Wednesday, September 03, 2008

El error en el sistema (causa del malestar en la cultura)

El sistema está estructurado como el inconsciente. Éste, como un lenguaje. Como toda estructura, su condición es el elemento que queda por fuera. Aquello que hace de lo homogéneo, heterogeneidad; de lo igual, lo distinto; allí la posibilidad de la identidad. "La falta". El principio y el fin de todo esto que llamamos vida. Y es posible llamarla gracias a este lenguaje, a nuestra cultura, resultado de nuestros esfuerzos de convivir con eso otro que es lo inconsciente.

Acá cabe una larga disertación sobre cada uno de los conceptos psicoanalíticos y no tanto, mencionados: Inconsciente, lenguaje, estructura, la falta, el falo, el goce (ya iban a surgir luego), cultura, etc…

Bien y mal. Lo distinto. La eterna y, yo afirmo, falaz dicotomía. En un mundo así determinado, nacemos "arrojados" como dicen los existencialistas, sugiriendo la sensación de aquello soltado a su suerte en un pozo que viene a ser este mundo. Somos arrojados al contrato social, a la cultura con malestar garantizado, a la estructura con su intrínseca "falta" de un elemento que queda por fuera; ese agujero en el ser de la sociedad. Eso que todos-quieren-tener. La causa del "deseo". Deseo es deseo de tener. Una verdad de perogrullo. Y tener es siempre una ficción. No hay ente capaz de obturar el agujero dejado por la falta. Pero…

Este sistema… ayayay! Este sistema vivaracho. Hemos construido un sistema que, como la cultura (al caso, como toda creación, ES cultura) no es otra cosa que el intento de lidiar con "la falta", con el deseo. Un sistema que promete la panacea a la herida dejada por ese bendito loquesea que nos falta. Mejor dicho: es evidente que arrojados a este sistema, cultura, lenguaje, somos entrenados en la convicción de incompletud. Vamos por lo fácil: "hay que tener", "hay que consumir". Y mirá vos! Si tenés la "fortuna" de acceder a tener… eso no será sin consecuencias. Así como la existencia del falo en el aparato psíquico como un elemento subsidiario (ahí llegó) es acompañada con la angustia, dado el peligro, la posiblidad de perderlo; es decir, angustia es el precio pagado por tenerlo; del mismo modo, en cuanto le ponemos la garra a lo que nuestra fortuna así lo permita, zas! Si. Todo tiene un costo. El impuesto. El gravamen. El principio que hace posible al sistema. Lo que sustenta el estado de "garantías". GARANTÍAS MIS POLAINAS! Las garantías; la gran mentira. Claro: el deseo es el de poseer eso; lo que sea. Y la posesión parece ser el otro extremo del peligro de pérdida, ya sea por robo, accidente, desastre natural, o invasión extraterrestre. Y claro! Síntomas. Rituales. Sueños. Ladrones…

Gracias a Jebus, está la ley. LA LEY. Las leyes. El arma. El síntoma. El rito. Así como todo síntoma, las leyes son el intento de lidiar con la nefasta posibilidad de perder eso que venga al caso, que no es otra cosa sino el falo, objeto que por fin logrará obturar la rajadura por la que se va la vida. Ahí lo tenés. Lo que una vez fue una conducta exitosa, ahora es una ley. Y claro! La ley dice, te va a garantizar la propiedad… PERO… Pero también dice, si no pagas a cambio, perdés la garantía. Te deja afuera de los derechos.

A ver? Repasemos. Un derecho de donde carajo sale? Hasta ahora teníamos el falo. Lo querías. Lo tenias. Era lo único que importaba. Era el único valor. Y parece ser que tener un valor implica una serie de responsabilidades (pagar) y que cumplidas las mismas tengo garantizado el derecho. Es decir: todo valor implica un derecho y una responsabilidad. Perdido cualquiera de los dos, no hay valor. Si no cumplo con mi responsabilidad, la ley (que es algo así como la forma concreta en la que un valor se inserta en el sistema, en la cultura, en el lenguaje) me quita el derecho. Pero… y que si yo renuncio al derecho al cual la ley garantiza? Qué si me cago en la sociedad de derechos garantizados y me valgo de mi mismo para procurarme el bien, el valor? Claro… estoy faltando a mis responsabilidades; pero momentito, porque eso, a-mi-qué-me-importa. Le importa quien se cree lo de las garantías. Si al fin y al cabo, sin derechos no hay responsabilidades ni valor. No los hay fuera de la ley. Yo tengo lo que quiero.

Ahí el origen del miedo. Eso que oprime el pecho de los sujetos. El gran vendedor de seguros, alarmas, rejas, trampas todas. Jesús si que sabía lo que decía: deja tus cosas y ve al desierto.

El caso es este: no hay libertad real en este sistema. Es cierto eso que se dice. Estamos encerrados. Y la respuesta es simple: la única verdadera libertad está por fuera del sistema. Y ahí lo tenés: in your face! Lo que esta por fuera del sistema es… dale que ya lo tenés que haber sacado… EL FALO. Ese maldito elemento sin nombre. Libertad. Y vamos por más! El malestar en la cultura es claramente la falta de libertad. Y es la libertad aquello en desmedro a medida que la cultura crece, y junto con ella, el sistema, el lenguaje, el inconsciente. El goce, de ahora en mas, será goce de libertad. Y estas preparado? Quien es el único capaz de hacer condescender el deseo al goce? El amor! Si. Esa maldita palabra sin sentido. Libertad y amor, son lo mismo. No por nada, el amor se hace en privado. Es el ultimo bastión para gozar de la libertad. A puertas cerradas. En secreto. En esa especie de burbuja la cual no nos separa de otra cosa sino, del sistema (a menos que pagues por él; bah! Si pagas, no hay ni amor ni libertad, tontito).

Y qué es ser libre? En una primera mirada, como lo es con el amor, parece ser la capacidad de hacer uso de la propia energía, sin que ello implique costo alguno. Energía es, de Freud en adelante, energía sexual; libido. Lo que mueve la carne. Momentito! No solo de libido se nutre la acción! Por mucha libido, si no hay glucosa en los músculos, si falta el agua y ciertos minerales; resumiendo: sin carbohidratos ni agua, no hay persona que se mueva, ni que exista: ya que no somos otra cosa qué un mejunje de carbono encadenado de mil maneras con otras porquerías, en una solución densa de agua (unos 700 cc de ella por kilo vivo). Entonces, para que haya conducta hacen falta libido y gracias a ella y para que ella sea posible, comidita y agua. Un amigo me dijo una vez: somos adictos al petróleo... me hizo pensar. El petróleo no es otra cosa que la decantación de la vida sobre la tierra. Estamos destinados a ser esa cosa tan maaalaaaa. Y mira que si no fuera por ella, no andaríamos tan vivarachos. Y aunque me fui un poco del tema, me pareció gracioso pensar cómo, si la libertad y el amor es el gozar de la propia energía, sin costos, no se me hace nada casual lo esclavos que somos de los productores de alimentos, bienes y servicios, entre ellos, las fuentes de energía de las que hablamos, producto de una libido que decidió lucrar de eso.

La respuesta es simple: solo habrá libertad y amor, por fuera del sistema. Por ahí en alguna isla del pacifico, tan inmenso. Donde uno pueda procurarse una fuente de alimento, energía y agua dulce, sin ningún gil esperando algo a cambio. Y si quieren quitarme mi comida, los mato a palos… qué ley, ni ley!

La autarquía es la única respuesta. La ley es un error en el sistema, ya que es la mentira mas grande: la mentira de la garantía. Lo único garantizado por ella es la angustia a la hora de saber que solo estarás libre de obligaciones si no tenés NADA. Claro! Cómo no va a ser la niñez la época mas feliz de la vida (no entendamos solo felicidad budista zen). No es la muerte del deseo. Es la ausencia de responsabilidades. Es la vida gratis. LA VIDA ES GRATIS. Y el error en el sistema es ponerle precio. Y el error, como todo error, no es otra cosa que la manera en la que lo real se manifiesta en el universo de la realidad. Y como tal, se lo trata. Así como antes de Copérnico, había que hacer inmensos cálculos para compensar el "error" en el que incursionaban los cuerpos celestes a través del espacio, manejamos el "error" de nuestro sistema social a fuerza de complicadas leyes las cuales obligan a los planetas a moverse alrededor de la tierra. La realidad debe incorporar lo real del error. La vida es gratis. No hay nada como ese contrato social. Nadie lo firma. No veo ningún perro, ninguna lechuza, angustiada por no llegar a fin de mes.

Después de semejante disertación resulta fácil darse cuenta el motivo del efecto terapéutico de la psicoterapia bien entendida. Es la suspensión de la normativa social. La libertad. La caída del significante; así quitamos el envoltorio de identificaciones del sujeto. El ser a cielo abierto es feliz.



El bien y el mal es un concepto con sentido practico. El frenesí violento es al estupor místico un equivalente, donde uno redime al otro en cada caso de la legalidad a la que se somete. Sin una legalidad, un borde mas o menos desdibujado entre esta ilusión de alternativas, solo hay pasión y sensualidad (las dos caras de la moneda). Este ordenamiento falaz en su raíz cumple una función insólita, que es la de interrumpir el acceso a la verdad, es decir, fundando la posibilidad de la mentira e instrumentando ésta como la principal herramienta de la cultura.

Cultura es entonces un rodeo, como ya se dijo hace rato; pero es un rodeo que evita en su camino conectarse con aquella verdad de la que también se hablo con el nombre de agresividad inherente a la inhermidad en la que esta abandonado el ser autoconciente.

Es así que la palabra sujeto, sujetado al verbo, muestra un perfil que viene a ser el árbol que oculta el bosque. Podría uno lo mismo hablar de contenido, detenido, interrumpido, impedido, pero lo verdaderamente insólito es el hecho de que todas estas palabras que implican dos partes, muestran su apoyo en la paradoja de que no hay nadie que te sujete en el mundo, donde fundar la dicotomía ilusoria que da origen a la posibilidad de la palabra.

Es así que se desprende que hablar es mentir, y que la voluntad esta irreconciliablemente separada de la conducta: van por dos caminos diferentes. Un sueño que alucina el objeto del deseo será siempre un sueño perverso o inclusive, psicopático, siendo éstos dos de los términos que se dejan para lo último de la psicopatología, pues parece que son dos modalidades de decir alguna forma de verdad.

A la psicología humana le lleva años explicar como goce y placer se van separando dando lugar a la angustia, que como también ya se intuyo, siempre es angustia frente a la verdad intuida.
El loco siempre dice la verdad, y no se angustia al mismo modo que el cuerdo. Es dueño de una certeza irreductible: la verdad verdadera; la real realidad. Su pensamiento es gradualmente mas confuso a medida que se aproxima al núcleo de su delirio, su verdad fundante, su descubrimiento del que tan difícil es hablar; tanto es así, que no hay palabra para nombrarlo: hay que inventar un lenguaje nuevo que sí lo pueda explicar.

Hemos construido un compendio de sicopatología para nomenclar la forma de enfrentarse a la verdad de que no hay verdad pronunciable en este mundo. La realidad es que (y que Dios me perdone!) el pecado no es comer de la manzana, sino creerse que la víbora habló (zzzzz!).

Es lógico que mas allá de toda buena acción, amor incondicional, altruismo sublimatorio, hay un ser que lo único que espera es que no lo descubran como el ente detestable, que no puede explicar su deseo mas cierto, que esta en cada caso relacionado con aquello mas censurable, avergonzante o humillante y que también es en verdad éste intento de redimir al otro de su compulsión a vivir en la mentira, como una forma de desenmascarar la cultura y mostrar ese rostro con ojos lascivos, que transparentan el egoísmo, el hedonismo, la perversidad y todo lo que se agrupa como aberración aborrecible. Los mas grandes amadores de la humanidad son los que mas cerca de la verdad andan en el mundo onírico: serán los actores en escenas de orgías apasionadas, masacres inexplicables, corrupción de todo lo bello e inocente. La mencionada paradoja está en que, al irse alejando gradualmente de la verdad, la cultura abre la posibilidad de estas patologías que de lo único que penan es de animalidad, vitalidad, ingenuidad.

Es pensable que viviendo de un modo mas animal, que es decir, sin grados del bien y el mal, el resultado seria una humanidad más sana y homogénea. La angustia, como ese termino intermedio, desaparecería y se repartiría entre sus medidas polares: el miedo y la felicidad. El miedo a morir y la felicidad de estar aun con vida. Así mismo se perdería la culpa y el deseo (flor de pareja!) y con ellos, toda necesidad de hablar, o de mentir, que viene a ser lo mismo. El ser humano se pondría en movimiento y con las manos en la obra, y nadie con quien compartirla; la vida seria el camino de la búsqueda de aquel ser que mejor encaje en el plan de vida; el dialogo seria nuevamente solo de a dos, pero sin palabras. La acción dejaría de ser agresividad y pasaría a llamarse hambre o sed.

Pero mas allá de cualquier utopía, el ejercicio mas interesante seria pensar un poco más como sería concretamente una vida humana con lenguaje, en sociedad, con cultura, pero sin leyes. Porque, retomando la idea de ilusión de alternativas, parece ser que llevamos años entrampados en que hay que pensar en “ley o muerte”. Posiblemente se pueda pensar que el origen de la confusión es pensar que una ley es una teoría, mas que una practica; y también que es una constante mas que una casualidad oportuna.

El bien deja de ser bueno en el mismo instante en el que se convierte en ley, en norma a cumplir, como se la entiende en esta cultura. Pasa de ser un éxito a ser una obligación. Entonces, todo logro personal se pierde en la medida que se convierte en una meta a cumplir. Así, cada obstáculo de la vida humana pasa de ser un dilema a ser una asignatura (pendiente). El presente se pierde en el momento en el que caprichosamente nos consideramos profetas. El camino pasa a segundo plano, reemplazado por el destino, y así sucesivamente…

Tengo un cuento: una historia de un “grupo” de hombres armados que van por el mundo redimiendo “grupos” de idiotas en un frenesí de sangre. Se autoproclaman “Los maestros”, y conviven con un sentido de complicidad que llega al extremo de la telepatía, ya que en sus salidas furtivas se comunican con la mirada, por lo que se vuelven invisibles e imprevisibles. Son un espíritu en comunión (comunicados). A su llegada no hacen pregunta alguna; simplemente abren fuego sin explicación, al tiempo que expresan el jubilo que experimentan en su accionar. No hay serialidad en sus acciones, aparte del hecho de eliminar la idiotez del mundo. Son algo así como un superhéroe grupal, admirado y temido a la vez (ya que nadie quiere pensar si acaso es un idiota y así, miembro del grupo de riesgo).

2 comments:

diego gimenez said...

el otro dìa se me ocurrió como un título original de algo un error en el sistema. pero me sonaba recontra conocido. hoy al abrir los mails encontrè tu demanda. Hermano. sos verborragico, uno no puede leer un post tuyo en un ratito hay que imprimirlo y masticarlo de a poco que no es lo que uno quiere de un post. de todas maneras le di de comer a tu llama un poco de pasto.hasta se podrìa decir que mantuve la llama encendida. y rastreè en tus tres blogs y encontrè que en setiembre te deje comentarios.
asì que menos queja que hoy no porque me estoy quedando dormido pero en cualquier momento te comento todos los post,
(todos los otros posts rotosos, oblongos, o grossos)

eGo said...

Como tantas otras veces, gracias al destino, no fumo, pero sí, espero.