Wednesday, September 03, 2008

Y la banda siguió tocando

Creo que no hay nada pior que saber qué es lo que uno quiere hacer. No se si es el encierro, no se si es la comida, pero hete, o ête, o E.T., aquí, o allá o por el caminito largo que baja y se pierde, o se encuentra (aquí y allá (al mesmo tiempo)), que uno piensa en Moebius y: ¿que estaría pasando en la vida de un tipo, que no tuvo nada mejor que inventar que la empanada no rellenable? Hay veces ,y a veces no, que uno se propone empezar algo (que como buen humano promedio supone que ha de terminar, mas luego cree que no, y le consulta a la almohada o a un Dios "X" o a un profesional, según medida; y si acaso sale airoso o aireado del trajín, ahora convencido que sí, lo va a terminar (!) y lleno de existencialismo y palmoterapia encara su proyecto-no-tan-yecto para volver a empezar y etc.) y ahi esta este tal Moebius, que mi ignorancia me sugiere tendría un nombre, que mi duendecito de la azotea me ríe al oído que pudo haber sido José María, que se me hace procérico y me río también; y decía que ahí está José María Moebius, con la cabeza llena de humo y en un "ato de jenialidá", resumió la mente humana en un objeto de arte, incompleto por definición y supongo que luego descansó en el séptimo día, o por ahí intento el suicidio (dejando una hermosa carta llena de acusaciones y reproches, por supuesto). Y ahí esta uno, con la consigna en la mano, y no sabiendo como empezar, temiendo poder hacerlo y si acaso lo hiciera uno, lamentando la certeza de la obra inconclusa. Moebius, en cambio, un genio como pocos o un gran idiota al pedo, empieza pero no termina y te lo pone ahi, frente a tu frente, ese aberrante objeto fuera de este mundo matemático, geométrico y métrico fuera de los geos al alcance de la mano, ojo o proyectil; es que en realidad, crea el ente que no es, lo impensable, la pesadilla de Parménides y el sueño de Heraclito y su prole, todo en uno o mejor dicho en ninguno: el no-ser-no-ahi... y ahora lo veo todo mas claro: La banda de Moebius no existe!


Pd: Herr, no hay (etc.)
_________________________________________
Juan Pablo
Si
no eres parte de la solución, eres parte del problema.
Vocación vs. Síntoma
Las series complementarias y el AR-GE-VOC


El presente trabajo es un intento de responder a la pregunta de la vocación. Y entenderemos por tal termino:
VOCACIÓN n. f. (lat. vocationem). Inclinación natural de una persona por un arte, una profesión o un determinado género de vida: vocación por la música.
2. TEOL. Llamada al sacerdocio o a la vida religiosa.
(c) Larousse, 1997
a partir de esta definición plantaremos varios interrogantes para ver si luego podemos sintetizarlos en una pregunta muy puntual a la que ya arribaremos en su momento. El primer punto ambiguo de nuestra definición de la palabra vocación es el hecho, no de que sea una inclinación, ya que estamos de acuerdo con el termino siempre y cuando se piense por tal, a una forma de tendencia hacia un objeto que por X motivo es de atracción o valencia positiva, al decir de la teoría dinámica del campo psicológico (K. Lewin) – Ya también entraremos en el tema de esa mencionada X- ; decíamos que nuestro primer punto obscuro será el hecho de que esta inclinación hacia una actividad sea “natural”. Es este un lugar común de discusión en muchas áreas del saber: ¿A que llamamos natural (y a que no podríamos llamar así)?

NATURAL adj. Relativo a la naturaleza: ciencias naturales; fenómenos naturales.
2. Intrínseco a la naturaleza de un ser: bondad natural.
3. Que se tiene por naturaleza, no adquirido: cabello de color natural, no teñido.
4. Normal, conforme al orden habitual de las cosas: es natural que quiera liberarse.
5. Genuino, no adulterado ni elaborado: vino natural.
6. Espontáneo, exento de afectación: lenguaje simple y natural.
7. Que se encuentra en la naturaleza: gas natural.
Al natural, sin artificio, sin aderezo: lata de atún al natural.
Hijo natural, el nacido fuera de matrimonio.
Muerte natural, muerte que se produce a consecuencia de una enfermedad o de la edad.
Nota natural (MÚS.), nota que no está modificada por ninguna alteración.
Número natural, cada uno de los números enteros positivos, como el 0, el 1, el 2, ...
Religión natural, conjunto de creencias y preceptos relativos a Dios y a la moral, fundados únicamente en la razón y la conciencia.
§ n. m.
11. Manera de ser de una persona: ser de natural sencillo.
(c) Larousse, 1997

Salta a la vista un factor común en todas las alternativas par este termino en apariencia tan inocente: no modificado POR ACCION DEL SER HUMANO. Pero detengámonos en la “nota natural”, “religión natural” y “normal... conforme al orden habitual de las cosas”; nos encontramos con tres posibilidades bien delimitadas: sin alteración; idea a la que se llega a través del intelecto; lo estadísticamente mas probable. Mas allá de que no creemos favorable complicar un poco mas semejante escollo con la propuesta de que todas estas acepciones tienen un tono de causalidad como trasfondo, no podemos dejar pasar la oportunidad de al menos mencionar que parece que este aquí una de las patas de la mesa que estamos intentando construir. ¿Hay una “causa” en la vocación?

CAUSA n. f. (lat. causam). Lo que se considera como fundamento u origen de algo: conocer la causa de un fenómeno; no hay efecto sin causa.
2. Motivo o razón para obrar: no sé la causa que le impulsó a hacerlo.
3. Der. Fin que busca una persona que se obliga hacia otra; conjunto de circunstancias que determinan la situación de una persona en justicia desde el punto de vista legal.
4. Filos. Antecedente lógico o real que produce un efecto.
A causa de, por efecto, a consecuencia de.
(c) Larousse, 1997

Preguntamos por la causa, porque como pensadores semi-profesionales tenemos la obligación de relativizar tanto como se pueda. Pensemos que si nuestra definición de vocación parte de la idea de “natural” como la aparente antitesis de “causado (por la voluntad del hombre)”, entonces parece que estamos en las puertas con las que se encontraron los primeros en pensar el funcionamiento del espíritu humano. Ya se piense en el estudio de la conducta, la motivación, sea esta conciente o determinada por voluntades oscuras para la persona, o el estudio de la tendencia del psiquismo hacia el mundo por vaya uno a saber que extraño impulso etéreo, el que recibió los nombres mas diversos y similares a veces a lo que en psiquiatría se conoce con el nombre de neologismo (elain vital, apeiron, intencionalidad de la conciencia, etc. y etc. ...), siempre y en todos los casos el misterio fue el mismo: ¿Qué será lo que anima al ser humano?
Pero volviendo a la tópica que nos motiva (vaya uno a saber por qué), la vocación es una tendencia o inclinación hacia una actividad, tendencia esta... inmotivada, según nuestro diccionario. El punto es que seria una tendencia que parte de ningún otro lado que de la propia persona, lo que nos invita a la segunda acepción del termino vocación: llamado al sacerdocio, a la vida religiosa. Y dejemos arbitrariamente de lado el sacerdocio, que aparentemente aquí es equivalente a la religión y concentrémonos en “llamado a la religión”: esto nos remite inmediatamente a palabras de la escuela Suiza de psicología analítica iniciada por Carl Jung. Vemos que el llamado a la religión seria un punto esencial para el desarrollo de la persona sana: la individuación. Religión vale aquí como intento de volver a ligar; lo que se intentaría ligar según este pensador es, y en términos lo mas simple posible, el pasado ancestral con la vida particular del sujeto de dicho llamado (voccare: llamar, nombrar). Pero vemos que seguimos en el mismo escollo mientras no nos inclinemos a apostar por alguna de las explicaciones ya existentes a este misterio: ¿Quién es el que llama? Hemos llegado al nudo del tema que queremos tratar en este trabajo; esto intenta ser la introducción a una temática compleja y con respuestas de lo mas diversas, y que va a ser la idea directriz del planteo presente, a saber:

¿Cuál es la causa de la vocación? ¿Quién es el que llama?

Y la Hipótesis del trabajo – que preferiremos por supuesto no sea corroborada, ya que la verdadera voluntad detrás de esta humilde investigación estará mas del lado de las preguntas bien formuladas que de las respuestas que siempre se sabrá que no son mas que explicaciones posibles y NUNCA LA VERDAD – es que es posible comprender la respuesta al llamado de la vocación a partir del modelo propuesto por el psicoanálisis para “explicar” la “causa” del síntoma: LAS SERIES COMPLEMENTARIAS; articulando este a la técnica de orientación vocacional conocida con el nombre de AR-GE-VOC, o árbol genealógico vocacional (o también, genograma vocacional).


LAS SERIES COMPLEMENTARIAS:

Para desarrollar el trabajo que aquí se intenta, trataremos de pensar si acaso la respuesta al llamado de la vocación no es homologable al síntoma. “Se discute si las neurosis son enfermedades exógenas o endógenas, consecuencia necesaria de una determinada constitución o producto de ciertas acciones traumáticas nocivas, planteándose asimismo el problema de si son motivadas por la fijación de la libido y otras particularidades de la constitución sexual o por la influencia de la frustración. Mas tales dilemas poseen tan escaso sentido como este otro que uno podría plantearse: ¿El niño nace por haber sido procreado por el padre o por haber sido concebido por la madre? Naturalmente, nos responderemos que ambas condiciones son igualmente indispensables. Pues bien: en la etiología de la neurosis sucede algo muy análogo, si no idéntico. Desde el punto de vista etiológico, las enfermedades neuróticas pueden ordenarse en una serie en la que los dos factores, constitución sexual e influencias exteriores, o si se prefiere, fijación de la libido y frustración, se hallan representados de tal manera, que cuando uno de ellos crece, el otro disminuye. En uno de los extremos de esta serie se hallan los casos límites de los cuales podemos afirmar con perfecta seguridad que, dado el anormal desarrollo de la libido del sujeto, habría éste enfermado siempre, cualesquiera que fuesen los sucesos exteriores de su vida y aunque ésta se hallase totalmente desprovista de accidentes. Al otro extremo hallamos los casos de los que, por el contrario, podemos decir que el sujeto hubiera escapado, desde luego, a la neurosis si no se hubiera encontrado en una determinada situación. En los casos intermedios nos hallamos en presencia de combinaciones tales, que a una mayor predisposición, dependiente de la constitución sexual, corresponde una parte menor de influencias nocivas sufridas durante el curso de la vida, e inversamente. En estos sujetos, la constitución sexual no habría producido la neurosis sin la intervención de influencias nocivas, y estas influencias no habrían sido seguidas de un efecto traumático si las condiciones de la libido hubieran sido diferentes. Podría quizá conceder en esta serie un cierto predominio a la predisposición, pero una tal concesión por parte mía habría de depender siempre de los límites que convinierais en asignar a la nerviosidad.”
LECCIÓN XXII PUNTOS DE VISTA DEL DESARROLLO
Y DE LA REGRESIÓN. ETIOLOGÍA – FREUD, OBRAS COMPLETAS.

"La elección vocacional es siempre una respuesta que cada sujeto puede dar a una interpelación vocacional en función de su historia y de las múltiples determinaciones de su estructura inconciente, a partir de su inserción en el tiempo y lugar en el que le toca vivir". (Sternbach,1983)
Por lo tanto, no es el objetivo de la Orientación Vocacional promover una respuesta del Orientador, sino la búsqueda de cada persona en torno a la pregunta qué hacer, quién ser y desde la generación del rescate del pensamiento crítico acerca de sí mismo, de la realidad y de la construcción de un proyecto de vida.

Vemos como se van hermanando los criterios y de a ratos al releer el texto extraído de la obra de Freud nos da la impresión que estuviéramos leyendo sobre el camino seguido por la persona para hacer su elección vocacional. Camino que parece ser no tan voluntario y conciente... al menos no siempre.

Sigamos un poco mas al autor en la definición del mecanismo de formación de ¿Síntoma?
“Para facilitar nuestra labor de exposiciones daremos a estas series el nombre de «series complementarias». Más adelante tendremos ocasión de establecer otras análogas.
La tenacidad con que la libido se adhiere a determinados objetos y orientaciones, o sea lo que pudiéramos llamar su viscosidad, se nos muestra como un factor independiente que varía en cada individuo, y cuyas normas nos son totalmente desconocidas. No debemos despreciar como desprovista de importancia la intervención de este factor en la etiología de las neurosis, pero tampoco habremos de considerar demasiado íntima su relación con esta etiología. Tal viscosidad de la libido -dependiente de causas ignoradas- aparece también ocasionalmente en individuos normales y se nos muestra, asimismo a título de factor determinante, en [OTRAS] personas...”

Hagamos el intento concreto de articular las series con lo que puede haberle sucedido a nuestro hipotético personaje, victima de una vocación mas o menos destinada. Para ello nos serviremos de nuestra herramienta de orientación vocacional, una de ellas, que apela a que la persona indague en su pasado en busca de modelos identificatorios... Una pregunta que ahora se hace mas o menos obligada es: ¿Esta la vocación determinada por identificaciones de un pasado mas o menos remoto, o es acaso el resultado de una identificación futura y posible? Porque no será lo mismo guiar los pasos de nuestro ingenuo desorientado por las vocaciones de sus ancestros con intención de que se informe o con la estratégica idea de que consiga ese insight que le esta faltando para saber quien es y quien va a ser. Otro de nuestros autores de cabecera, Bohoslavsky R., plantea la elección vocacional como un intento de reparación. ¿Qué se repara? Un objeto dañado (M. Klein & co.). ¿Qué objeto? Muy simple: un pro-genitor. Ya sea la madre, vorazmente atacada, ya sea el padre, rival edípico de la criatura que quiere apoderarse vorazmente de la madre. Y ahora hemos mencionado un punto complejo mas: el Edípico. Sabemos que el psicoanálisis plantea (y muchas otras escuelas adhieren) que el modelo de todas las futuras identificaciones no es otro que la manera en la que resuelva nuestro paciente y desorientado personaje ficticio y anónimo, su problemática edípica. Y sabemos que de cómo se relacione con los espejos serán la calidad de sus identificaciones.
Transcribimos a continuación un extracto de una obra que por casualidad (o no) se cruzo en nuestro camino e intenta graficar la causalidad sufrida por Narcisoio como una identificación especular de la que parece no tener salida:



TEATRALIA N-E: ESCENA29:(NARCISOIO):Y mi madre donde espera?..Enferma inútil loca o esperanzada!...Madre del Narciso si no estas muerta en cual rincón de lo primordial te escondes?..Déjame verte en la vocación de lo que ama si Amor no es de mi reino yo habito otro dominio...Otra sed donde estoy solo...Madre innumerable Musa impredecible..Virgen de un Indio visionario quien te descubrió entre las Rosas!..Madre cibernética plural sin lógica..Madre de Todos en el Principio y fin de los Narcisos!..Madre del Quanta misteriosa no me dejes solo...No puedes morir pues sin Ti el Universo seria una migaja de miseria y soledad..Y mas allá de la Muerte donde esperas...Y mas acá de la Vida donde vives heme aquí preso en la furiosa egologia del mimismo!..Madre de mi Temor y Madre de mi Horror por lo que Vive!..Altar del Narciso mi orgullo es a tus pies locura en el abismo!..Madre...Madrecita de mi eterna pena!...Donde vives?..Donde existes en este mi narcisismo del mundo!...Madre y abuela del Narciso..Madre de lo que se Cree y lo que se Inventa..No soy una invención mas del simismo?...Si Estoy en la Imagen es porque Soy en el Narciso..Y al ser en Narciso Soy un invento de mi Madre!.. Madre..no estoy solo en la soledosa soledad de aquel Abismo!...Mamaaaaaaaaaaaaaa!

Acto seguido dirijamos nuestros pasos por las ramas de la técnica que tomaremos para graficar nuestra hipótesis de trabajo:

AR-GE-VOC

Genograma vocacional: a través de esta técnica se intenta lograr una historización de los estudios y los trabajos que los miembros de la familia, en línea ascendente, han realizado. Esto permite construir sentidos en los mandatos familiares que se presentan en los discursos parentales. De la confrontación de las historias de los miembros del grupo se comienzan a re-construir las representaciones, que del estudio y del trabajo, poseen los adolescentes. Al mismo tiempo, suele surgir la necesidad en los jóvenes de indagar con su familia estos datos lo que favorece la instalación del diálogo con los padres, abuelos, tíos, en el sentido de la búsqueda que está realizando.
A menudo sucede que la elección de la carrera que la persona desea estudiar no se inicia en el bachillerato, al enterarse de las fechas de los exámenes de admisión a las universidades. Se inicia, más bien, desde que nacemos y se va reconstruyendo a lo largo de los años.
Ante el desconocimiento de que la toma de decisión supone un proceso, cuando les llega el momento de elegir carrera, algunas personas entran en crisis y utilizan diversos métodos para salir del paso: eligen la carrera de su mejor amigo, la que su padre estudió, la más corta o la que eligió el primer compañero que les hable en la fila de inscripciones. Es decir, no eligen de manera autónoma y consciente.

Un par de paginas atrás veníamos planteando que de cómo uno se relacione con los espejos dependerán la calidad de las identificaciones, y a su vez esto determinara de algún modo, y si andamos por buen camino, la modalidad de elección vocacional. Traigamos aquí otro aporte de un autor ya citado:

Bohoslavsky nos habla de “identidad vocacional” como una elección relacionada con un intento de reparación que podrá ser:

1- Autentica
2- Pseudoreparacion: a) Maniaca
b) Melancólica
c) Compulsiva
d) ¿?
Si acaso adherimos a esta tentadora posición, nuestro trabajo ira complicándose geométricamente, ya que habremos de pensar, en un intento de relacionar el citado autor con el que guía nuestros pasos desde el principio, como serán las identificaciones de una persona:
a)Maniaca; b) Melancólica; c) Compulsiva; y no podemos dejar a la neurótica, que acaso coincida con la categoría de “autentica” para nuestro amigo Rodolfo. No será entonces el mismo trabajo a realizar con la genealogía vocacional en cada caso, ya que nos encontraremos frente a la dicotomía de si acompañar al maniaco en su “loca idea” de ser conserje, como mamá, o digamos “Ciruja-no”, porque así podrá nuestro neurótico llevar sustento a casa de papá, que hace años esta en la ruina. Sabemos a donde conducirían a nuestro desorientado semejantes elecciones... ¿Sabemos? ¿Se puede hacer una clínica de la vocación? ¿Sería correcto? ¿O no seria atentar con nuestra omnipotencia contra la libertad y la facticidad? ¿Será que acaso la única alternativa es la de “ingenuamente” guiar hacia la información a este sujeto, mas allá de que pueda ver claramente, o no, lo que hay frente a el en el espejo del árbol genealógico vocacional? Ya vimos la suerte que corrió Narcisoio y las victimas de Norman Bates, incluida su madre embalsamada.

Creemos que no hemos de perder el horizonte del diagnostico presuntivo, al menos, al avocarnos a la tarea de la orientación vocacional. Ya sea para una oportuna derivación, o al menos para saber que no parecería recomendable hacer: llámese liberar las asociaciones, o guiar ingenuamente por los rincones del pasado. Vemos entonces como una tarea que parece bastante segura tiene sus riesgos e implica recaudos responsables basados en un recomendable diagnostico presuntivo, si mas no fuera posible.
Pero, bien; ¿Que hay de las series complementarias?
Sospechamos, fundadamente en la teoría psicoanalítica y otras realidades posibles, que un modelo que tiene en cuenta la pre-historia de significantes en la que se inserta un sujeto, las vivencias infantiles (del complejo de Edipo), entre las que ubicamos los paradigmas identificatorios que guiaran las elecciones de esta persona a lo largo de su vida (al menos hasta que se psicoanalice un par de años), y los factores desencadenantes, que nosotros llamaremos “realidad coyuntural que al Argentino (en este caso) le toca vivir como presente y futuro probable”, decíamos que un modelo tal parece ser un buen molde para encajar “Lo Natural” de la tendencia hacia una actividad que es la vocación. Eso si: la respuesta a la pregunta ¿Quién es el que llama? No parece estar mas cerca que al principio.
Veamos un ejemplo y un poco mas de teoría:


Descubrimos como nuestro autor de cabecera recuerda su elección vocacional:

“El presente quedaba entonces como oscurecido ante mis ojos, y los años de los diez a los dieciocho volvían a surgir de los recovecos de la memoria, con todos sus presentimientos y desvaríos, sus dolorosas trasmutaciones y sus éxitos jubilosos, con los primeros atisbos de culturas desaparecidas -un mundo que, para mí al menos, llegó a ser más tarde un insuperable medio de consuelo ante las luchas de la vida-; por fin, surgían también los primeros contactos con las ciencias, entre las cuales creíamos poder elegir aquélla que agraciaríamos con nuestros por cierto inapreciables servicios. Y yo creo recordar que durante toda esa época abrigué la vaga premonición de una tarea que al principio sólo se anunció calladamente, hasta que por fin la pude vestir, en mi composición de bachillerato, con las solemnes palabras de que en mi vida querría rendir un aporte al humano saber.


Como psicoanalista, debo interesarme más por los procesos afectivos que por los intelectuales; más por la vida psíquica inconsciente que por la consciente. La emoción experimentada al encontrarme con mi antiguo profesor del colegio me conmina a una primera confesión: no sé qué nos embargó más y qué fue más importante para nosotros: si la labor con las ciencias que nos exponían o la preocupación con las personalidades de nuestros profesores. En todo caso, con éstos nos unía una corriente subterránea jamás interrumpida, y en muchos de nosotros el camino a la ciencia sólo pudo pasar por las personas de los profesores: muchos quedaron detenidos en este camino y a unos pocos -¿por qué no confesarlo?- se les cerró así para siempre.

Los cortejábamos o nos apartábamos de ellos; imaginábamos su probablemente inexistente simpatía o antipatía; estudiábamos sus caracteres y formábamos o deformábamos los nuestros, tomándolos como modelos. Despertaban nuestras más potentes rebeliones y nos obligaban a un sometimiento completo; atisbábamos sus más pequeñas debilidades y estábamos orgullosos de sus virtudes, de su sapiencia y su justicia. En el fondo, los amábamos entrañablemente cuando nos daban el menor motivo para ello; mas no sé si todos nuestros maestros lo advirtieron. Pero no es posible negar que teníamos una particularísima animosidad contra ellos, que bien puede haber sido incómoda para los afectados. Desde un principio tendíamos por igual al amor y al odio, a la crítica y a la veneración. El psicoanálisis llama «ambivalente» a esta propensión por las actitudes antagónicas; tampoco se ve en aprietos al tratar de demostrar el origen de semejante ambivalencia afectiva.


En efecto, nos ha enseñado que las actitudes afectivas frente a otras personas, actitudes tan importantes para la conducta ulterior del individuo, quedan establecidas en una época increíblemente temprana. Ya en los primeros seis años de la infancia el pequeño ser humano ha fijado de una vez por todas la forma y el tono afectivo de sus relaciones con los individuos del sexo propio y del opuesto; a partir de ese momento podrá desarrollarlas y orientarlas en distintos sentidos, pero ya no logrará abandonarlas. Las personas a las cuales se ha fijado de tal manera son sus padres y sus hermanos. Todos los hombres que haya de conocer posteriormente serán, para él, personajes sustitutivos de estos primeros objetos afectivos (quizá, junto a los padres, también los personajes educadores), y los ordenará en series que parten, todas, de las denominadas imagines del padre, de la madre, de los hermanos, etc. Estas relaciones ulteriores asumen, pues, una especie de herencia afectiva, tropiezan con simpatías y antipatías en cuya producción escasamente han participado; todas las amistades y vinculaciones amorosas ulteriores son seleccionadas sobre la base de las huellas mnemónicas que cada uno de aquellos modelos primitivos haya dejado.

Pero de todas las imagines de la infancia, por lo general extinguidas ya en la memoria, ninguna tiene para el adolescente y para el hombre mayor importancia que la del padre. El imperio de lo orgánico ha impuesto a esta relación con el padre una ambivalencia afectiva cuya manifestación más impresionante quizá sea el mito griego del rey Edipo. El niño pequeño se ve obligado a amar y admirar a su padre, pues éste le parece el más fuerte, bondadoso y sabio de todos los seres; la propia figura de Dios no es sino una exaltación de esta imago paterna, tal como se da en la más precoz vida psíquica infantil. Pero muy pronto se manifiesta el cariz opuesto de tal relación afectiva. El padre también es identificado como el todopoderoso perturbador de la propia vida instintiva; se convierte en el modelo que no sólo se querría imitar, sino también destruir para ocupar su propia plaza. Las tendencias cariñosas y hostiles contra el padre subsisten juntas, muchas veces durante toda la vida, sin que la una logre superar a la otra. En esta simultaneidad de las antítesis reside la esencia de lo que denominamos «ambivalencia afectiva».

En la segunda mitad de la infancia se prepara un cambio de esta relación con el padre, cambio cuya magnitud no es posible exagerar. El niño comienza a salir de su cuarto de juegos para contemplar el mundo real que lo rodea, y debe descubrir entonces cosas que minan la primitiva exaltación del padre y que facilitan el abandono de este primer personaje ideal. Comprueba que el padre ya no es el más poderoso, el más sabio y el más acaudalado de los seres; comienza a dejar de estar conforme con él; aprende a criticarle y a situarle en la escala social, y suele hacerle pagar muy cara la decepción que le produjera. Todas las esperanzas que ofrece la nueva generación -pero también todo lo condenable que presenta- se originan en este apartamiento del padre.

En esta fase evolutiva del joven hombre acaece su encuentro con los maestros. Comprenderemos ahora la actitud que adoptamos ante nuestros profesores del colegio. Estos hombres, que ni siquiera eran todos padres de familia, se convirtieron para nosotros en sustitutos del padre. También es ésta la causa de que, por más jóvenes que fuesen, nos parecieran tan maduros, tan remotamente adultos. Nosotros les transferíamos el respeto y la veneración ante el omnisapiente padre de nuestros años infantiles, de manera que caíamos en tratarlos como a nuestros propios padres. Les ofrecíamos la ambivalencia que adquiriéramos en la vida familiar, y con ayuda de esta actitud luchábamos con ellos como habíamos luchado con nuestros padres carnales. Nuestra conducta frente a nuestros maestros no podría ser comprendida, ni tampoco justificada, sin considerar los años de la infancia y el hogar paterno.

Pero como colegiales también tuvimos otras experiencias no menos importantes con los sucesores de nuestros hermanos, es decir, con nuestros compañeros. Estas empero han de quedar para otra ocasión, pues el jubileo del colegio orienta hacia los maestros la totalidad de nuestros pensamientos.”

«Sigmund Freud: Obras Completas»¿Por qué?

En esos años se lo escucho hablar de la búsqueda de felicidad como el motor del espíritu, idea esta a la que adherimos sin lugar a dudas. En el fondo de la intencionalidad, el halito de vida, el anima o como quiera llamarse a esa energía que mueve al ser a vivir (en el mejor de los casos), vemos una búsqueda de bien-estar o felicidad. “El hombre elige el bien” decía un gran y discutido humanista. Eligiendo determina lo que es bueno y “elige como quisiera que todos después de el lo hicieran”.

“Cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. Ya aquí desempeña un papel determinante la constitución psíquica del individuo, aparte de las circunstancias exteriores. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos; el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que pueda medir sus fuerzas. En el segundo de estos tipos, la orientación de los intereses será determinada por la índole de su vocación y por la medida de las sublimaciones instintuales que estén a su alcance. Cualquier decisión extrema en la elección se hará sentir, exponiendo al individuo a los peligros que involucra la posible insuficiencia de toda técnica vital elegida, con exclusión de las restantes. Así como el comerciante prudente evita invertir todo su capital en una sola operación, así también la sabiduría quizá nos aconseje no hacer depender toda satisfacción de una única tendencia, pues su éxito jamás es seguro: depende del concurso de numerosos factores, y quizá de ninguno tanto como de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del placer. Quien llegue al mundo con una constitución instintual particularmente desfavorable, difícilmente hallará la felicidad en su situación ambiental, ante todo cuando se encuentre frente a tareas difíciles, a menos que haya efectuado la profunda transformación y reestructuración de sus componentes libidinales, imprescindible para todo rendimiento futuro. La última técnica de vida que le queda y que le ofrece por lo menos satisfacciones sustitutivas es la fuga a la neurosis, recurso al cual generalmente apela ya en años juveniles. MALESTAR EN LA CULTURA
LA ORIENTACIÓN VOCACIONAL
(Acercándonos a una conclusión)

En el abordaje de la O.V, en el nivel escolar, operamos en el momento en que la elección vocacional enfrenta al adolescente con el entorno, el cual espera que pueda definir su proyecto de vida, decir quién ser y qué hacer. El joven debe ocupar un nuevo lugar, insertarse en el circuito productivo, ya sea con la inserción laboral o bien con la elección de carrera que lo llevará al ejercicio de un trabajo. Este momento pone en juego el entramado de identificaciones, representaciones de sí mismo, del mundo del trabajo donde el sujeto construirá los objetos de elección. De este modo, la inclusión del eje del trabajo resulta imprescindible. Por eso conviene plantear algunas cuestiones en torno a las actuales realidades del mundo del trabajo.
La familia es un sistema en el que el cambio de una parte, logra cambios compensatorios en otras partes del mismo, sistema que opera en todos los niveles de eficacia desde un funcionamiento óptimo a una disfunción total. Las familias generalmente no buscan ayuda hasta que se ha perdido la flexibilidad del sistema y ha empeorado el funcionamiento de un miembro. Hay síntomas que en cualquier parte de la familia se ven como evidencias de disfunción, ya sean emocionales, físicos, conflictuales o sociales. El abordaje familiar ayuda a los miembros de la familia a hacerse expertos en el sistema.
Estas reglas clínicas presentes en algún grado en todas las familias, siguen el patrón general del proceso familiar que diagnostica, clasifica y asigna características a alguno de los miembros de la familia.
La persona que se acerca al psicólogo es la puerta de entrada al sistema. La familia muestra al terapeuta que el centro es el enfermo, que es el que debe curarse, anulando cualquier otra problemática.
La familia puede ser considerada un subsistema en relación con el ecosistema, entendiendo por esto el contexto dado, por ejemplo, barrio, medio laboral, escuela, iglesia, club, etc.
En la familia considerada como sistema, observamos dos principios básicos:
a) la tendencia a la homeostasis.
b) la capacidad de transformación.
A través del interjuego de ambos se mantiene el equilibrio del sistema pues la tendencia homeostática permite la estabilidad, la capacidad de transformación y el crecimiento.
De este enfoque alternativo, y ya a modo de cierre, pretendemos verificar que no es cosa de un modelo cierto y otro errado, sino que en mayor o menor grado (de complejidad), diferentes teorías o modelos pueden explicar los mismos fenómenos. A partir de lo plantado en estos últimos párrafos vemos como articular el AR-GE-VOC a partir de los conceptos sistémicos, y como, en realidad, a veces, cuando tenemos a nuestro sujeto de orientación, podemos llegar a olvidar que lo que el elija afectara mas o menos a la dinámica del sistema familiar. Hoy, ya en los últimos pasos para que nos acrediten como especialistas en alma (humana), vemos al fin el por que de la diversidad a la que nos acercamos a lo largo de nuestro fértil plan de estudios. Diversidad que nos mantiene alertas para ver como las dificultades de un modelo pueden ser al menos emparchados con partes de otros modelos hasta que un nuevo genio de la talla de tantos que nuestra carrera nos acercó, consiga articular la diversidad en una nueva y mejorada singularidad teórica.
Es importante tomar en cuenta que el trabajo en orientación vocacional nos apremia, como psicólogos, a revisar con frecuencia el pronóstico de cada uno de los consultantes, así como a observar el comportamiento grupal, pues ambos aspectos serán indispensables para decidir nuestra estrategia de trabajo.
La estrategia podrá ser orientada a llevar a los consultantes a reflexionar en su decisión, observando los elementos de su personalidad que apuntalan a su elección y analizando las consecuencias de esta en su vida futura.
Será este el espacio que permita expresar dudas, temores, ansiedades y reflexiones acerca del proceso de elección vocacional. Llevaremos a la persona conocer por qué y para qué elige determinada carrera, de manera que pueda discutir las ventajas y desventajas de su decisión con sus amigos, padres y maestros. Además, ayudaremos a nuestros hipotéticos consultantes a conocer de si mismos, favoreciendo y/o destrabando su proceso de individuación.
¿CUATRO APRENDIZAJES FUNDAMENTALES? (¿QUE TAL, CINCO?)



HIPÓTESIS DE TRABAJO

En el presente trabajo se intentara plantear, partiendo de la propuesta de los cuatro pilares fundamentales del conocimiento citados en el soporte bibliografico de la asignatura “Teoría de la Educación”, dictada en el marco de la Escuela de Ciencias, Artes y Técnicas, de la Universidad Argentina John F. Kennedy, a saber: Aprender a
· Conocer
· Hacer
· Vivir Juntos
· Ser
La posibilidad de pensar en un quinto pilar: Aprender a ser Feliz.

Para ello, siempre apoyándome fundamentalmente en la bibliografía indicada en el programa curricular, tomare ademas los desarrollos teóricos del autor de La Logoterapia, Víctor Frankl y algunos aportes a la teorización de la felicidad del autor conocido como el padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud.


DESARROLLO


Para comenzar propondré la siguiente pregunta: ¿Es posible aprender a ser feliz? Y la desglosare en sus partes menores.
Primero, y sin detenerme demasiado en la pregunta por el ser de la felicidad, dado que es lo que se podría llamar, citando a R. Descartes, una idea lo suficientemente clara y distinta, tanto desde el punto de vista subjetivo como el objetivo (de lo primero señalare aquella sensación de engrandecimiento y plenitud espiritual (paz interior), acompañada habitualmente por mas o menos inequívocas manifestaciones conductuales indicadoras de la relajación, calma o distensión y ya entrando en el terreno específicamente biológico, la secrecion de sustancias tales como la endorfina, activación del sistema parasimpático y registros electroencefalográficos de menor frecuencia, que lo diferenciaran del estado que podría pensarse como antagónico, el stress. Otros observables concomitantes tales como la dilatación de las pupilas, caída de la tensión arterial y ritmo cardiaco, respiración relajada de ritmo relativamente mas bajo y de mayor amplitud, etc y etc.). La felicidad es un fenómeno de primera mano, tanto como la angustia.
Segundo ¿Es un aprendizaje? Víctor Frankl sugiere que si.

La Logoterapia despierta a la persona en su rol de protagonista de su propia historia, de su felicidad, de sus logros y en su rol de constructor de su persona dado que el hombre es un ser llamado a elegir un proyecto de vida en conformidad con su propio ser, por lo tanto artífice de su destino. La felicidad no está al final del camino sino después de cada acción realizada con sentido y por alguien tanto si nos necesita como si no nos necesita. La dicha, la felicidad, el sentirse bien satisfechos consigo mismo nunca puede ser el resultado de una búsqueda directa sino el resultado de haber encontrado una misión por la cual vivir. Porque la persecución de la felicidad es en realidad lo que más impide ser felices porque cuanto más lo buscamos como objetivo primero en nuestras vidas tanto más se alejará de nosotros pero cuando autotrascendemos y nos ocupamos de alguien o de algo, más plenos nos sentimos. Dado que lo que el hombre quiere realmente no es la felicidad en sí, sino un motivo para ser feliz. En cuanto lo encuentra, la felicidad y el placer surgen por sí mismo.
La felicidad no está en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace (L. Tolstoi)
http://www.bsaslogoterapia.com.ar/logo.htm
La Logoterapia es la Tercera Escuela Vienesa de psicoterapia y se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre. Hablaremos entonces de la primera para indagar un poco mas sobre el tema que nos motiva:
En sus últimos años nos encontramos con un S. Freud de la búsqueda de felicidad como el motor del espíritu, idea esta a la que adherimos sin lugar a dudas. En el fondo de la intencionalidad, el halito de vida, el anima o como quiera llamarse a esa energía que mueve al ser a vivir (en el mejor de los casos), vemos una búsqueda de bien-estar o felicidad. “El hombre elige el bien” decía un gran y discutido humanista. Eligiendo determina lo que es bueno y “elige como quisiera que todos después de el lo hicieran”.

“Cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. Ya aquí desempeña un papel determinante la constitución psíquica del individuo, aparte de las circunstancias exteriores. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos; el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que pueda medir sus fuerzas. En el segundo de estos tipos, la orientación de los intereses será determinada por la índole de su vocación y por la medida de las sublimaciones instintuales que estén a su alcance. Cualquier decisión extrema en la elección se hará sentir, exponiendo al individuo a los peligros que involucra la posible insuficiencia de toda técnica vital elegida, con exclusión de las restantes. Así como el comerciante prudente evita invertir todo su capital en una sola operación, así también la sabiduría quizá nos aconseje no hacer depender toda satisfacción de una única tendencia, pues su éxito jamás es seguro: depende del concurso de numerosos factores, y quizá de ninguno tanto como de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del placer. Quien llegue al mundo con una constitución instintual particularmente desfavorable, difícilmente hallará la felicidad en su situación ambiental, ante todo cuando se encuentre frente a tareas difíciles, a menos que haya efectuado la profunda transformación y reestructuración de sus componentes libidinales, imprescindible para todo rendimiento futuro. La última técnica de vida que le queda y que le ofrece por lo menos satisfacciones sustitutivas es la fuga a la neurosis, recurso al cual generalmente apela ya en años juveniles...”

En: EL MALESTAR EN LA CULTURA
«Sigmund Freud: Obras Completas»

Veamos ahora si es posible articular estas dos posturas en una feliz respuesta a la pregunta de si es la Felicidad un aprendizaje.

Es dable decir que para la Logoterapia, la felicidad es una consecuencia de el encontrar un sentido a la vida. Por otro lado se encuentra el aporte de la teoría Logoterapeutica de los valores, en cuya cima se encuentra lo que esta teoría llama “Valores de Actitud”, y que Frankl explica como “Libertad de Actitud”. Libertad de Actitud será aquel aspecto especificamente humano que permite ir mas allá de las circunstancias y, por así decirlo, tener la posibilidad de elegir “como pasarla”. En otras palabras: podre encontrarme arrojado en aquella situación mas allá de mi control y a pesar de todo, seré libre de definirme victima de aquellas y sufrirlas pasivamente, o bien podre poner en marcha mi esfera espiritual valorativa (H. Figueroa), verdadero organo de sentido, cual una brujula o detector de valores, y autotrascender la situación limite encontrando ese mensaje cifrado frente a mi, ahí esperándome para tomar la posta y hacerme responsable de mi mismo.

Por otro lado se encuentra la teoría del psicoanálisis, en donde se observa la búsqueda de la felicidad; es decir, la felicidad como un fin en si mismo y no como una consecuencia del logro de los fines propuestos (¿éxito?). Quizás de lo mismo para responder a la pregunta de si es o no es un aprendizaje, ya que si responsabilizándose, ya sea como fin en si mismo o como medio, se alcanza la plenitud y la paz interior, y sabiendo que la responsabilidad se enseña y se aprende, entonces, directa o indirectamente, la felicidad seria un logro de la educación.

En el soporte bibliográfico ya citado podemos leer: “... Por medio de la educación, el hombre puede desarrollar su libertad de pensamiento, de juicio, de sentimientos, de imaginación, lo cual permite realizarse como persona. El formarse en estos diversos aspectos le facilitan tomar decisiones para afrontar las diferentes circunstancias de la vida...” lo cual suena a una clara definición de ser responsable por la propia existencia. La consecuencia esperable de semejante estado de cosas seria el logro de un estado de plenitud o felicidad. Así se abre la tercer facetad e la pregunta: ¿Se puede enseñar conseguir la felicidad?
A estas alturas creo poder afirmar un categórico SI. Las dos caras del valor (responsabilidad y libertad) estan propuestos como posibles de ser logrados mediante la educación en función del cuarto de los pilares que dan inicio a este trabajo: “Aprender a Ser”.

Y entonces: ¿Cómo es posible que apareciendo la felicidad como aquello que parece hacer deseable la vida, y siendo que vivimos tiempos en los que el propuesto antagónico al concepto que perseguimos, es decir, el estado de stress como lo contrario a la felicidad, parece ser mas la norma que la desviación, no se proponga entonces un apartado especial orientado a la enseñanza para el logro de la felicidad en la educación formal obligatoria, encontrándose entonces en el centro del tapete, en su lugar, la creación de individuos responsables, libres, pero por sobre todas las cosas miembros útiles del sistema (productivista-consumista)? Vivimos un sistema que es creador de todo tipo de patologías de la perdida de la felicidad. Neurosis noógenas dira la Logoterapia, caracterizadas por la sensación de perdida del sentido de la vida; normalidad neurotica dira el psicoanálisis, como aquella forma de enajenarse en las leyes y normas que lo único que parecen hacer es dar respuesta de la indole del “¡por que si!” a la pregunta por el verdadero deseo del sujeto. Sigmund Freud habla de “El malestar en la cultura”; Aparecido en 1930 (recuerdese la crisis y la gran depresion), en este artículo Sigmund Freud plantea que la insatisfacción del hombre por la cultura se debe a que esta controla sus impulsos eróticos y agresivos, especialmente estos últimos, ya que el hombre tiene una agresividad innata que puede desintegrar la sociedad. La cultura controlará esta agresividad internalizándola bajo la forma de Superyo (organo normativizante, pero “de contra mano”) y dirigiéndola contra el yo, el que entonces puede tornarse masoquista o autodestructivo. Entonces la responsabilidad se puede volver en contra de la libertad. La cultura crearia seres tan responsables que trabajarian al borde de la adiccion al trabajo. Y notese también que el control de los impulsos agresivos es el primer paso para que cualquier aprender a ser con los demás fuera posible (“vivir juntos”; “tolerancia”) ya sea en la comunidad educativa o bien en la familia.
Por todo esto no parece ser una omisión casual la que se intenta mostrar aquí. La felicidad será aquel pago que se le pide a cambio del placer hedonista hueco implícito en lo que hoy se enseña como “éxito” tanto desde los medios masivos de comunicación como de la cultura en general que parece verse infiltrada cada vez mas fácilmente por estos (que preferiria llamar “medios masivos de información”, ya que para poder hablar de la comuinicacion le faltaria la contrapartida de la respuesta o feed-back, como propone la teoría de la comunicación (P. Waltzlavick)). Así, nuestra cultura anfetaminizada omite nada mas y nada menos que poner en juego lo mas importante, sino lo único:

· Cuando el ser humano es feliz, está en armonía consigo mismo y con los demás Oscar Wilder

· Dar la felicidad y hacer el bien, he ahí nuestra ley, nuestra ancla de salvación, nuestro faro, nuestra razón de ser. Henri-Frédéric Amiel

· El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo. Epicuro

· El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace. León Tolstoi

· He cometido el peor pecado que un hombre puede cometer: ¡no he sido feliz! J. L. Borges

· La felicidad consiste en unir el principio con el final. Pitágoras

· La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. Viktor Frankl

· La felicidad no se encuentra al final del camino, sino a lo largo de él. John F. Kennedy


CONCLUSIONES:

La eleccion del topico para el trabajo no fue para nada caprichoza; el presente es un trabajo que hace de modesto intento por entrar en un tema que a lo largo de la carrera de grado de la Licenciatura en psicología se toco, si no poco, prácticamente nunca. Creo que el tema de la felicidad es tan complejo como lo fue la angustia en su momento, y como aquella, parece haberse pasado por alto una y otra vez como a una nimiedad poco objetiva y para nada científica. No fue casual tampoco que en su 25ª conferencia de introducción al psicoanálisis, al abordar el tema de la angustia, S. Freud se halla referido a ella como “eso que todos hemos sentido alguna vez” y que sabemos entonces de que se trata, mas al cabo de unos años vimos casi toda su tarea centrada en el tema de la angustia, que desde entonces paso al primer plano de sus teorizaciónes.
Parece, insisto, suceder algo similar con el tema de la felicidad. Es un tema que se suele tocar como “de pasada”, y las mas de las veces que titula un libro, es fácil sospechar que sea uno de los llamados “de autoayuda” y no un desarrollo teórico serio. Por eso sostengo que no hay excusa para omitir el tema de la felicidad en la educación; debe encarárselo de frente, de lleno; si no es posible teorizarla, al menos abrir el lugar para la pregunta y las tentativas de respuesta. En esta epoca de crisis de los valores, de las instituciones y de ahí, crisis en cascada que carcome el sentido de todo lo humano; en esta epoca de ausencia de un espacio para el desarrollo espiritual, antes ocupado por la religión, y cada vez mas ahora convocados los consultorios (de todo tipo de profesionales) a reemplazar al confesionario, otorgar un espacio para la pregunta por la posibilidad de la felicidad, sus caminos y vericuetos seguramente ayudara a sonreír a muchísima gente.
Martillando la teoría

Si la transferencia es función de la regresión, que es una respuesta a la frustración en la realidad, esta directamente relacionada con la fantasía. Las fantasías son regresiones a “lugares” que no fueron frustrantes. ¿pero que pasa con la repetición de aquellas situaciones de frustración? Repetición, al modo del Fort-Da del nieto de Freud, es decir, un juego: un juego en el que se trata de pasar de la pasividad a la actividad en esa situación frustrante. ¿Será que la fantasía no siempre es de satisfacción? ¿Será que el juego no siempre es fantasía? Porque si queremos formalizar a la transferencia como respuesta a la situación de encuadre analítico, pensando a esta como una situación potencialmente frustrante, nuestra teorización empezaría a hacer agua si no podemos imbricar a la fantasía y al juego como dos caras de la misma moneda. Vemos que en la situación analítica no puede suceder otra cosa que la transferencia si pensamos a ésta como la forma básica de vinculación social, es decir, la repetición de clichés que tienen que ver con cómo uno se vincula habitualmente, cómo se posiciona frente a la realidad como frustrante, a ese interlocutor como desafío al aparato psíquico que ha de arreglárselas para responder de modo de “mantener todo bajo control”; aunque claro está, ésta “matriz de relación social”, que sabemos que está directamente relacionada con cómo cada quien se las arreglo para no caer en el incesto, no sufrir la realización de la amenaza y mantener las tendencias a la endogamia a ralla, todo esto, no es “igual” de un lado del encuadre y del otro. Afuera del encuadre nos define como persona y personalidad, mientras que del lado de adentro del encuadre analítico nos define según como nos las arreglemos con esa famosa frustración que se conceptualiza como falta.
Por otro lado sabemos que la fantasía es un escape a las situaciones que nos dejan en falta y que el juego como situación en la que el niño se ubica como realizando activamente aquello que sufrió pasivamente no es otra cosa que fantasía... y por mas que fuera un juego que realiza activamente lo que disfruto pasivamente, o que repite activamente lo que disfruto pasivamente, sigue siendo fantasía. Así podemos pensar a la fantasía como un juego y la situación terapéutica como un lugar de juego, de fantasías actuadas mas o menos inconcientemente. ¿Es el juego algo conciente? Ese es otro tema: ¿Está el niño conciente de su juego? Retomando, la idea es que: si la fantasía es la salida regresiva de la situación frustrante, que regresa a los lugares de fijación; que si la situación de encuadre puede ser pensada como situación de “frustración controlada” (que es otro tema a tocar); que si la transferencia puede pensarse como actuando las fantasías, de modo de producir activamente eso que se sufrió pasivamente; entonces decimos que la transferencia tiene dos aspectos: uno relacional, como “modus operandi” frente a determinadas situaciones, y otro que tiene que ver con el interlocutor hacia el cual van fantasiosamente destinadas las conductas de la transferencia. La transferencia es una conducta dirigida a un objeto de la fantasía, a un objeto frustrante en la realidad a veces, y otras a uno satisfactor. Entonces pues mi teorización hace agua. Ya que si la situación terapéutica es frustrante, la transferencia no debería estar relacionada con situaciones de satisfacción. A menos que uno pensara que esas situaciones de satisfacción fueron los destinos de la actividad fantaseadora realizada en esa otra situación tan frustrante como la del encuadre, u de la que pena el analizante en cuestión. Por acá anda la cosa!...
(The truth is rarely pure and never simple) Joyce.

“Estoy Muerta en Vida” (introducción):

El presente trabajo es un intento. Y aunque parezca un tanto desorientadora la forma en la que introduzco lo que sigue, la verdad es que no se me ocurre aún cómo presentarlo formalmente; veremos si a lo largo del presente desarrollo o al menos al final, en el mejor de los casos, consigo redondearlo como una tentativa por demostrar cómo tres conceptos de la psicología convergen en tres funciones de un mismo mecanismo. El disparador de esta idea lo encontramos en el caso clínico desarrollado por la Licenciada Marta Liberman, docente del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Kennedy Argentina, en el contexto de una serie de ateneos relativos a la asignatura “Psicología Clínica”; el mencionado historial lleva el nombre “Catalina, una reina sin trono” y consiste en una introducción que presenta a la paciente, derivada por un psiquiatra luego de la tercera de sus internaciones debidas a sus “ataques de furia”, el extracto de entrevistas, análisis de las mismas, síntesis del cierre del trabajo y una serie de reflexiones sobre lo que se da en llamar “Patologías Narcisistas”, que es justamente el diagnostico asignado al mencionado caso.
Del mismo rescataré un dato de la pre-historia de la paciente, otro de su infancia, un dato de la historia, anterior a la entrada en el mencionado análisis, y un suceso ya en transferencia, pero fuera de lo que se denominaría oficialmente “encuadre”, elegidos con el fin de articular estos tres conceptos: fantasía, juego y transferencia, siempre enmarcado en la doctrina psicoanalítica.

El primero de los datos es referido a la infancia de la madre de Catalina: Su padre, el abuelo de Catalina, la acompañaba cada mañana hasta el paso a nivel donde ella cruzaba para ir al colegio.
El segundo, el de la infancia de Catalina: Su madre tira su muñeca preferida, con la que jugaba sola, ya que no le era permitido jugar acompañada de otros niños.
El tercero: La madre de Catalina “se tira” bajo el tren, en el lugar donde niña cruzaba vigilada por su padre; lo mas significativo: lo hace luego de llamar por teléfono a su hija y “avisarle” que iba a suicidarse ya que “no podía seguir viéndola así”, aviso éste que no preocupó a la paciente como una amenaza verosímil.
El cuarto y último, y el que marca cual un mojón, el final de una “etapa” en la psicoterapia de Catalina caracterizada por la agresividad y rebeldía en el vinculo con su terapeuta y la entrada en otra en la cual el vinculo giró hacia la moderación y un más profundo trabajo en el análisis: Catalina llama por teléfono a su psicoanalista “avisándole” que iba a arrojarse frente al paso del tren.

Propongo pensar la transferencia como la respuesta del aparato psíquico a una situación de frustración controlada: “El Encuadre” psicoanalítico; el punto de partida del método psicoanalítico. Por el mismo entendemos la fijación de las siguientes variables: ubicación espacio-temporal; naturaleza del vinculo como “intercambio” (dinero del analizante por trabajo del terapeuta) y reglamentación del vinculo (regla fundamental para el analizante y el analista: asociación libre y atención parejamente flotante).
He de explayarme primero sobre (desarrollo):

· ¿En qué consiste la frustración a la que se somete al aparato psíquico a partir del encuadre?
· ¿Por qué propongo a la fantasía y al juego en analogía con la transferencia?

A partir de aquí me limitare a trabajar con lo que sucede, al menos, fuera del diagnostico de franca psicosis, ya que en dicho caso el encuadre propuesto por el autor que me guía (S. Freud) en la lista de lecturas trabajadas en las clases de psicología clínica, sobre todo en los “Consejos al médico...”, no sería el más propicio o suficiente; pero eso es otro tema y excede la tarea a la que me avoco aquí.

(Y dice:) La pregunta que subyace al primer punto propuesto es: ¿Por qué el aparato psíquico de un analizante reacciona al encuadre con una transferencia? Sabemos que la transferencia, ya sea esta positiva y moderada, erótica y al servicio de la resistencia u hostil, no es otra cosa que la reactualización de una dinámica vincular relacionada con la historia vital del analizante, allí y entonces dirigida a un objeto libidinal representado por una persona significativa del sujeto en cuestión, aquí y ahora aplicada como si un “cliché” en la que el analista es un subrogado de aquel objeto mencionado. Sabemos que actúa aquello que no se ha de recordar (contenido reprimido). Sabemos que es un recurso invalorable para poder avanzar en el trabajo de análisis, ya que revela las dinámicas inherentes a como el analizante discurrió por la conflictiva edípica, complejo nuclear y decisivo de todo el funcionamiento post-edípico del aparato. Se infiere que implica una regresión, y las regresiones son a puntos de fijación de la libido, ya sea por exceso o defecto en la libidinizacion y entonces, a momentos altamente significativos en la vida de la persona. También se desprende que una regresión corresponde a una frustración en la vida pulsional. Ahora bien: esto nos deja con que la dinámica vincular es una respuesta a la frustración y que, afuera del encuadre nos define como persona y personalidad, mientras que del lado de adentro del encuadre analítico nos define según como nos las arreglemos con esa famosa frustración (que se conceptualizará como falta). Esto suena inmediatamente a la definición de fantasía, como respuesta regresiva a la frustración, desarrollo que demoraremos un poco más. Demorada esta también la pregunta inicial de este párrafo ¿Qué es exactamente lo frustrante del encuadre? Y bien, es exactamente lo mismo que hace que la misma dinámica vincular afuera del encuadre de lugar a la personalidad: “La Pasión Inútil” como lo formalizó Jean Paúl Saertre: la intersubjetividad es frustrante. Pensemos en el prototipo de toda relación interpersonal posible: la relación del niño con su madre. Las teorizaciónes Freudianas (por ejemplo en el punto B “La regresión” de su obra mas difundida, tal vez debido al sugerente titulo que lleva, y que hace pensar que uno descubrirá el oráculo onírico con solo leerlo: “La interpretación de los sueños” [1900]) piensan el origen de la actividad fantaseadora en la insatisfacción de la cría humana, como respuesta a la misma o como un intento de “postergar la descarga” interponiendo la evocación de la huella de satisfacción. La insatisfacción esta desde el origen. Ya un polémico Otto Rank llegó a pensar en “el trauma de nacimiento” -origen de toda intersubjetividad posible aquí- no del todo bien aceptado por la comunidad psicoanalítica.

Y Catalina, con su dinámica narcisista se frustra con la no respuesta a la demanda de su psicoanalista: su psicoanalista no es igual a ella (¡por suerte!), no se queda en ese lugar especular en que la transferencia intenta ubicarla... ¿Pero no afirmábamos (siguiendo a Freud) que la transferencia es “al lugar” de una persona significativa del pasado del paciente? Veamos mas detenidamente: En el narcisismo, el objeto libidinal es el propio yo de la persona. Entonces es coherente pensar que la regresión implícita en la transferencia, al volver al dicho punto de fijación pre-edípico, re-actualice su propia investidura libidinal y la dirija a la psicoanalista, así subrogado de su propio yo. Pero: ¿Quién es inconcientemente Catalina en el momento del llamado de aviso de suicidio sino su propia madre llamando a su hija con el mismo fin, diciéndole que estaba a punto de “tirarse” bajo el tren, como quien “tira” una muñeca a la basura (la preferida, quizás la misma que intento cortarse Catalina el día de su casamiento)? Y la habilidad de la psicoanalista fue la que esta vez consiguió romper el hechizo mortal, corriéndose una vez más de la transferencia narcisista. Aquí introduciré la tercera de las analogías que en este trabajo propongo: si podemos afirmar que mas allá de lo irregular del mismo, un llamado al analista es alguna forma de encuadre y por tanto, el llamado una manifestación transferencial; ahora propongo que, mas que una transferencia como respuesta a la frustración inherente a un encuadre, es este llamado, un intento de apropiarse de alguna manera, de una situación que Catalina tuvo que sufrir pasivamente, ubicándose así como actor activo (valga la redundancia) y sometiendo a un partenaire a lo que ella antes tuvo que sufrir: Léase “Un Juego”. Un juego análogo al que el Dr. Freud describe en un niño de un año y que se conoce como “El juego del Fort-Da”. Un intento de simbolización. Un peligroso intento de apropiarse de aquello tan significativo, pues reunía las condiciones que la teoría indica como eficientes para la formación patógena: las series complementarias. La de la prehistoria y la primera citada en este trabajo se articula muy bien con la segunda cita: El abuelo de Catalina cuidaba a su hija como se cuida a la muñeca preferida (que la madre tira). Los dos eventos articulados en una serie se resignifican posiblemente con el tercero: Su madre, quien en algún momento fue atesorada como una muñeca, se tira (previo aviso)... El resultado, como si de una ecuación o un silogismo, ella se va a tirar en el mismo lugar que su madre lo hizo (su madre quien hubo sugerido un suicidio en tandem alguna vez a la salida de una terapia fallida. Las muñecas falladas han de tirarse. No se las puede seguir viendo así.
Por artilugio del destino, Catalina subrogado madre tuvo en suerte llamar a la persona menos indicada para aceptarse como subrogado de la Catalina hija, y fue gracias a ello que esta vez el hechizo se rompió: esta vez Catalina es el héroe: el espejo le devuelve una imagen mejorada. La transferencia deja de ser especular y hostil (narcisista). Se instala la posibilidad de la transferencia como fantasía. Y sin más demora, por tal podemos pensar a la transferencia como escape de la situación de encuadre, ya en el marco de la posibilidad simbólica, a los “lugares” que en su momento fueron de “completud autoerótica” y así, refugio de la famosa incompletud llamada “falta”, o bien, repeticiones de las ocasiones en las que la historia del sujeto puso a este frente a frente con la incompletud (lo cual viene a ser lo mismo ya que podemos inferir que entonces la respuesta a la falta fue la fantasía autoerótica). Serán las ocasiones en que la transferencia sea aquella que deposita sobre el analista las dinámicas inherentes a la relación del analizante con personas significativas de su historia (historicidad) y ya no una mera relación de especularidad. Esto daría cuenta de por qué Catalina cambia su disposición hacia su analista luego de aquel evento en el que se centra este trabajo, entrando en la verdadera producción (reproducción) del análisis.

Cuales Son Las Ventajas de Poder Pensar La Transferencia como Fantasía y/o - Juego? (conclusión)

Yo creo en verdad que no es ambiciosa la afirmación implícita en la pregunta: debería tener sus ventajas. Pensemos que sin estas conjeturas, ubicar en este historial las dinámicas transferenciales en términos vinculares se hace algo confuso. ¿A qué lugar?; ¿A quién “representa” inconscientemente la psicoanalista para Catalina en la escena del “aviso”? Porque pensar quien es inconscientemente Catalina es fácil, sino obvio: su propia madre; pero ¿En que texto encontramos en Freud una transferencia tal que el paciente “proyecte” sobre el analista sus contenidos reprimidos si no es por ejemplo en los que trata precisamente de la proyección en los mecanismos paranoicos por ejemplo? Lo mismo, notamos inmediatamente que no se trata precisamente de contenidos “desconocidos” para la paciente, en este caso. Podríamos únicamente sospechar que sí lo hubieran sido hasta después de atravesada esta situación (aunque sabemos que la eficiencia del material inconsciente no implica una amnesia permanente, sino que es suficiente con que en el momento de la repetición implícita en la transferencia -o fantasía, o juego, ahora podríamos decir- este “recuerdo” permanezca “olvidado”). Igualmente nos dejaría en una especie de remanso teórico el hecho de que no se tratara tampoco aquí de una situación persecutoria, celotípica, erotomaníaca; quizás un tanto megalomaníaca, mas tampoco encaja en la teorización de la situación transferencial aquí en discusión. Pero al pensar en esta transferencia “narcisista”, que apenas algo tiene que ver con el narcisismo de la melancolía que piensa nuestro maestro (“Duelo y Melancolía” obras completas), ya que ahí nos cuenta cómo “...La sombra del objeto [dañado, perdido] ha caído sobre el yo...”, dando origen a la culpa y al dolor moral, que por supuesto aquí no encontramos, obligamos así a la realidad clínica a “amoldarse” a un concepto de la transferencia para nada ortodoxo, cuando es más simple y claro pensándolo como lo piensa Freud al teorizar sobre “el juego del doctor” de los niños, que “aplican inyecciones” a sus partenaires, las mismas inyecciones que hubieron de sufrir un rato antes ellos mismos en manos del verdadero doctor. Al fin y al cavo, si estamos pensando en la regresión de las patologías narcisistas, y si sabemos que las regresiones pueden ser tópicas, temporales y/o formales, y que pueden hacer resurgir “patrones de conducta” inherentes a periodos evolutivos teóricamente ya superados, con sus correspondientes puntos de fijación, objetos particulares, mecanismos de defensa, etc., entonces no veo por que no se puede pensar que el juego, como un modo de apropiarse de la realidad, inherente a un momento temprano en la formación del yo, vuelva convocado por esta regresión inherente al narcisismo de la que venimos hablando.

Winnicot Y El Espacio Transicional:

No me voy a extender mucho sobre los matices que D. Winnicot aplica al psicoanálisis, ni tampoco establecer una critica ni una defensa. Aquí solo intentaré señalar una analogía que creo interesante. Rápidamente notamos que la propuesta que este trabajo defiende parece bastante acorde a las teorizaciónes del enfoque de este autor ingles que escribió sobre “Realidad y Juego”. El espacio transiscional, el circulo mágico, el encuadre son diferentes nombres para un mismo lugar: aquel que no esta ni adentro ni afuera, que no es ni sujeto ni objeto; ese lugar donde se construye poco a poco la realidad a través del juego y del contacto con los objetos, transiscionales al principio, y poco a poco totales y exteriores. Y proponemos así que lo que Catalina hizo cuando realizo ese llamado fue construir una realidad que aun no estaba en sus manos: su madre había muerto y ella no era su madre. “La Muñeca” esta vez estaba en manos del analista que tuvo la suficiente como para cambiar un destino que parecía venir ejecutándose ininterrumpidamente por varias generaciones. Nuevamente como si un rayo una idea cruza mi mente: lo que hizo Catalina fue intentar cerrar una Gestalt abierta; o no: quizás fue victima del “Secreto” familiar, tal como lo propone Pichón Riviere; o quizás fue condicionada por una creencia disfuncional o de reglas muy rígidas en el sistema familiar; aunque está muy claro que padecía de una importante falta de “Sentido”, característico de las patologías “noógenas” que estudia Frankl, justamente a partir de su trabajo con los suicidios de jóvenes estudiantes... and so on.

LA CLÍNICA ES SOBERANA (conclusión “PD”). Nunca hemos de olvidar eso en nuestra practica futura, ni tampoco ignorar la facilidad con la que un caso es “amoldable” a casi cada una de las teorizaciónes existentes. Por eso creo que siempre será preferible ver cual es la explicación mas simple, antes de sentarse a construir una explicación sustentable y solidaria al modelo con el que “simpatizamos”: La elección de una teoría científica u otra es un acto fiduciario equiparable al de la creencia religiosa, y aquí también lo único importante es elegir el camino del bien, de la ética y de la moral.











INDICE:


001 (INTRODUCCIÓN) “ESTOY MUERTA EN VIDA”

002 (DESARROLLO) HE DE EXPLAYARME PRIMERO SOBRE

004 (CONCLUSIÓN) CUALES SON LAS VENTAJAS DE PODER PENSAR LA TRANSFERENCIA COMO-FANTASÍA Y/O JUEGO?
005 WINNICOT Y EL ESPACIO TRANSICIONAL

005 (CONCLUSIÓN “PD”) LA CLÍNICA ES SOBERANA









BILIOGRAFIA:


· FREUD, S. “Sobre la transposición de la pulsion, en particular del erotismo anal (1917)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XVII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 118-119.
· FREUD, S. “El sepultamiento del complejo de Edipo (1924)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XIX Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 181.
· FREUD, S. “Más allá del principio de placer Cap. 2 (1920)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XVIII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 16.
· FREUD, S. “Sobre la dinámica de la transferencia (1912)” en FREUD, S (ed.) SIGMUND FREUD OBRAS COMPLETAS Vol. XII Buenos Aires, Argentina, Amorrortu Editores, 2da edición 1986, Pag. 105.
El error en el sistema (causa del malestar en la cultura)

El sistema está estructurado como el inconsciente. Éste, como un lenguaje. Como toda estructura, su condición es el elemento que queda por fuera. Aquello que hace de lo homogéneo, heterogeneidad; de lo igual, lo distinto; allí la posibilidad de la identidad. "La falta". El principio y el fin de todo esto que llamamos vida. Y es posible llamarla gracias a este lenguaje, a nuestra cultura, resultado de nuestros esfuerzos de convivir con eso otro que es lo inconsciente.

Acá cabe una larga disertación sobre cada uno de los conceptos psicoanalíticos y no tanto, mencionados: Inconsciente, lenguaje, estructura, la falta, el falo, el goce (ya iban a surgir luego), cultura, etc…

Bien y mal. Lo distinto. La eterna y, yo afirmo, falaz dicotomía. En un mundo así determinado, nacemos "arrojados" como dicen los existencialistas, sugiriendo la sensación de aquello soltado a su suerte en un pozo que viene a ser este mundo. Somos arrojados al contrato social, a la cultura con malestar garantizado, a la estructura con su intrínseca "falta" de un elemento que queda por fuera; ese agujero en el ser de la sociedad. Eso que todos-quieren-tener. La causa del "deseo". Deseo es deseo de tener. Una verdad de perogrullo. Y tener es siempre una ficción. No hay ente capaz de obturar el agujero dejado por la falta. Pero…

Este sistema… ayayay! Este sistema vivaracho. Hemos construido un sistema que, como la cultura (al caso, como toda creación, ES cultura) no es otra cosa que el intento de lidiar con "la falta", con el deseo. Un sistema que promete la panacea a la herida dejada por ese bendito loquesea que nos falta. Mejor dicho: es evidente que arrojados a este sistema, cultura, lenguaje, somos entrenados en la convicción de incompletud. Vamos por lo fácil: "hay que tener", "hay que consumir". Y mirá vos! Si tenés la "fortuna" de acceder a tener… eso no será sin consecuencias. Así como la existencia del falo en el aparato psíquico como un elemento subsidiario (ahí llegó) es acompañada con la angustia, dado el peligro, la posiblidad de perderlo; es decir, angustia es el precio pagado por tenerlo; del mismo modo, en cuanto le ponemos la garra a lo que nuestra fortuna así lo permita, zas! Si. Todo tiene un costo. El impuesto. El gravamen. El principio que hace posible al sistema. Lo que sustenta el estado de "garantías". GARANTÍAS MIS POLAINAS! Las garantías; la gran mentira. Claro: el deseo es el de poseer eso; lo que sea. Y la posesión parece ser el otro extremo del peligro de pérdida, ya sea por robo, accidente, desastre natural, o invasión extraterrestre. Y claro! Síntomas. Rituales. Sueños. Ladrones…

Gracias a Jebus, está la ley. LA LEY. Las leyes. El arma. El síntoma. El rito. Así como todo síntoma, las leyes son el intento de lidiar con la nefasta posibilidad de perder eso que venga al caso, que no es otra cosa sino el falo, objeto que por fin logrará obturar la rajadura por la que se va la vida. Ahí lo tenés. Lo que una vez fue una conducta exitosa, ahora es una ley. Y claro! La ley dice, te va a garantizar la propiedad… PERO… Pero también dice, si no pagas a cambio, perdés la garantía. Te deja afuera de los derechos.

A ver? Repasemos. Un derecho de donde carajo sale? Hasta ahora teníamos el falo. Lo querías. Lo tenias. Era lo único que importaba. Era el único valor. Y parece ser que tener un valor implica una serie de responsabilidades (pagar) y que cumplidas las mismas tengo garantizado el derecho. Es decir: todo valor implica un derecho y una responsabilidad. Perdido cualquiera de los dos, no hay valor. Si no cumplo con mi responsabilidad, la ley (que es algo así como la forma concreta en la que un valor se inserta en el sistema, en la cultura, en el lenguaje) me quita el derecho. Pero… y que si yo renuncio al derecho al cual la ley garantiza? Qué si me cago en la sociedad de derechos garantizados y me valgo de mi mismo para procurarme el bien, el valor? Claro… estoy faltando a mis responsabilidades; pero momentito, porque eso, a-mi-qué-me-importa. Le importa quien se cree lo de las garantías. Si al fin y al cabo, sin derechos no hay responsabilidades ni valor. No los hay fuera de la ley. Yo tengo lo que quiero.

Ahí el origen del miedo. Eso que oprime el pecho de los sujetos. El gran vendedor de seguros, alarmas, rejas, trampas todas. Jesús si que sabía lo que decía: deja tus cosas y ve al desierto.

El caso es este: no hay libertad real en este sistema. Es cierto eso que se dice. Estamos encerrados. Y la respuesta es simple: la única verdadera libertad está por fuera del sistema. Y ahí lo tenés: in your face! Lo que esta por fuera del sistema es… dale que ya lo tenés que haber sacado… EL FALO. Ese maldito elemento sin nombre. Libertad. Y vamos por más! El malestar en la cultura es claramente la falta de libertad. Y es la libertad aquello en desmedro a medida que la cultura crece, y junto con ella, el sistema, el lenguaje, el inconsciente. El goce, de ahora en mas, será goce de libertad. Y estas preparado? Quien es el único capaz de hacer condescender el deseo al goce? El amor! Si. Esa maldita palabra sin sentido. Libertad y amor, son lo mismo. No por nada, el amor se hace en privado. Es el ultimo bastión para gozar de la libertad. A puertas cerradas. En secreto. En esa especie de burbuja la cual no nos separa de otra cosa sino, del sistema (a menos que pagues por él; bah! Si pagas, no hay ni amor ni libertad, tontito).

Y qué es ser libre? En una primera mirada, como lo es con el amor, parece ser la capacidad de hacer uso de la propia energía, sin que ello implique costo alguno. Energía es, de Freud en adelante, energía sexual; libido. Lo que mueve la carne. Momentito! No solo de libido se nutre la acción! Por mucha libido, si no hay glucosa en los músculos, si falta el agua y ciertos minerales; resumiendo: sin carbohidratos ni agua, no hay persona que se mueva, ni que exista: ya que no somos otra cosa qué un mejunje de carbono encadenado de mil maneras con otras porquerías, en una solución densa de agua (unos 700 cc de ella por kilo vivo). Entonces, para que haya conducta hacen falta libido y gracias a ella y para que ella sea posible, comidita y agua. Un amigo me dijo una vez: somos adictos al petróleo... me hizo pensar. El petróleo no es otra cosa que la decantación de la vida sobre la tierra. Estamos destinados a ser esa cosa tan maaalaaaa. Y mira que si no fuera por ella, no andaríamos tan vivarachos. Y aunque me fui un poco del tema, me pareció gracioso pensar cómo, si la libertad y el amor es el gozar de la propia energía, sin costos, no se me hace nada casual lo esclavos que somos de los productores de alimentos, bienes y servicios, entre ellos, las fuentes de energía de las que hablamos, producto de una libido que decidió lucrar de eso.

La respuesta es simple: solo habrá libertad y amor, por fuera del sistema. Por ahí en alguna isla del pacifico, tan inmenso. Donde uno pueda procurarse una fuente de alimento, energía y agua dulce, sin ningún gil esperando algo a cambio. Y si quieren quitarme mi comida, los mato a palos… qué ley, ni ley!

La autarquía es la única respuesta. La ley es un error en el sistema, ya que es la mentira mas grande: la mentira de la garantía. Lo único garantizado por ella es la angustia a la hora de saber que solo estarás libre de obligaciones si no tenés NADA. Claro! Cómo no va a ser la niñez la época mas feliz de la vida (no entendamos solo felicidad budista zen). No es la muerte del deseo. Es la ausencia de responsabilidades. Es la vida gratis. LA VIDA ES GRATIS. Y el error en el sistema es ponerle precio. Y el error, como todo error, no es otra cosa que la manera en la que lo real se manifiesta en el universo de la realidad. Y como tal, se lo trata. Así como antes de Copérnico, había que hacer inmensos cálculos para compensar el "error" en el que incursionaban los cuerpos celestes a través del espacio, manejamos el "error" de nuestro sistema social a fuerza de complicadas leyes las cuales obligan a los planetas a moverse alrededor de la tierra. La realidad debe incorporar lo real del error. La vida es gratis. No hay nada como ese contrato social. Nadie lo firma. No veo ningún perro, ninguna lechuza, angustiada por no llegar a fin de mes.

Después de semejante disertación resulta fácil darse cuenta el motivo del efecto terapéutico de la psicoterapia bien entendida. Es la suspensión de la normativa social. La libertad. La caída del significante; así quitamos el envoltorio de identificaciones del sujeto. El ser a cielo abierto es feliz.



El bien y el mal es un concepto con sentido practico. El frenesí violento es al estupor místico un equivalente, donde uno redime al otro en cada caso de la legalidad a la que se somete. Sin una legalidad, un borde mas o menos desdibujado entre esta ilusión de alternativas, solo hay pasión y sensualidad (las dos caras de la moneda). Este ordenamiento falaz en su raíz cumple una función insólita, que es la de interrumpir el acceso a la verdad, es decir, fundando la posibilidad de la mentira e instrumentando ésta como la principal herramienta de la cultura.

Cultura es entonces un rodeo, como ya se dijo hace rato; pero es un rodeo que evita en su camino conectarse con aquella verdad de la que también se hablo con el nombre de agresividad inherente a la inhermidad en la que esta abandonado el ser autoconciente.

Es así que la palabra sujeto, sujetado al verbo, muestra un perfil que viene a ser el árbol que oculta el bosque. Podría uno lo mismo hablar de contenido, detenido, interrumpido, impedido, pero lo verdaderamente insólito es el hecho de que todas estas palabras que implican dos partes, muestran su apoyo en la paradoja de que no hay nadie que te sujete en el mundo, donde fundar la dicotomía ilusoria que da origen a la posibilidad de la palabra.

Es así que se desprende que hablar es mentir, y que la voluntad esta irreconciliablemente separada de la conducta: van por dos caminos diferentes. Un sueño que alucina el objeto del deseo será siempre un sueño perverso o inclusive, psicopático, siendo éstos dos de los términos que se dejan para lo último de la psicopatología, pues parece que son dos modalidades de decir alguna forma de verdad.

A la psicología humana le lleva años explicar como goce y placer se van separando dando lugar a la angustia, que como también ya se intuyo, siempre es angustia frente a la verdad intuida.
El loco siempre dice la verdad, y no se angustia al mismo modo que el cuerdo. Es dueño de una certeza irreductible: la verdad verdadera; la real realidad. Su pensamiento es gradualmente mas confuso a medida que se aproxima al núcleo de su delirio, su verdad fundante, su descubrimiento del que tan difícil es hablar; tanto es así, que no hay palabra para nombrarlo: hay que inventar un lenguaje nuevo que sí lo pueda explicar.

Hemos construido un compendio de sicopatología para nomenclar la forma de enfrentarse a la verdad de que no hay verdad pronunciable en este mundo. La realidad es que (y que Dios me perdone!) el pecado no es comer de la manzana, sino creerse que la víbora habló (zzzzz!).

Es lógico que mas allá de toda buena acción, amor incondicional, altruismo sublimatorio, hay un ser que lo único que espera es que no lo descubran como el ente detestable, que no puede explicar su deseo mas cierto, que esta en cada caso relacionado con aquello mas censurable, avergonzante o humillante y que también es en verdad éste intento de redimir al otro de su compulsión a vivir en la mentira, como una forma de desenmascarar la cultura y mostrar ese rostro con ojos lascivos, que transparentan el egoísmo, el hedonismo, la perversidad y todo lo que se agrupa como aberración aborrecible. Los mas grandes amadores de la humanidad son los que mas cerca de la verdad andan en el mundo onírico: serán los actores en escenas de orgías apasionadas, masacres inexplicables, corrupción de todo lo bello e inocente. La mencionada paradoja está en que, al irse alejando gradualmente de la verdad, la cultura abre la posibilidad de estas patologías que de lo único que penan es de animalidad, vitalidad, ingenuidad.

Es pensable que viviendo de un modo mas animal, que es decir, sin grados del bien y el mal, el resultado seria una humanidad más sana y homogénea. La angustia, como ese termino intermedio, desaparecería y se repartiría entre sus medidas polares: el miedo y la felicidad. El miedo a morir y la felicidad de estar aun con vida. Así mismo se perdería la culpa y el deseo (flor de pareja!) y con ellos, toda necesidad de hablar, o de mentir, que viene a ser lo mismo. El ser humano se pondría en movimiento y con las manos en la obra, y nadie con quien compartirla; la vida seria el camino de la búsqueda de aquel ser que mejor encaje en el plan de vida; el dialogo seria nuevamente solo de a dos, pero sin palabras. La acción dejaría de ser agresividad y pasaría a llamarse hambre o sed.

Pero mas allá de cualquier utopía, el ejercicio mas interesante seria pensar un poco más como sería concretamente una vida humana con lenguaje, en sociedad, con cultura, pero sin leyes. Porque, retomando la idea de ilusión de alternativas, parece ser que llevamos años entrampados en que hay que pensar en “ley o muerte”. Posiblemente se pueda pensar que el origen de la confusión es pensar que una ley es una teoría, mas que una practica; y también que es una constante mas que una casualidad oportuna.

El bien deja de ser bueno en el mismo instante en el que se convierte en ley, en norma a cumplir, como se la entiende en esta cultura. Pasa de ser un éxito a ser una obligación. Entonces, todo logro personal se pierde en la medida que se convierte en una meta a cumplir. Así, cada obstáculo de la vida humana pasa de ser un dilema a ser una asignatura (pendiente). El presente se pierde en el momento en el que caprichosamente nos consideramos profetas. El camino pasa a segundo plano, reemplazado por el destino, y así sucesivamente…

Tengo un cuento: una historia de un “grupo” de hombres armados que van por el mundo redimiendo “grupos” de idiotas en un frenesí de sangre. Se autoproclaman “Los maestros”, y conviven con un sentido de complicidad que llega al extremo de la telepatía, ya que en sus salidas furtivas se comunican con la mirada, por lo que se vuelven invisibles e imprevisibles. Son un espíritu en comunión (comunicados). A su llegada no hacen pregunta alguna; simplemente abren fuego sin explicación, al tiempo que expresan el jubilo que experimentan en su accionar. No hay serialidad en sus acciones, aparte del hecho de eliminar la idiotez del mundo. Son algo así como un superhéroe grupal, admirado y temido a la vez (ya que nadie quiere pensar si acaso es un idiota y así, miembro del grupo de riesgo).