretación de los sueños” [1900]) piensan el origen de la actividad fantaseadora en la insatisfacción de la cría humana, como respuesta a la misma o como un intento de “postergar la descarga” interponiendo la evocación de la huella de satisfacción. La insatisfacción esta desde el origen. Ya un polémico Otto Rank llegó a pensar en “el trauma de nacimiento” -origen de toda intersubjetividad posible aquí- no del todo bien aceptado por la comunidad psicoanalítica.
Y Catalina, con su dinámica narcisista se frustra con la no respuesta a la demanda de su psicoanalista: su psicoanalista no es igual a ella (¡por suerte!), no se queda en ese lugar especular en que la transferencia intenta ubicarla... ¿Pero no afirmábamos (siguiendo a Freud) que la transferencia es “al lugar” de una persona significativa del pasado del paciente? Veamos mas detenidamente: En el narcisismo, el objeto libidinal es el propio yo de la persona. Entonces es coherente pensar que la regresión implícita en la transferencia, al volver al dicho punto de fijación pre-edípico, re-actualice su propia investidura libidinal y la dirija a la psicoanalista, así subrogado de su propio yo. Pero: ¿Quién es inconcientemente Catalina en el momento del llamado de aviso de suicidio sino su propia madre llamando a su hija con el mismo fin, diciéndole que estaba a punto de “tirarse” bajo el tren, como quien “tira” una muñeca a la basura (la preferida, quizás la misma que intento cortarse Catalina el día de su casamiento)? Y la habilidad de la psicoanalista fue la que esta vez consiguió romper el hechizo mortal, corriéndose una vez más de la transferencia narcisista. Aquí introduciré la tercera de las analogías que en este trabajo propongo: si podemos afirmar que mas allá de lo irregular del mismo, un llamado al analista es alguna forma de encuadre y por tanto, el llamado una manifestación transferencial; ahora propongo que, mas que una transferencia como respuesta a la frustración inherente a un encuadre, es este llamado, un intento de apropiarse de alguna manera, de una situación que Catalina tuvo que sufrir pasivamente, ubicándose así como actor activo (valga la redundancia) y sometiendo a un partenaire a lo que ella antes tuvo que sufrir: Léase “Un Juego”. Un juego análogo al que el Dr. Freud describe en un niño de un año y que se conoce como “El juego del Fort-Da”. Un intento de simbolización. Un peligroso intento de apropiarse de aquello tan significativo, pues reunía las condiciones que la teoría indica como eficientes para la formación patógena: las series complementarias. La de la prehistoria y la primera citada en este trabajo se articula muy bien con la segunda cita: El abuelo de Catalina cuidaba a su hija como se cuida a la muñeca preferida (que la madre tira). Los dos eventos articulados en una serie se resignifican posiblemente con el tercero: Su madre, quien en algún momento fue atesorada como una muñeca, se tira (previo aviso)... El resultado, como si de una ecuación o un silogismo, ella se va a tirar en el mismo lugar que su madre lo hizo (su madre quien hubo sugerido un suicidio en tandem alguna vez a la salida de una terapia fallida. Las muñecas falladas han de tirarse. No se las puede seguir viendo así.
Por artilugio del destino, Catalina subrogado madre tuvo en suerte llamar a la persona menos indicada para aceptarse como subrogado de la Catalina hija, y fue gracias a ello que esta vez el hechizo se rompió: esta vez Catalina es el héroe: el espejo le devuelve una imagen mejorada. La transferencia deja de ser especular y hostil (narcisista). Se instala la posibilidad de la transferencia como fantasía. Y sin más demora, por tal podemos pensar a la transferencia como escape de la situación de encuadre, ya en el marco de la posibilidad simbólica, a los “lugares” que en su momento fueron de “completud autoerótica” y así, refugio de la famosa incompletud llamada “falta”, o bien, repeticiones de las ocasiones en las que la historia del sujeto puso a este frente a frente con la incompletud (lo cual viene a ser lo mismo ya que podemos inferir que entonces la respuesta a la falta fue la fantasía autoerótica). Serán las ocasiones en que la transferencia sea aquella que deposita sobre el analista las dinámicas inherentes a la relación del analizante con personas significativas de su historia (historicidad) y ya no una mera relación de especularidad. Esto daría cuenta de por qué Catalina cambia su disposición hacia su analista luego de aquel evento en el que se centra este trabajo, entrando en la verdadera producción (reproducción) del análisis.
Cuales Son Las Ventajas de Poder Pensar La Transferencia como Fantasía y/o - Juego? (conclusión)
Yo creo en verdad que no es ambiciosa la afirmación implícita en la pregunta: debería tener sus ventajas. Pensemos que sin estas conjeturas, ubicar en este historial las dinámicas transferenciales en términos vinculares se hace algo confuso. ¿A qué lugar?; ¿A quién “representa” inconscientemente la psicoanalista para Catalina en la escena del “aviso”? Porque pensar quien es inconscientemente Catalina es fácil, sino obvio: su propia madre; pero ¿En que texto encontramos en Freud una transferencia tal que el paciente “proyecte” sobre el analista sus contenidos reprimidos si no es por ejemplo en los que trata precisamente de la proyección en los mecanismos paranoicos por ejemplo? Lo mismo, notamos inmediatamente que no se trata precisamente de contenidos “desconocidos” para la paciente, en este caso. Podríamos únicamente sospechar que sí lo hubieran sido hasta después de atravesada esta situación (aunque sabemos que la eficiencia del material inconsciente no implica una amnesia permanente, sino que es suficiente con que en el momento de la repetición implícita en la transferencia -o fantasía, o juego, ahora podríamos decir- este “recuerdo” permanezca “olvidado”). Igualmente nos dejaría en una especie de remanso teórico el hecho de que no se tratara tampoco aquí de una situación persecutoria, celotípica, erotomaníaca; quizás un tanto megalomaníaca, mas tampoco encaja en la teorización de la situación transferencial aquí en discusión. Pero al pensar en esta transferencia “narcisista”, que apenas algo tiene que ver con el narcisismo de la melancolía que piensa nuestro maestro (“Duelo y Melancolía” obras completas), ya que ahí nos cuenta cómo “...La sombra del objeto [dañado, perdido] ha caído sobre el yo...”, dando origen a la culpa y al dolor moral, que por supuesto aquí no encontramos, obligamos así a la realidad clínica a “amoldarse” a un concepto de la transferencia para nada ortodoxo, cuando es más simple y claro pensándolo como lo piensa Freud al teorizar sobre “el juego del doctor” de los niños, que “aplican inyecciones” a sus partenaires, las mismas inyecciones que hubieron de sufrir un rato antes ellos mismos en manos del verdadero doctor. Al fin y al cavo, si estamos pensando en la regresión de las patologías narcisistas, y si sabemos que las regresiones pueden ser tópicas, temporales y/o formales, y que pueden hacer resurgir “patrones de conducta” inherentes a periodos evolutivos teóricamente ya superados, con sus correspondientes puntos de fijación, objetos particulares, mecanismos de defensa, etc., entonces no veo por que no se puede pensar que el juego, como un modo de apropiarse de la realidad, inherente a un momento temprano en la formación del yo, vuelva convocado por esta regresión inherente al narcisismo de la que venimos hablando.
Winnicot Y El Espacio Transicional:
No me voy a extender mucho sobre los matices que D. Winnicot aplica al psicoanálisis, ni tampoco establecer una critica ni una defensa. Aquí solo intentaré señalar una analogía que creo interesante. Rápidamente notamos que la propuesta que este trabajo defiende parece bastante acorde a las teorizaciónes del enfoque de este autor ingles que escribió sobre “Realidad y Juego”. El espacio transiscional, el circulo mágico, el encuadre son diferentes nombres para un mismo lugar: aquel que no esta ni adentro ni afuera, que no es ni sujeto ni objeto; ese lugar donde se construye poco a poco la realidad a través del juego y del contacto con los objetos, transiscionales al principio, y poco a poco totales y exteriores. Y proponemos así que lo que Catalina hizo cuando realizo ese llamado fue construir una realidad que aun no estaba en sus manos: su madre había muerto y ella no era su madre. “La Muñeca” esta vez estaba en manos del analista que tuvo la suficiente como para cambiar un destino que parecía venir ejecutándose ininterrumpidamente por varias generaciones. Nuevamente como si un rayo una idea cruza mi mente: lo que hizo Catalina fue intentar cerrar una Gestalt abierta; o no: quizás fue victima del “Secreto” familiar, tal como lo propone Pichón Riviere; o quizás fue condicionada por una creencia disfuncional o de reglas muy rígidas en el sistema familiar; aunque está muy claro que padecía de una importante falta de “Sentido”, característico de las patologías “noógenas” que estudia Frankl, justamente a partir de su trabajo con los suicidios de jóvenes estudiantes... and so on.
LA CLÍNICA ES SOBERANA (conclusión “PD”). Nunca hemos de olvidar eso en nuestra practica futura, ni tampoco ignorar la facilidad con la que un caso es “amoldable” a casi cada una de las teorizaciónes existentes. Por eso creo que siempre será preferible ver cual es la explicación mas simple, antes de sentarse a construir una explicación sustentable y solidaria al modelo con el que “simpatizamos”: La elección de una teoría científica u otra es un acto fiduciario equiparable al de la creencia religiosa, y aquí también lo único importante es elegir el camino del bien, de la ética y de la moral.
INDICE:
001 (INTRODUCCIÓN) “ESTOY MUERTA EN VIDA”
002 (DESARROLLO) HE DE EXPLAYARME PRIMERO SOBRE
004 (CONCLUSIÓN) CUALES SON LAS VENTAJAS DE PODER PENSAR LA TRANSFERENCIA COMO-FANTASÍA Y/O JUEGO?
005 WINNICOT Y EL ESPACIO TRANSICIONAL
005 (CONCLUSIÓN “PD”) LA CLÍNICA ES SOBERANA
BILIOGRAFIA:
· FREUD, S. “Sobre la transposición de la pulsion, en particular del erotismo anal (1917)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XVII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 118-119.
· FREUD, S. “El sepultamiento del complejo de Edipo (1924)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XIX Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 181.
· FREUD, S. “Más allá del principio de placer Cap. 2 (1920)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XVIII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 16.
· FREUD, S. “Sobre la dinámica de la transferencia (1912)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 105.
Wednesday, September 03, 2008
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

2 comments:
Hola, me gusto más esta versión, más entendible que el extracto. Esta bueno!!! Así que tomaste el Caso de Liberman, yo ya ni me acordaba, jaja
Besos y suerte
Hola. Quise responder a tu blog, pero no lo encontré. Gracias por detenerte a leer y si. Está basado en el caso que mencionas.
Post a Comment