La contingencia del ser me está matando desde lo profundo. Todos nos vamos a morir; es parte de la vida. Soy consciente que desde muy chico me ocupo la idea de la muerte. Recuerdo haber pensado, en contra de mi educación Cristiana: "Si la muerte es solo un pasaje... ¿Por qué todos los bichos reaccionamos con temor frente a su inminencia?". Siempre tuve la mala costumbre de cuestionarlo todo. Y me hace daño. Es obvio que no se puede vivir esperando la muerte; suele acelerar su llegada. He leído que aumentan las probabilidades de supervivencia en la medida en la que maníacamente se lucha por ello. Sigue siendo lo único seguro de la vida...
Parece haber grandes categorías que agrupan las diversas formas de morir: muerte natural, suele llamarse a morir de viejo. Pero
morir por una enfermedad es natural. En un accidente. Ser matado intencionalmente. Pero todas las mencionadas pudieran separarse en muertes rápidas o lentas, con mayor o menor sufrimiento, con consciencia de la proximidad del momento o sin ella...
La idea de la muerte compone el sinsentido, la contingencia. Estamos porque sí. Y parece que porque sí, dejamos luego de estar.
El pensamiento, la inteligencia, el logro evolutivo que nos caracteriza, es una porquería, porque nos hace conscientes de todo esto.
Pero pareciera que con la inteligencia nos vino adjunto un "bug": el EGO.
Todo el problema de la vida y de la muerte desaparece cuando uno se entrega a la especie. No hay una causa individual. Somos integrantes de un todo, que implica mucho más, incluso, que la humanidad. Pero básicamente, nuestro plan "A", nuestro SISTEMA OPERATIVO y su programa, es vivir y multiplicarnos. Programa para el cuál, claro, la inteligencia hoy día se vuelve obstáculo. Las depresiones, el stress, nos complican la vida y hasta impiden la reproducción, provocandonos toda clase de disfunciones...


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